Sociedad

1.500 personas duermen en las calles de San Antonio para llegar a Cúcuta

Por servicios de carretilla cobran poco más del sueldo mínimo de 2,6 semanas de trabajo en Venezuela

Migración

La permanencia de ciudadanos procedentes de todas partes del país en la localidad fronteriza de San Antonio del Táchira para pasar a Colombia se ha convertido en un problema de crisis humanitaria y de salubridad para el municipio.

Propietarios de los establecimientos comerciales a diario deben pedir a las personas que se retiren de las puertas que han servido de lugar de pernocta, para poder bajar las santamarías; en algunas zonas deben lavar las aceras que son utilizadas como baños públicos o comedores.

“Más de 1.500 personas están durmiendo todos los días en nuestras calles. Han convertido al municipio en una letrina muy grande, incontrolable. Le pedimos al gobierno nacional que actúe al respecto. San Antonio está a punto de ser declarado en emergencia sanitaria y la situación es peligrosa por la contaminación”, dijo Ramón Vivas, habitante de la frontera y comerciante.

Comentó que en la cuadra donde vive había 15 personas pernoctando y cerca de la residencia tiene un establecimiento comercial. “El almacén tiene dos puertas y una de ellas no la puedo abrir por la cantidad de excremento que amanece todos los días, entonces toca lavar y lavar. También duermen en las quebradas donde echan los desechos y caen las cloacas, allí se asean”, agregó.

Situación similar ocurre en el municipio Bolívar y Pedro María Ureña. Carlos Chacón, concejal del municipio Bolívar, dijo que los espacios públicos también sirven de cobijo a los migrantes que buscan comprar comida y medicinas que no hay en Venezuela. “Lo delicado del caso es que para ahorrar y no pagar hospedaje, están guindando hamacas en las plazas, a pocos metros de la GNB, que en vez de ayudar a buscar una solución, los matraqueam”, narró Chacón.

InformalidadBuena parte de estos venezolanos que logran pasar a Cúcuta también buscan oportunidades económicas para asistir a sus familiares que se quedan en el país. Se dedican a actividades informales como, por ejemplo, la venta de productos nacionales que ofrecen puerta a puerta en sectores residenciales de la localidad de Cúcuta, y además realizan servicios como carretilleros, limpia vidrios y malabaristas en los semáforos.

En La Parada, sector nortesantandereano junto al puente internacional Simón Bolívar, abundan los carretilleros que ayudar a las personas a pasar la estructura con sus maletas o bolsas. “Mi pana, le llevo todo por 5.000 pesos”, oferta uno de ellos. Es el precio del servicio desde La Parada (Colombia) hasta San Antonio (Venezuela), de 450 metros, que equivale a 71.428 bolívares al cambio de la moneda en los últimos 5 días. Con 3 servicios en su carretilla hecha de cabilla, el hombre hace poco más del sueldo mínimo correspondiente a 2 semanas. En los semáforos, limpiar un vidrio cuesta 500 pesos, es decir, 7.142 bolívares.

En una de las alcabalas, de las 5 que hay en los 28 kilómetros existentes entre Capacho Libertad y San Antonio, los militares hacen bajar a los viajeros para revisar sus bolsos, maletas y carteras. “¿Qué lleva ahí?”, preguntó el agente a una mujer que tenía una maleta vacía. “Las mascotas de Ledezma”, respondió ella con cansancio. El militar le exigió respeto y ella le informó que llevaba la maleta para meter la comida que compraría porque en San Cristóbal no había nada.

En el mismo bus de la ruta San Cristóbal-San Antonio, una mujer que se identificó como Maritza y vive en San Rafael de Cordero, narró que en una oportunidad llevaba un paquete de galletas y en el punto de control policial de Capacho, a ella y a dos mujeres más, las detuvieron en un baño y les exigieron “una colaboración”. “La (policía) femenina nos dijo que estábamos desangrando al país pero que era consciente de que nosotros necesitábamos dinero para sobrevivir”, refirió.

Otros dos hombres que viajaban en el atiborrado transporte contaron que tenían frío y ante la sorpresa de los viajeros por el calor que hacía, indicaron que venían de Puerto La Cruz (estado Anzoátegui) y viajaban con destino a Perú. Sus maletas: el morral escolar del programa del presidente Maduro.