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Nikolai Yezhov, el verdugo sin escrúpulos

La vida del verdugo siniestro, Nikolai Yezhov, acaba en mismo lugar que él había construido para los fusilamientos. Serie “Hechos y personajes de la revolución rusa en su centenario (7 de noviembre de 1917 - 2017)”. Parte IX

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Nació en San Petersburgo en 1895. Trabajó como asistente de sastre y obrero fabril. Sirvió como soldado en el ejército zarista. Se unió a los bolcheviques en mayo de 1917. Fue Vice-Comisario de Agricultura, y en 1934 fue elegido miembro del Comité Central del Partido. Luego, presidió su Comisión de Control. Por su baja estatura se le llamaba «el enano siniestro». Su ascenso a la jefatura del aparato de seguridad ocurre a raíz del asesinato de Sergio Kirov, que provocó la primera ola de represión masiva dentro y fuera de las filas del partido.

Fue tanta la matazón durante la llamada Gran Purga que fue bautizada con el nombre de Yezhóvshchina. Durante su actuación como jefe de la NVKD (1936-1938), la represión llegó a cifras colosales: de los 1.966 delegados al XVII Congreso del partido en 1934, 1.108 fueron arrestados, y de los 139 miembros del Comité Central, 96 fueron ejecutados. Hay autores que fijan en más de un millón el número de personas arrestadas en julio de 1937 y noviembre de 1938, y de ellas 700.000 fueron fusiladas. Los destacados dirigentes Bujarin, Zinoviev, Kamanev, Smirnov, Tomsky y otros se cuentan entre sus víctimas. En el ejército, el mariscal Tujachevski y siete generales fueron condenados a muerte por traición. También cayeron numerosos mencheviques y social-revolucionarios. Trotski llamó a Yezhov una vez mariscal de la policía secreta, pero cuando organizó la oposición a Stalin, encontró en él su más fiero perseguidor, aunque este no logró su propósito de matarlo.

Su segunda esposa, Eugenia Jayútina, fue además amante de los escritores Isaak Bábel, Mijaíl Sholojov y Mijaíl Kozlov. Y Yezhov llegó a enterarse de estos adulterios de su mujer. Por ejemplo, supo las veces que ella se acostaba con Sholojov en el hotel Nacional gracias a los aparatos de escucha instalados en las paredes de las habitaciones. Fueron numerosas las escenas de celos de Yezhov salpicadas con duras golpizas.

El gran vicio de Yezhov fue el alcohol. Sus borracheras con vodka minaron su cuerpo y acabaron con su moral. Cierta vez reconoció que en una juerga en su piso mantuvo relaciones con la esposa de un subordinado suyo y también con este.

Cumplió siempre el acostumbrado régimen de llevar al Buró Político la lista de los sospechosos incriminados como enemigos del pueblo. Allí, Stalin tomaba la lista y era el primero que escribía al lado del nombre del incriminado a quien él consideraba culpable su fatídica sentencia de muerte: “A favor”, y la pasaba luego, para que también firmaran lo mismo, a Molotov, Zhdanov, Voroshilov y Kaganovich. Era el ritual mediante el cual los así inculpados eran llevados a la cárcel y fusilados de inmediato. Yezhov hizo construir en la prisión de Lefortovo un local especial para el fusilamiento. Y cuando cayó en desgracia encontraron en el allanamiento de su despacho oficial, envueltos en papel debidamente etiquetado, el plomo de cada una de las balas con que fueron rematados de un tiro en la nunca los famosos dirigentes Smirnov, Kámenev y Zinoviev.

El anuncio del fin de la era de Yezhov viene dado por el nombramiento que hacen de él como Comisario de Transporte Acuático. Lavrenti Beria empieza represaliar a la gente de su entorno. Eugenia, la mujer de Yezhov, y otros lugartenientes son acusados de espías. La esposa es recluida en un hospital y allí se suicida en noviembre de 1938.

Yezhov es detenido el 10 de enero, lo encierran en la cárcel de Sujánovka, acusado de espionaje, conspiración para derrocar el Gobierno y asesinato. Durante el juicio, pronunció sus últimas palabras:

“Díganle a Stalin que moriré con su nombre en mis labios”.

Al pronunciarse el veredicto, se desmaya, y fue arrastrado al mismo lugar que él había construido en la cárcel para los fusilamientos. Muere el 4 febrero de 1940, fue cremado y enterradas sus cenizas al lado del crematorio del antiguo monasterio de Donskoi, muy cerca, por una ironía, de las de Bábel y su mujer Eugenia. La lápida de su fosa apenas decía “Fosa común número uno - cenizas no reclamadas”.