Papel Literario

Cuatro poemas de Carmelo Chillida

Estos poemas pertenecen al libro “Rojo como la cabeza de un fósforo” (Kalathos), a presentarse en Madrid el próximo 17 de octubre. El poeta, ensayista y editor ha publicado “El sonido y el sentido” (1997), “Versos caseros” (2005), “¿Un poema de amor?” (2011) y “Desde el balcón” (2013), así como ensayos, crónicas, notas y traducciones en diversos medios

“Rojo como la cabeza de un fósforo”

 “Rojo como la cabeza de un fósforo” (ilustración de portada)

Por Carmelo Chillida

Entre aplausos

El César, como buen César,

quiere para él todos los poderes.

El Senado se pone a sus pies,

le rinde pleitesía.

Al César le gusta dar largos discursos

y que se vean en la TV. Los senadores

asisten a escuchar sus discursos.

Todos los funcionarios y súbditos importantes

asisten. Importantes, pero fácilmente

desechables. Pues, como ya dijimos,

él César quiere todos los poderes.

Solo detienen su perorata

para reír sus chistes y estallar

en largos aplausos. Así transcurre

la vida del César, entre aplausos.

**

Coro

El César habla solo,

habla para sí mismo

y a sí mismo se deleita

con el sonido de su voz.

El César habla solo,

no a los otros, salvo

para ordenar o humillar.

El César habla solo

pero necesita estar

rodeado de gente para hablar.

Los otros son convocados

estrictamente para cumplir

la función de coro, para corear

en el momento oportuno

las consignas del César.

Y ay del que desafine.

**

Palabras, 2

Cada día destruye algo o alguien

con sus palabras.

Si bien le sirven para construir

su estatua y su epopeya,

también se sirve de ellas para destruir

lo que no calza con su estrechez.

Vive sin ley, pero si necesita alguna,

la encarga al Senado genuflexo.

Luego destruye esa nueva ley

(y otras que vengan)

con su propio discurso incontenible.

Las palabras son actos.

**

Armas y más armas

El César de estos trópicos

es de mente calenturienta.

Ama la guerra, como todo Emperador.

Compra armas y más armas a Rusia,

las muestra en sus desfiles militares

y las guarda. ¿En espera de qué?

El César piensa mucho, tal vez demasiado,

y quiere que todos piensen como él.

Pensar distinto es un delito

penado por las leyes. El que lo comete

tiene que esconderse o escapar del país,

pues el César es el policía

que tocará a tu puerta,

tu Juez, tu Verdugo.