Papel Literario

DIETARIO

Entrega del 19 de mayo de 2019

“Precario - Xiomara Jiménez

 De la serie “Pattern: El juguete de un niño (La caja azul)” (2014) | “Precario” / Xiomara Jiménez

Paul Klee: “Ángel en el Kindergarten”

 Paul Klee: “Ángel en el Kindergarten” | 1939 | Grafito sobre papel, sobre cartón | 29,9 x 21 cm | Zentrum Paul Klee, Bern / Geraldine Gutiérrez-Wienken

PRECARIO

Los objetos esféricos suelen aludir a su condición contenedora, femenina, maternal. Una caja quizás pueda también llevarnos a pensar en el atributo de la contención, aunque de otro tipo. La caja que resguarda algo es casi muda, recta, vacua –a veces podría darnos algún indicio sobre la pobreza, como propone el poeta Igor Barreto– y al mismo tiempo puede ser un recipiente con un grado de exaltación imaginativa. La escritora Elizabeth Bishop pudo ver en ella un monumento, el inicio de tantas cosas, una pintura, una escultura, un poema. El artefacto también encarna la idea de un ciclo que se inicia con el mundo del inconsciente, quizá alcance la riqueza y finalmente entronque con lo inesperado: la destrucción, su desaparición.

Xiomara Jiménez

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 Paul Klee: “Ángel en el Kindergarten” | 1939 | Grafito sobre papel, sobre cartón | 29,9 x 21 cm | Zentrum Paul Klee, Bern

Paul Klee: “Ángel en el Kindergarten” | 1939 | 

Grafito sobre papel, sobre cartón | 29,9 x 21 cm | Zentrum Paul Klee, Bern

El año 1939 comienza muy bien para Paul Klee, en comparación con los años anteriores, puede trabajar sin limitaciones físicas. Más de 1200 dibujos surgen en ese año. Los ángeles siguen siendo su motivo de representación. Son dibujos que reflejan su ocupación con el mundo del más allá y con su interpretación del arte como Génesis.

La economía de líneas, lo incompleto de sus formas evidencian el carácter “procesual” de sus dibujos. En ellos nunca se concreta una forma definitiva. Estos dibujos testimonian el proceso creativo que según Paul Klee se equipara con la creación divina. La obra no “es”, la obra “devendrá”. Al igual que la creación la obra acontece, en perpetuo movimiento.

Geraldine Gutiérrez-Wienken

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“De paseo por el bosque de su incertidumbre un país que tintineaba como moneda nueva fue devorado por una ideología lobezna”.

Elisa Lerner

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HERÁCLITO

Un grupo de niños jugaba al escondite en las callejuelas de una ciudad remota, que la crueldad de los adultos habría de reducir, como todo en aquel país, a escombros. Los escombros, a su vez, serían inundados, arrasados, sumergidos por el tiempo. Los niños desaparecieron o nunca regresaron. Su juego, en cambio, persiste.

Miguel Gomes

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BARBERÍA DELIRANTE, 3

No le creas al psiquiatra, que no sabe lo que hace. Créeme a mí: ¿acaso los pelos no están mucho más cerca del cerebro que la lengua? Obviamente aquí no podrás estar mucho tiempo. Lezama Lima no es una buena opción. A los dos meses te cansarás de la playa. Con Tolstoi pasarás mucho frío y no entenderás nada. Leyendo a Sun Tzu, peor. Te embaucarán animándote a invertir en una fábrica de quién sabe qué cosa y con los años te quedarás sin dinero. Octavio Paz no te aceptará y Umberto Eco mucho menos. Orhan Pamuk es una buena opción por una o dos novelas, pero una página más sería peligroso, muy peligroso.  Lo mejor que puedes hacer es leer a Javier Marías. En sus páginas te sentirás como un pachá y, si acaso tienes miedo a las protestas de otros lectores, para eso estoy yo, aquí te tengo la solución. Te disfrazas todos los días antes de salir a la calle a leer y nadie te reconocerá. Incluso podrías cambiarte de sexo. Eso no tiene nada de malo y en cada capítulo Marías te ofrecerá una consulta de disforia de género: novelas que quieren ser cuentos, sueños que anhelan ser poemas. Esas cosas.

Slavko Zupcic

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Pues sí, la memoria puede que no sea otra cosa que una escombrera donde yacen apelmazados e informes recuerdos y vivencias de muy distinta naturaleza, importancia, índole, valor, hasta que una llamarada del presente los vuelve, a algunos de ellos, o alguno, a estremecer de vida y a revivirlos en nosotros, no siempre o casi nunca con una fidelidad plena pues su razón no es la de introducirnos en una crónica sino la de reverdecernos sentimentalidades pretéritas con las cuales, al menos por esa vez, nuestra vida recobra sentido. Los escombros son pedazos de vida a la espera de que necesitemos su resurrección y resucitemos en ellos.

