Sociedad

Mi abuelo predijo el terremoto

Maira Escobar trae el recuerdo vago, perdido en una vieja edición de El Universal, de la advertencia que hizo su abuelo el radiestesista Emiliano Escobar Áñez del gran sismo que afectaría a la capital el 29 de julio de 1967

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EDMUNDO PÉREZ / ARCHIVO EL NACIONAL

Por MAIRA ESCOBAR

Mi abuelo advirtió pocos días antes del 29 de julio, que sucedería este terremoto, en la propia redacción de El Universal. Él era doctor en Ciencias Políticas (UCV,1928) y radiestesista, el larense Emiliano Escobar Áñez. Recuerdo que de adolescente en mi casa guardaban la página de un diario El Universal de la época, donde publicaron la carta que mi abuelo llevó, pidiendo que se advirtiera de este fenómeno que ocurriría en pocos días y del que advirtió donde sería el epicentro. El Universal publicó la carta después de sucedido el desastre, reconociendo lo preciso de la información dada por mi abuelo. En una publicación hecha por Alfredo Schael, en el portal del Museo de Transporte, hace referencia a esto. En el libro Caracas cuatricentenaria también está publicada dicha carta. Lamentablemente perdí el diario. Y no he podido conseguir el libro. Ojalá algún día pueda conseguirlo en los registros de la Biblioteca Nacional. A continuación copio la referencia de Schael:

“1. Nadie me entiende cuando como residente del municipio Chacao me quejo de que en paralelo con informaciones sobre el apoyo de tecnócratas y especialistas japoneses en cuestiones preventivas y rescate ante el riesgo sísmico, las autoridades del municipio se hacen de la vista gorda. Desde siempre, cuando montan pisos adicionales o se le añaden pegostes a las partes altas de edificaciones cuya estructura fue ejecutada bajo cálculos ante los cuales se insubordina el afán de lucro, la viveza del venezolano, la irresponsabilidad del gobierno local… Nada logra variar la conducta de los responsables, ni los infractores adquieren conciencia de que algún día podrían ser objeto de acusaciones sopesadas, ser juzgados y encerrados en lugares infernales como El Rodeo puede ser poco. Decenas de personas podrían morir aplastadas ante el derrumbe de tales añadidos, anclados por soldaduras, a la caída de la ranchificación de las platabandas o la aparición de piscinas en los techos postizos. De los pisos agregados a las torres de oficinas o residenciales frente a las grandes avenidas o calles de Chacao, una extensa zona catalogada como de alto riesgo sísmico. Lo advierte la historia de las sacudidas al Valle de Caracas.

Ángel Mancera Galleti, antiguo gerente de la Bolsa de Caracas, era nuestro anfitrión más constante en la Mansión Charaima. Cinéfilo como era don Ángel, periodista, fino caballero, generoso cual más, entendido en cuestiones de valores, honesto y buen observador, también los sábados eludía perderse la película proyectada sobre pantalla ubicada en uno de los costados del edificio vacacional situado frente a la laguna de Caraballeda. Digo también, pues Mancera salía cada tarde de su trabajo en el edificio del Banco Mercantil en la esquina de San Francisco e iba directo a alguna de las salas de cine del centro o del este. Era su rutina al volver a su casa en la calle Negrín, en La Florida. Antes de pasar al comedor, los sábados en la Mansión Charaima, veíamos juntos la película. Imposible alterar aquella fórmula de pasar las horas. Nos enriquecía a todos. Por algún motivo que desconozco, doña Blanca y Ángel no estaban en Charaima y claro que tampoco viendo la película, cuando la sacudida de la tierra encrespó el oleaje poco después de las ocho de la noche del sábado 29 de julio de 1967, marcó de muerte, sangre y dolor el espacio donde inocentes de riesgos, tantas veces nos sentamos a disfrutar del cine ofrecido por el club de propietarios de la Mansión Charaima. Parte de los tres últimos pisos del edificio, cayeron en las cabezas y cuerpos de una desprevenida audiencia mixta”.

Para leer el texto de Alfredo Schael completo puede ingresar al siguiente link: