Opinión

La FAO premia el desabastecimiento, la escasez y la desnutrición en Venezuela

Siempre hemos considerado las organizaciones internacionales como actores imprescindibles del mundo contemporáneo.Su papel en el mantenimiento de la gobernabilidad y la paz mundiales debe reconocerse, a pesar de las fallas que muestran, subsanables, en gran parte, aunque no podemos esperar de ellas la perfección.Sin embargo, dado tal trascendente papel, resulta crucial que quienes las dirigen contribuyan escrupulosamente con la elevación de la confianza y la credibilidad en la labor que realizan.En los últimos años, el gobierno venezolano ha proveído a los entes encargados de los temas económicos y sociales informaciones sesgadas o falsas que no se corresponden con la real situación económica y social de nuestro país.Investigadores independientes o de importantes instituciones venezolanas y extranjeras han mostrado los verdaderos pormenores de la grave crisis que vive Venezuela, los cuales difieren de los datos y cifras que el discurso oficial publica, cuando no esconde.Los venezolanos sabemos que las cifras de inflación y homicidios, por solo mencionar dos asuntos, son ocultadas o edulcoradas por las autoridades gubernamentales. El Banco Central, cosa insólita, pasa meses sin informar sobre los índices de precios al consumidor.Algunos entes internacionales se conforman con la información consignada por el gobierno, o aceptan datos producto de ciertas metodologías de medición que han sido cuestionadas por inadecuadas.Al darlas por buenas, sin mayores análisis, tales órganos se desprestigian.De allí que no comprendamos que, en el caso de Venezuela, la FAO haga un reconocimiento y otorgue un premio, lo que para los venezolanos agobiados por las necesidades insatisfechas de hoy no puede sino significar una afrenta, como se lo oí recientemente a una importante exfuncionaria venezolana de las Naciones Unidas.La FAO, como lo establece su Estatuto, está encargada de "alcanzar la seguridad alimentaria para todos y asegurar que las personas tengan acceso a alimentos de buena calidad que les permitan llevar una vida activa y saludable".Todo el que haga una visita en la actualidad a nuestro país podrá comprobar con facilidad la escasez y/o el desabastecimiento de bienes de consumo diario para la población, en especial, alimentos de calidad para las mayorías.Es una gran farsa del gobierno la cacareada seguridad alimentaria. El poder de compra se ha erosionado en los últimos tres años aceleradamente. La desnutrición es una realidad que reflejan las investigaciones de los especialistas. El consumo de leche, carne, cereales y frutas ha bajado enormemente.La cadena de producción, distribución, financiamiento e importaciones agroalimentarias ha sido descoyuntada o demolida. Todo este descalabro gracias a las expropiaciones y al asedio absurdo al sector privado. Las empresas del sector expropiadas que manejan gran parte de la producción de alimentos exhiben un estado deplorable.El estropicio es tan grande que costará mucho esfuerzo y tiempo recuperar lo que fue construido durante décadas. El "modelo económico" impuesto por el gobierno debe cambiarse a la brevedad, toda vez que de no hacerlo podríamos desembocar en una situación de caos social que lamentaríamos.Ideología fracasada e incompetencia sin par son los ingredientes del coctel explosivo que nos ha hecho tomar un gobierno que es premiado en estos días por la FAO. Vergüenza debía dar a estos funcionarios internacionales.