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Philip Roth y la teta que nos cuesta

La novela “El pecho” (The Breast) fue publicada originalmente en 1972 por la editorial Houghton Mifflin. Narra la lucha interna de su protagonista que se compara con su precedente kafkiano

Roth

Dice José Lezama Lima al comienzo de La expresión americana que solo lo difícil es estimulante, pero ¿qué debe estimular la dificultad? ¿La posibilidad del diálogo para medir la distancia con la comprensión?

¿Qué tan cerca estamos de comprender que un hombre no haya amanecido convertido en un insecto, como es lo habitual, sino en un pecho; una teta? La ruptura de la unidad de sentido que provoca semejante imagen cuestiona los materiales que la constituyen al retar la comprensión y conducirnos a un examen de patrones socioculturales que nos han (in)formado.

Philip Roth evidencia este cuestionamiento en su novela El pecho, llevando la metáfora kafkiana del hombre transfigurado al estadio que le corresponde y que, por evidente, puede darse por sentado, es decir, el fenómeno que escapa a la comprensión. La rarificación que nos pertenece. Tanto, que el personaje de Roth hace una revisión de los acontecimientos de su existencia para encontrar las causas de semejante transformación y no hallándolas se aferra a la única justificación razonable, la locura: “Le digo que quiero enloquecer, y él responde que es imposible: eso está más allá de mí, está por debajo de mí. Ha sido necesario ‘esto’ para descubrir que soy una ciudadela de la cordura”.

Una ciudadela de la cordura que reduce el espacio del diálogo con lo otro, lo no convencional, lo desconocido. Un diálogo que debe superar esa idea formal considerada con excesiva literalidad de que los textos y las experiencias que nos preceden dan lugar a la enunciación de nuevos textos y nuevas experiencias en un hilo de continuidad del sentido.

El procedimiento discursivo que nos propone Roth en la obra pasa por reconocer en un texto precedente (La metamorfosis) la experiencia sin precedente que no se deja comprender, por lo que es tarea del lenguaje establecer eso que el teórico y crítico venezolano Luis Miguel Isava llama “protocolos alternativos de la experiencia” y, así, perturbar la incomprensión.

Es decir, El pecho reconoce su precedente o hipotexto en la obra de Kafka para revelar que la experiencia de la transformación solo es posible en el lenguaje. El insecto no precede a la teta como de-formación corporal, sino como un lenguaje de (y para) la trans-formación de percepciones. Es la forma del lenguaje y no la del cuerpo la que pide atención. ¿Cómo explicar que alguien ya no es una persona sino una teta? Es una certeza que se exige a sí mismo el personaje principal en El pecho, pero no son certezas las que nos propone Philip Roth, sino desengaño lingüístico, cuyas explicaciones están reunidas en ese espacio de la comprensión que el lenguaje aprehendido no ha logrado abordar. Eso que Giorgio Agamben llama lo decible y al que podemos acercarnos desmontando protocolos de la experiencia cristalizados para percibir desde otras formas de recepción que puede ofrecer el lenguaje. Esto es, la ruptura con una representación que supuso Gregorio Samsa para afrontar la tragedia del saber (la identidad) del personaje masculino de Roth transformado en pecho femenino. Un tipo de tragedia compartida con Edipo, un acontecimiento cuya ruptura con el orden no se desprende de lo fáctico, sino del alfabeto del conocimiento.

El pathos del saber que arranca los ojos a Edipo deja sin visión al profesor-teta en la novela de Philip Roth. Es la tragedia de la cotidianidad, es cualquiera convertido en una teta aislada, improductiva y confundida en el ejercicio de su autonomía por la imposibilidad de ver. Sin embargo, es una imposibilidad que intenta mitigarse a través del lenguaje, aun cuando, generalmente, desemboque en un sentido trágico, es decir, el desencuentro entre lo sabido y otra posibilidad de saber, entre lo dicho y lo decible que refleja el poema Torso arcaico de Apolo de Rainer María Rilke al final de El pecho y del que tomaremos el primer y último verso: “Su inaudita cabeza no hemos visto… / …que no te mire: Has de cambiar tu vida”, en el sentido de la obra de Roth: cual pezón queriendo fungir de pene, esto es, la intervención de la imagen estimulándonos desde la dificultad.


El pecho

Philip Roth

traducido al español por Jordi Fibla

Editorial Debolsillo

España, 2007