Entretenimiento

Cinco poemas de Keila Vall De La Ville

Nacida en Caracas en 1974. Antropóloga de la UCV y Magíster en Ciencia Política por la USB. Reside actualmente en NYC, donde estudió Escritura Creativa (NYU) y Estudios Hispánicos (Columbia University). Autora del libro de cuentos Ana no duerme (premio autores inéditos de Monte Ávila) y de la novela Los días animales

Keila Vall De La Ville

Sin ticket

A veces partir

es quedarse

estar

es el viaje.

Quebrada pero viva

Maestra vida, camará.

Te da, te quita

te quita y te da.

Rubén Blades

I

Hay misterios geográficos

no me refiero a volcanes

o placas tectónicas

ni a témpanos desplomándose,

aquel estruendo celeste.

Alguna explicación debe haber

para la guayaba y la sonrisa tropical

para la violencia monstruo.

Todo comienza con un cerrojo asegurado

no es preciso un pasaje

o literatura odisea

para olvidar el besito

de coco.

2

Llegaba a pie al conservatorio

avenida principal de Bello Monte

Los Chaguaramos y Santa Mónica

con el cello a cuestas.

Y de vuelta.

Con el cello a cuestas.

Me raspaba el hombro pero me gustaba más

prefería ser dueña del instrumento y del camino.

Imaginarme siéndolo.

Al esperar los carritos por puesto

las pequeñas camionetas sin estación fija ni horario

de las que bajas pidiendo en voz muy alta:

Me deja donde pueda, señor,

donde pueda,

me preocupaban dos cosas

que un pasajero descuidado

se apoyara en las cuerdas

y las desafinara.

Que se golpeara la clavija.

Caminaba la ciudad con mi casa a cuestas.

3

Caracas es el Aula Magna los domingos a las once

su acústica impecable y sus asientos de madera

el techo de Calder.

El pasillo de la Universidad Central

aulas y librerías entre jardines

un ejercicio de matemáticas medio borrado

silencio seco, tiza percusión.

A esa hora dos hombres secuestran a una mujer

para robarle un auto. Amenazan dejarla

fría, pose indecorosa

en dirección Caracas-Guarenas.

No voltees, no me mires o te quiebro.

Pueriles

y calzados

preguntan

¿me viste?

¿tú me viste?

Respondo

no.

Los hombres se preocupan

por el vector del ojo secuestrado

como si olerlos no bastara.

¡Es mi hora animal, los veo con la piel!, quiero gritar,

reírme de mí misma

del ancla que encuentro en la esquina de la alfombra.

Cuando yo no esté

¿quién limpiará esta mancha?

En mi auto los hombres dicen quebrar para decir asesinar.

Ignoran que estoy quebrada ya

rompen el tiempo

inciden calzados con cilindro hueco

frío como la cloaca en la autopista

donde dicen llevarme a morir.

Si miras te quiebro.

¿Quién limpiará esta mancha? me pregunto,

sintiendo temblar el hierro,

dudar la mano de la que cuelgo,

más calmada de lo que pensaba estaría

cuando me pasara algo así.

Es cuestión de burocracia

o de paciencia

en mi país a todos nos toca,

la pregunta es cuándo.

Sin vigilancia en la Universidad

de pasillos solitarios

me dejan viva un domingo a las dos.

Frente al teatro imagino cediendo la puerta pesada

reclinarme en la butaca

bajo el Calder flotante.

No sé si duermo.

Afuera el sol, el pizarrón con ejercicio de matemáticas inconcluso,

el cigarrillo que pido porque

el día en que sobrevives a la miseria

que ahora

de cierta manera

te integra,

es un buen día para fumar.

Poética violenta

forma de afecto entre dos cuerpos

en guerra librada

sin ver.

Quebrada pero viva.

En dos

Partir

es siempre partirse en dos

Cristina Peri Rossi

Partir a tiempo.

Ya no quiero este suelo.

Partir el tiempo partir el mapa.

Partir con tiempo partir con mapa.

No importa hacia dónde.

Quiero partir

a pie.

Cateo

Tengo un dolor aquí,

del lado de la patria.

Cristina Peri Rossi

I

Sin testimonio

Bulto atónito

Adherencia al suelo en ausencia de palabra

Vaho en la lengua que se engrosa

hormigueante.

Digo hampón y quiero decir hampón

Hay formas trastabillantes

desatinadas como su

referente. Formas en la bisagra de un mundo

deshilachado

en continua expansión.

Metáfora muerta

Lámpara encandilada

interrogatorio.

II

Desplegada la muerte tristeza

el silencio bala

acude el arquetipo: Silueta de mujer hundida.

Vivir bajo el manto oscuro

inclinada con un hierro en la nuca.

III

Emplazar el verso en dos manos burdas

Manos hediondas a pólvora y sangre

que en tempo propio

revisan mis cosas

leen mis cartas

sacan su miembro en el baño de mi casa

secuestrada

sin preguntar.

Mi casa es su casa,

no faltaba más.

IV

En la posesión sin derecho también hay

una danza.

El ocupante pide agua.

Armada de sonrisa y mantel tejido en crochet lo complazco

la luz gana, me repito llevando la bandejita en las manos.

La luz gana.

Cuando pasen las horas, cuando sobreviva,

seré el odio que mi huésped inocula.

Pronunciar estas cuatro letras es algo que no acostumbro

pero soy flexible, todo se aprende, pienso al

preguntarme también dónde está el Ajax

                        cuatro letras más

y los guantes de goma.

V

Lo inacabado no es la frase ni el poema,

es el médano de media noche insomne

oscura lírica triste.

Al final, con el cuerpo cansado, volteada la casa

desde una franca y justificada negación a la horizontal,

solo cabe un texto poroso de párpados alerta.

Periferia

Permeable a sí misma

esta soledad

impecable

se conforma consigo

frente a la ventana.

Es reversible,

in & out da igual.

Periferia que te protege

centro

árbol

ombligo del mundo.

Veo una muralla.

Afuera

es acá.

_________________________________________________________________________

Viaje legado

Keila Vall De La Ville

Caracas, 2014

Bid&Co

Colección Voces Iniciales