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La Paciencia: Esa exquisita labor de Faride Mereb en Ediciones Letra Muerta

Una aproximación crítica al trabajo de esta editorial venezolana

Letra Muerta

Ricardo Blasco

Diosce Martínez, Néstor Mendoza, Faride Mereb y Graciela Yáñez Vicentini conforman el consejo editorial de Letra Muerta

Por José Antonio Parra / @parraa23

En días recientes Ediciones Letra Muerta fue galardonada con el prestigioso primer premio del Ladfest en la categoría editorial por su libro, Al filo (2015), un texto de entrevistas literarias de Miyó Vestrini. El mismo consiste de una edición limitada de 500 ejemplares que contó con la colaboración de Diana Moncada y Vasco Szinetar para su hechura, así como con la asesoría editorial de Javier Aizpurua. Este libro fue elegido a nivel mundial por nueve especialistas entre 500 propuestas. De este modo, el trabajo que de forma constante y meticulosa viene llevando a cabo Faride Mereb (Venezuela, 1989) recibe un justo reconocimiento. Aquí hay que decir que lo hecho por esta diseñadora y editora responde a una concepción experimental y de culto en relación al fenómeno editorial. Hay, en todo caso, una perspectiva del libro en tanto objeto de arte y en tanto artefacto atemporal.

El trabajo de Letra Muerta ha sido perseverante. Ya en el pasado había sido seleccionado en la Bienal de Diseño de Madrid en la categoría editorial por su libro, Es una buena máquina (2015). Su más reciente producción, Poemas 1947-1952 (2016), de Ida Gramcko es otra muestra más de esa tenacidad.

Esta edición sobre Ida Gramcko constituye un diálogo entre la diseñadora y el espíritu de la poeta, no solo en torno a lo lírico sino al alma misma. El ojo del detalle con el que está concebido este artefacto es extremo. La dimensión, no solo experimental, sino lúdica de él aproxima al lector-espectador a una totalidad estética que deviene de modo orgánico. Dentro de la caja en la que está la edición se halla todo un artilugio donde los relieves, diversos tipos de papel, así como la disposición de la mancha tipográfica y la utilización de filtros para las fotografías evidencian un discurso que se da paralelo al discurso poético de Gramcko. En esa constelación de lo “retro”, Mereb apela a recursos estilísticos de la psicodelia de los años sesenta y setenta, al igual que a ciertas modalidades del surrealismo, como el caligrama. La intención, tanto explícita como subyacente, de esta artista fue recrear el alma, la mirada y el espíritu de Ida Gramcko a través de un poderoso andamiaje visual.

Casi a las puertas de esta experiencia hay un texto introductorio de Rafael Castillo Zapata en el que de manera precisa expresa que es mediante este trabajo con el que “el verso alcanza por fin su equilibrio, los juegos extremos de contrastes polimétricos se atemperan y Gramcko logra un verso largo y sosegado, alejandrino extenso, con el que sigue cantando, acendrando la complejidad y la profundidad de sus temas de siempre: el desamparo metafísico, la duda, el anhelo místico de elevación, la soledad, la precariedad física, el laberinto arrebatado del amor con sus cimas y sus simas, el misterio interpelante de las cosas mudas, la infancia con sus paisajes de certidumbres implacables”.

La constelación curatorial del catálogo de Letra Muerta es, asimismo, excelso en el sentido que los autores escogidos para sus ediciones poseen una dimensión trascendente, tal es el caso de Miyó Vestrini e Ida Gramcko, quienes formaron parte del equipo de El Nacional en diversos períodos de la historia de este diario. En tal sentido, la pluma de Gramcko posee un tono místico muy acentuado, que se nota incluso en sus trabajos periodísticos, muy en el espíritu del ensayo y de la prosa poética. La vivencia de dicha autora fue de una singularidad extrema, de modo que estamos en presencia de una intelectual que se vinculó con el fenómeno de la palabra de manera muy personal.

El trabajo de equipo en la realización de esta edición de Poemas fue fundamental, de forma que participaron en el proceso de investigación Gabriela Kizer, Rafael Castillo Zapata, Rebeca Pérez Gerónimo, Javier Aizpurua y el Archivo de Fotografía Urbana en lo referido a las fotos de Alfredo Cortina. Asimismo, participaron en esta edición los miembros que actualmente conforman el consejo editorial de Letra Muerta: Diosce Martínez, Néstor Mendoza y Graciela Yañez Vicentini.

En la figura de Faride Mereb se da una de esas muy raras personalidades donde coinciden la mirada de la artista –en este caso desde lo experimental y de culto– y la perspectiva de una empresaria de la industria editorial. Asistimos con los trabajos de Ediciones Letra Muerta a la labor de un grupo de venezolanos que hacen historia.


Poemas 1947-1952

Ida Gramcko

Ediciones Letra Muerta

Segunda Edición

Caracas, 2016