Joaquín Marta Sosa

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PIERRE MENARD, LECTOR DEL QUIJOTE

En el cuento de Borges “Pierre Menard, autor del Quijote”, se elogia una obra invisible compuesta por fragmentos reproducidos del Quijote de Cervantes. Esta reproducción, que en los términos de Benjamin atrofia el “aura” de la obra original, tiene por otro lado el carácter destructivo: crea a partir de los escombros de la tradición. De manera que su objetivo es transformar la recepción que ha tenido el Quijote históricamente, convertir a la “copia” en obra y conferirle otro “aura”. El procedimiento renovador es, sin embargo, paradójico, pues consiste en escribir palimpsestos –sobre los cuales se impone el texto original– y destruirlos, con lo que el texto resulta doblemente invisible. El nuevo Quijote es, pues, ilegible porque no existe y, a pesar de ello, plantea una dificultad al lector. Esta exigencia no remite ya a la oralidad, a aquello que Agamben denomina “fuego”, hacia el cual el viejo Quijote se mantenía en viaje, sino a la tradición. El Quijote de Menard muestra así cómo la literatura regresa hacia sí misma para reencontrarse con el fuego contenido en las ruinas de su propia tradición, que ha devenido debido a su crisis en una “vigencia sin significado”, pero sobre todo para abolir su propia caducidad y posibilitar, por medio de la destrucción creadora, una lectura de la tradición en un nuevo aquí y ahora.

Rosbelis Rodríguez

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RETRATOS DE BARCELONA. 2

Me levanto, hago café y me siento en el escritorio con la amplitud del ventanal de vidrio hermético de frío. La oscuridad, sembrada en el patio interno que separa a los edificios, empieza a disiparse. Se oyen las campanas de la catedral de Barcelona y el gorjeo grave de las palomas ajenas al sobrevuelo amenazante de las gaviotas con su plumaje blanco, negro y gris. En el vacío entre los edificios retumba la tos del hombre siempre en bata que ha estado enfermo todo el invierno, desde su balcón escupe flema.

El resplandor de las estrellas empieza a desaparecer y el cielo azul se impone. Los gritos de las gaviotas parecen alaridos de guerra. El vuelo de las palomas se convierte en una persecución. Tomo un sorbo de café y la escena se mueve en modo fast forward. Una de las gaviotas atrapa con sus patas a una de las palomas. La lleva en el aire hasta el tejado plano de ladrillos rojos. La tiene prensada, le zampa picotazos, temblorosa, como un epiléptico que engulle. Del pico se ven las tripas de la paloma que socava como una lección caníbal de anatomía, mientras otra gaviota vigila erguida que no se acerque otro pájaro. La paloma queda con sus alas abiertas sobre el tejado, parece un ángel muerto viendo hacia el cielo, exigiendo una explicación.

Al terminar el festín solo quedan rastros de sangre y plumas sobre el tejado, el cadáver hueco de la paloma crucificada sobre el piso sucio y enmohecido. Al rato ya no se oyen las gaviotas ni las palomas ni el hombre de la tos con flema, solo las campanas de la Catedral de Barcelona, y allá está, en una pared de una calle colindante del gótico, me lo imagino porque lo he visto, desgastado por el tiempo pero a la vez incólume, el escudo de la inquisición.

Pedro Plaza Salvati

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ISLA ONIRIA

23 de julio de 2015

Anoche soñé, entre otras cosas, que iba en un avión, sacaba la mano por la ventanilla y al tocar el paisaje, mi mano supo.

―Es la cumbre del pico Bolívar, exclamé.

Dejé que la mano acariciara la superficie rocosa con manchas de nieve.

La imagen era muy bella: negro y blanco rozaban la palma de mi mano.

El tacto era rugoso, frío, limpio.

El avión siguió su curso y sin transición vi un abismo y un prado:

Aquí acaba la montaña.

Siempre quise ver de cerca este límite.

Lo veo, lo toco, lo huelo.

Alcanzo la geografía con sus accidentes.

Lena Yau

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LA FE

Alguien me recomienda como magnífico a un fisiatra, pero lo conozco desde niña, fuimos al mismo colegio y me parece imposible que pueda quitar dolores.

La médica con todos los diplomas que me atendió una vez y fue milagrosa, ahora no me sirve, quizás porque estuvo empatada con un amigo y le hizo una trastada. 

Una vez fui donde un psiquiatra reconocidísimo y muy bien recomendado con el que pasé meses de terapia sin avanzar ni un paso. Un día me comentó de una paciente que estuvo cerrada durante meses y un evento nimio hizo que se abriera. En ese momento entendí que la terapia no funcionaba porque sé que fue cruel con un colega.

No ser profeta en tu tierra es un cliché con muchas aristas.

Violeta Rojo

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assènza

novísimo y travieso aliento

que naciste para cruzar los umbrales

en el agua me vino

            la imagen de tu vida

(antes de la expulsión ocurrió);

y ahora,

            como una sonda que se regodea

            en las curvas del infinito,

ahora,

            ahora mismo,

            vienes a tocarme la puerta

            con tu vehemente sed de rostro

            (la gran madre te lo sabrá moldear)

Alejandro Sebastiani Verlezza