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La belleza del arpón

En (Des)uso de razón se titula la magnífica antología de la obra de Caupolicán Ovalles (1936-2001), Premio Nacional de Literatura en 1973

Caupolicán Ovalles

Archivo El Nacional

Caupolicán Ovalles (1936-2001)

Por Miguel Marcotrigiano

El mar está picado. Una embarcación emocionada cruza sus aguas. Son los sesenta venezolanos. La lucha armada cuenta con un brazo cultural: El techo de la ballena. Los aires que vienen del Norte (soplados por los turbulentos y atormentados Beats), junto a otros procedentes del Sur (la anti poesía del chileno Nicanor Parra), se sienten en nuestro territorio. Pero estas influencias, a mi juicio, solo fueron eso, hecho inspirador. Apenas el aire del mundo que enmarca un hecho genuino, propio, en nuestro caso. En su animada embarcación, plena de osados balleneros, arroja su arpón, quizás el más emblemático de estos, el joven Caupolicán Ovalles. Este y el insoslayable Adriano González León, darán cuenta de unas primeras publicaciones. Se escribe y publica ¿Duerme usted Señor Presidente?, afortunado poema que resonará incluso hasta nuestros días (y, seguramente, mucho más allá), con palabras introductorias de González León. Uno deberá ir al exilio forzado en Colombia. El otro será encarcelado. ¿Quién dijo que la literatura no surte efecto en la realidad que llamamos real?

Un discurso poco usual va tomando forma en la poesía venezolana. El poema que hiere, denuncia, grita, ofende. Que se defiende como bestia acorralada por lo absurdo de la situación política y social. Lo estético no desaparece pero asume nuevos modos, nuevo discurso, con apariencia de conversación llana, entre imágenes y metáforas al servicio de la comunicación. El poema (forma y fondo), adquiere matices distintos. El poema tiene la belleza de un arpón.

Tanto en la bibliografía teórico histórica sobre El techo…, cuanto en la mirada desprevenida de quienes se acercan a la lírica de esos momentos, notamos a Caupolicán Ovalles como uno de los más destacados miembros. Esa difusa idea gestada en Salamanca (España) y cristalizada en Caracas con el concurso de otros entusiastas artistas, producirá unas ediciones fundacionales, no solo para la agrupación misma, sino para nuestra literatura, en general: el ya citado ¿Duerme… (en 1962) y Asfalto Infierno, de Adriano, al año siguiente. Esos textos híbridos de González León terminarán enfundados en la palabra magistral de su novela País portátil, que en 1968 verá la luz por vez primera, acreditada con el prestigioso premio de Seix Barral.

Se engaña quien centre lo mejor de la producción ballenera en esos libros y autores, pues los muchos artistas que hicieron vida en esa agrupación, dieron frutos que aún no se han estudiado a fondo, salvo en las pocas (considerando su importancia) ediciones antológicas y en algún estudio académico que injustamente está a la sombra de las bibliotecas universitarias, bajo la inédita apariencia de las tesis de investigación. En nuestro país, nadie ha asumido seriamente la indagación en ese fértil terreno constituido por las tesis de grado y postgrado, con el fin de rescatarlas para ojos del público general interesado en esos temas. Una tarea por hacer.

En la Fundación Caupolicán Ovalles, cuya principal misión se centra en la difusión de una obra apenas alcanzada por el ojo crítico y curioso de los investigadores, la meta flexible está en acercar a esta literatura a los jóvenes. Con la Antología poética y otros textos (2016), ideada por Miguel Chillida y llevada a la realidad por Rayuela Taller de Ediciones, bajo la égida de la fundación, se inicia la que se espera sea una larga lista de publicaciones, exposiciones, presentaciones, conversaciones y eventos, en general, que ayuden a este fin.

La poesía de C.O., siempre resguardada en un muy personal discurso, irá construyendo su propio camino. No se estanca en el “charco” genésico que fue la experiencia de El techo…, pero sin duda hay que acudir y chapotear en él si queremos entender al hombre, la época y la razón de ser de su obra y su vida, que en este caso se acoplan a la perfección. La realidad real y la literaria se hacen un único discurso crítico, literario y humano. Tanto así, que parecería absurdo hablar de ellas como compartimientos aislados.

Queda, pues, en manos del afortunado lector, hacer sus propias lecturas y dar cuenta de una obra que, como pocas, debe ser rescatada del olvido. Sobre todo en estos tiempos en que las tormentas políticas y sociales reclaman voces como la del inconfundible Caupo, el Poeta Hostias, el hijo de Guatimocín, el duende arponero.


Además de un riguroso recorrido por su obra poética y por otros textos, a cargo de Miguel Chillida, también autor de una presentación, En (Des)uso de razón incluye textos de J.J. Armas Marcelo, Miguel Marcotrigiano, Adriano González León, Francisco Ardiles, Héctor Silva Michelena, Rodolfo Izaguirre y de su hijo Manuel Ovalles, así como una cronología y entrevistas realizadas por Miyó Vestrini, Mary Ferrero, Carmen Virginia Carrillo, Esther Coviella y Nelson Dávila.


Dos poemas de Caupolicán Ovalles

Carta a Ahab

Yo, padre de dos hijos

y una mujer que mantener,

arrecho ya de tanta necedad,

he decidido escribir a la viuda

del capitán Ahab,

techo de la ballena

bajo el viento del mar.

tus besos me placen

torre de mar a puta de puerto,

a donde fuimos a vivir

veinte desgracias para nuestros

corazones.

En la colina roja

por ti

descubren tesoros y coincidencias

de tiempos pasados

policías y ministros

bajo el aire de la casa que habitamos

quinientas promesas de amor y veinte derrotas.

yo, padre de dos mujeres

y un hijo que mantener,

despierto,

colérico, arrecho,

por decreto del otoño

y de la media naranja

en la colina roja.

***

Soñé

que iba a mi entierro

y comencé a hablar

tan bien de mi persona

que me corrieron por escandaloso

y enemigo del difunto