Opinión

Una escritura con olor a clavo y canela

La novela más importante de la vasta producción del escritor brasileño Jorge Amado (1912-2001) es sin lugar a dudas para muchos Gabriela, clavo y canela, una obra que es también el antecedente más puro y estricto del boom latinoamericano, y la que maneja los ingredientes que han hecho famoso a Gabriel García Márquez.

Desde la primera publicación de esta novela en el año de 1958, la riqueza en el lenguaje que se maneja para describir los condimentos y suaves aromas del ambiente del estado de Bahía, lugar en el cual Amado basa la mayoría de su obra literaria, nos revelan una historia desbordante, llena del realismo brasileño que marcaría el tono de la producción novelesca de América Latina en la década de los sesenta.

Rozando la frontera de un incipiente realismo mágico, Jorge Amado nos ofrece un mundo excesivamente maravilloso, cargado del costumbrismo latinoamericano de hace cincuenta años, pero que perdura en el tiempo gracias al profundo retrato psicológico que hace de los personajes y al análisis sobre la vida social urbana y la transición política en aquella región de Suramérica.

Gabriela, clavo y canela, una novela que es atravesada por una suave y bella historia de amor y pasión entre un soltero de provincia y su cocinera, sin dejar de lado los múltiples escenarios que alrededor de ellos se suscitan en estado puro, semisalvaje y extravagante.

Los personajes son divertidos y lapidantes, aparecen y desaparecen en un paisaje humano alucinante, ya sea en un ambiente urbano o rural; mulatas y machos prodigiosos que se pasean en la ciudad de Ilhéus –el mayor puerto exportador de cacao de Brasil en las primeras décadas del siglo XX–, doctores, políticos, inmigrantes, coroneles y licenciados dialogan de forma divertida e irónica.

Los movimientos sincopados, el manejo a voluntad del tiempo, los múltiples planos intercalados, las lluvias torrenciales, la musicalidad de las voces y toda esa singularidad de los demás elementos impregnan un exotismo al texto que lo enriquece vigorosamente; lo que lo llevó a ser traducido a más de cuarenta idiomas, razón por la que el autor ha sido considerado el brasileño más leído de todo el mundo.

Y aún nos falta hablar del elemento primordial de la novela, Gabriela, una deliciosa mulata que surge del noreste del Brasil, de muslos del color de la canela y pelo acaracolado que siempre huele a clavo, que con la pericia de la lectura va seduciendo al lector de la misma forma que al árabe de nombre Nacib.

Su olor, su figura, sus sabores, son la impronta de esta inigualable cocinera que domina toda la narración, y que si no se hace presente de modo textual hasta pasada la tercera parte de la novela, sí está presente por su ausencia, esa ausencia que Amado esgrime para introducir una sombra de expectación y que prepara al lector para la alegría, el canto y la sensualidad ardorosa de Gabriela.

Jorge Amado concibió la literatura de ambiente rural como arma de lucha política e ideológica activa, que proviene del movimiento modernista latinoamericano, y luego de unos años de actividades izquierdistas se orientó paulatinamente hacia el antididactismo y la narración poética y sugerente que deja de lado las buenas intenciones, y que ha marcado un camino para la literatura de América Latina en la que las pasiones humanas se desbordan tanto que pareciera que solo por la literatura pudieran ser encauzadas.

La totalidad de la obra de Jorge Amado seduce, es sinónimo de negritud, música afroamericana, personajes variopintos y una gama cultural venida de todos los confines del planeta mezclando los temas naturalistas con un humor sicalíptico, describiendo el mágico ambiente de la gente humilde de Bahía.

Gracias a esto, en los últimos años de vida el escritor brasileño (miembro desde 1961 de la Academia Brasileña de las Letras hasta su muerte), gozó de las recurrentes nominaciones para el Premio Nobel de Literatura, y junto con el argentino Jorge Luis Borges y el mexicano Juan Rulfo, integró la triada fundacional del movimiento literario llamado “el boom”.

Gabriela, clavo y canela, una portentosa novela que es muestra fehaciente de la prodigiosidad de un hombre que poseyó el talento narrativo que le abrió el camino para ser amado y reconocido internacionalmente, al mismo tiempo que funge como un testigo fiel de la riqueza social de un país que nunca nos dejará de sorprender.

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