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Epistemología de la Comunicación

“Sin pretender hacer un análisis de los impactos de la ciencia en la sociedad contemporánea, muchas veces se incurre en errores de gran envergadura que unido a los avances tecnológicos tienden a poner en peligro la vida en el planeta”

Gustavo Hernández

Manuel Sardá / Archivo

Gustavo Hernández Díaz

Podemos pensar que la ciencia es infalible, que no comete errores, que por ser un conjunto organizado de conocimientos avalado por una comunidad científica se debe tener una convicción, casi ciega, en ella. Sin pretender hacer un análisis de los impactos de la ciencia en la sociedad contemporánea, muchas veces se incurre en errores de gran envergadura que unido a los avances tecnológicos tienden a poner en peligro la vida en el planeta. En esta orientación, traigo esta problemática al terreno de la Ciencia de la Comunicación para trazar algunas ideas de una epistemología de la comunicación cuyo propósito es hacer visible los errores que se suscitan en el quehacer investigativo. Cito algunas falencias de la comunicología: Confusiones conceptuales y emocionales del mismo investigador. Desconocimiento de los paradigmas científicos y de la disciplina comunicacional. Seducción ante las modas teóricas. No se cuestiona los fundamentos que se han arraigado como verdades universalmente aceptadas. No se explicita los supuestos de la práctica científica. Estos aspectos en nada contribuyen a la búsqueda de la verdad y el desarrollo humano, como orientación ética suprema.  

Pensar el paradigma científico

De acuerdo con Thomas Kuhn el concepto de paradigma se puede entender como: Un sistema de creencias y de compromisos compartidos por una comunidad científica. Un nuevo modo de ver la realidad desde el punto de vista teórico. Un principio organizador que determina y guía nuestras percepciones. Un patrón o modelo aceptado científicamente, que define los límites de los enfoques teóricos y/o metodológicos. “(…) Algunos ejemplos aceptados de la práctica científica real –ejemplos que incluyen, al mismo tiempo, ley, teoría, aplicación e instrumentación– proporcionan modelos de los que surgen tradiciones particularmente coherentes de investigación científica”. Un elenco de prácticas que orientan la resolución de problemas dentro de los límites que impone el paradigma dominante. Para Kuhn es imprescindible problematizar los sistemas teoréticos. De lo contrario, ello equivaldría a avalar la ciencia normal que no es otra cosa que seguir de manera irracional o intencionalmente consciente los protocolos del método científico para lograr siempre los resultados esperados. En este caso no estaríamos hablando de una ciencia que se piensa y se cuestiona desde la teoría del conocimiento, sino que estaríamos ante la presencia de una suerte de protocolo pseudocientífico donde subyacen estructuras de poder ideológico que provienen de las comunidades científicas y donde se expresa toda gama de prejuicios sociales y psicológicos con respecto a la realidad estudiada.

Cuando la inteligencia fracasa

Gaston Bachelard nos enseña que es fundamental distanciarse de las formas de pensar arraigadas, reflejadas en antiguas estructuras teóricas y metodológicas, que pudieron tener en el pasado cierto valor explicativo de la realidad, pero que en un momento dado obliteran el progreso del conocimiento científico, en virtud de que nos impiden interpretar los hechos, así como organizarlos y representarlos conceptualmente. Bachelard  afirma: “(…) Cuando se investigan las condiciones psicológicas del progreso de la ciencia, se llega muy pronto a la convicción de que hay que plantear el problema del conocimiento científico en términos de obstáculos”. Así pues, un sistema teorético que se divorcie del mundo exterior y que no pueda comprender los rasgos sustantivos del contexto social, se convierte, tarde o temprano en un obstáculo epistemológico, porque se tiende a confundir el conocimiento científico con una serie apreciaciones que  derivan del empirismo inmediato y de los prejuicios.

Los obstáculos de Bourdieu

Pierre Bourdieu nos presenta una lista de obstáculos de naturaleza psicosocial que pueden incidir en la producción del conocimiento científico:

La ilusión de transparencia y el principio de no-conciencia o, dicho de otra forma: el científico se encanta o sugestiona por la opinión del sentido común y, asumiéndola abiertamente, cree tener la sólida convicción de estar haciendo ciencia, basándose, inconscientemente, en los supuestos de la sociología espontánea.

La verdad no reside en la quintaesencia de la abstracción sino que, más bien, se sintoniza con la sociedad y el devenir histórico.

La tentación del principio de autoridad, profetismo, es decir, el sujeto tiene la última palabra. Esta situación es muy común cuando se la verdad unívoca sino verdades admitidas provisionalmente por las comunidades científicas afiliadas a un paradigma determinado.

La tradición teórica tiende a imponer un saber definitivo, irrefutable, muy estable y acumulativo. Contra esta idea el científico social debe ser precavido, toda vez que, si no cuestiona los principios mismos de la teoría, no existirán rupturas ni avance sustancial en la ciencia.

Morin y su ready made

Edgar Morin señala que el conocimiento: “no puede considerarse como una herramienta ready made que se puede utilizar sin examinar su naturaleza. El conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera que serviría de preparación para afrontar los riesgos permanentes de error y de ilusión que no cesan de parasitar la mente humana. Se trata de armar cada mente en el combate vital para la lucidez”. La estrategia mental radica, en este caso, en aprender a pensar sobre lo que se piensa y estar atentos a las imperfecciones de nuestros puntos de vista.

Las cegueras intelectuales

De los errores más frecuentes del intelecto humano el más doloroso es mentirse a sí mismo.  Es la self-deception como lo indica Edgar Morin. Se incurre en el autoengaño cuando no nos atrevemos a reconocer nuestra falta de vocación para ejercer cualquier tipo de  disciplina científica. El investigador, en esta situación, acepta, sin estar convencido, los fundamentos teóricos que prescribe en un momento determinado su comunidad profesional. Una manera expedita de alimentar el autoengaño es asumiendo una conducta egocéntrica. En otros términos, nuestra mente egocéntrica revela su psicología cuando: “tiende a seleccionar los recuerdos que nos convienen y a rechazar, incluso a borrar, los desfavorables; y cada uno puede adjudicarse un rol adulador”. 

Razón versus racionalización

Una de las confusiones más frecuentes del ser humano es no saber distinguir entre razón racionalización. La razón constructiva verifica el carácter lógico y coherente de los modelos teóricos y la compatibilidad que existe entre los argumentos teóricos y el contexto social. En cambio, la racionalización consiste en justificar lo que no se puede demostrar o comprobar.

Existe una relación estrecha entre la inteligencia y el pensamiento emotivo. Dicho de otro modo, la razón y la emoción deben mantener un justo equilibrio en la producción de conocimiento, porque toda facultad de racionamiento excesivo disminuye y hasta apaga la llama de la emoción; mientras que toda emoción exacerbada impide lograr el necesario sosiego para pensar sobre lo que estamos pensando.

Todo conocimiento es compatible con la realidad cuando es capaz de comprender los problemas globales, parciales y locales, que son, a su vez, multidimensionales y complejos. Morin señala: “El conocimiento de las informaciones aisladas o elementales es insuficiente. Hay que ubicar las informaciones y los elementos en su contexto para que adquieran sentido. Para tener sentido, la palabra necesita del texto, que es su propio contexto, y el texto necesita del contexto donde se enuncia”.

En síntesis, la epistemología o la teoría crítica del conocimiento de Thomas Kuhn, Gaston Bachelard, Pierre Bourdieu y Edgar Morin, nos invita a interrogar los postulados que orientan a los paradigmas científicos en el campo de la comunicación, con el propósito de detectar los obstáculos psicosociales y culturales que inciden en la producción científica en comunicaciones y ciencias sociales en general. Puede afirmarse que la piedra angular de la teoría del conocimiento, según estos autores, nos exige que hagamos una introspección genuina como investigadores y una revisión del conocimiento que producimos para evitar espejismos, falsas creencias, racionalizaciones, preconceptos y mitos que sabotean el saber científico. Epistemología de la comunicación no es otra cosa que asumir la razón con entereza.