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70 años de Letras, hablan los maestros

La Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela celebra siete décadas de su fundación. Este especial reúne una serie de entrevistas a los profesores que han sido formados en sus salones y continúan con ese proceso de enseñanza 

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Por Keyla Brando
@LaBrando_
David Tortosa
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La Facultad de Filosofía y Letras, actualmente de Humanidades y Educación, fue inaugurada en 1946 y estaba ubicada en la Universidad de Caracas, en pleno centro de la ciudad. Una vez construida la Ciudad Universitaria, la escuela pasó a ocupar el segundo piso de uno de los laterales de dicha facultad. Desde ese momento hasta ahora, han pasado por ese pasillo innumerables figuras de la literatura, tanto venezolana como extranjera, entre ellas: Gabriel García Márquez, Adriano González León, Guillermo Sucre, Alejandro Oliveros, María Fernanda Palacios. Una rampa amplia, que hace zigzag para unir ambos niveles, conduce a los espacios del estudio y la reflexión.

Este lugar parece desenvolverse en su propio espacio, único por su luz, su aire y sus transeúntes, entre los que se confunden los visitantes con los profesores y los mismos alumnos.

El discurso inaugural 

El 12 de octubre de 1946, en el antiguo edificio San Francisco, hoy Palacio de las Academias, tuvo lugar el discurso de Mariano Picón Salas, fundador de la Facultad de Filosofía y Letras. Sus palabras responden a la necesidad del estudio de las humanidades dentro la sociedad venezolana. La actualidad parece estar definida por la crisis. Esta empieza y pasa, sin ninguna excepción, por el quiebre de lo humano y lo sensible dentro de cada persona.

“Se requiere -por sobre la técnica del médico o del ingeniero- lo que yo llamaría una inicial técnica humana que, si no ofrece beneficio económico, aspira a lo que vale tanto como eso: arte de vivir y de comprender (…) y porque son estos días laberínticos que vive el mundo, de crisis y socavamiento de costumbres y tradiciones, este estrépito sin finalidad, de este no saber a dónde se marcha que es el terrible signo de la civilización contemporánea”.

Han pasado más de siete décadas desde que Picón Salas pronunció su discurso, pero su vigencia sigue intacta. He allí la respuesta para los que se preguntan sobre la finalidad de la carrera. Al estudiar “la continua transmisión y delegación de legados intelectuales, sensibles y afectivos”, como lo señala el profesor Rafael Castillo Zapata, se podrá comprender, por lo menos en algún grado, el contexto actual. 

La escuela y las humanidades 

Como parte de la Facultad de Humanidades, las investigaciones sobre el hombre son claves para el pensum de la escuela. La diferencia recae en el abordaje: el humano más allá de un objeto de estudio, de las estadísticas y las teorías. Las necesidades expresivas, la tradición… en fin, la vida de cada uno de las personas –luego personajes– que se plasman en los libros. 

El compromiso abarca diferentes niveles, desde el pregrado hasta los estudios de cuarto nivel, por ello se creó la Maestría de Estudios Literarios y el trabajo conjunto con el Instituto de Investigaciones Literarias, el Instituto de Filología Andrés Bello y el Doctorado en Humanidades.

En el pregrado no hay especializaciones ni menciones para evitar que estas “puedan limitar la inserción del egresado en el mundo del trabajo”, es por ello que existen, como se dijo anteriormente, los estudios de postgrado. 

La renovación

Las críticas que se le hace a la caducidad de los pensum de las universidades autónomas son constantes. La Escuela de Comunicación Social, por ejemplo, mantiene su mismo plan de estudio desde 1987. Los cambios constantes a los que está sometida la sociedad implican la mutabilidad del comportamiento y, por ende, de las normas que lo regulan. Las universidades no quedan exentas de esta disposición. En el caso de la Escuela de Letras, el cambio del pensum empezó en 1997 y en 2005 se implementó. Con sus modificaciones, se ha conservado hasta la actualidad.

“Desde un inicio, se planteó la necesidad de llevar a cabo esta renovación desde el reconocimiento de su pasado y tradición humanista, pero intentando reinsertar esa tradición dentro de las nuevas perspectivas de los estudios de Letras en una sociedad nueva y dinámica como la venezolana”.  La comisión estuvo integrada por profesores de la vieja guardia, de la generación de relevo y estudiantes de la escuela, con el fin de lograr la conjunción de pensamiento y numerosos aportes que cada uno proporcionó al pensum.

La transición no fue brusca, al contrario, contó con el tiempo necesario para la adaptación tanto de los estudiantes como de los profesores. Hoy en día, la carrera está conformada por seis departamentos: Lenguaje, Teoría, Literaturas clásicas y occidentales, Literatura latinoamericana y venezolana, Literatura y vida y Talleres literarios. Cada una de estas áreas imparte, desde su perspectiva, el conocimiento necesario para lograr formar un egresado que esté capacitado para desempeñar cargos relacionados con la docencia, la investigación, la edición y la promoción cultural. Todo con el fin de contar con profesionales que “ejerzan responsablemente su rol de ciudadanos dotados con una formación humanista y que promocionen los valores de la democracia, como la libertad de pensamiento, expresión y creación”.

Pluralidad

Encontrar el prototipo del estudiante de Letras no es tan simple. Con tan solo acercarse una tarde al pasillo se pueden observar todo tipo de peinados, zapatos, colores, lentes, marcas de cigarrillos, en fin, de personas que se reúnen para acercarse diariamente, un poco más, a la literatura. Las clases van más allá de un profesor impartiendo la cátedra, si bien ellos son los que dominan mejor el contenido, los alumnos también tienen la oportunidad de participar en las discusiones. La dinámica estudiante-profesor puede variar según el autor a discutir o el ambiente en ese momento.

Con el tiempo todos los que allí se desenvuelven están relacionados entre sí, muchas veces más cerca de lo que se cree. Profesores que han sido alumnos de otros profesores, estudiantes que trabajan con profesores, estudiantes que crean grupos literarios y se reúnen con profesores. El mundillo literario, como suele escucharse, y del que terminan formando parte la mayoría de la comunidad letrada.

Una prueba del orgullo por esa pluralidad surgió de manera espontánea al plantearle la iniciativa a una de las profesoras con más trayectoria, María Fernanda Palacios. Cuando conoció este trabajo y se le pidió su participación, su respuesta fue la siguiente:

“Me imagino que le harás esta entrevista a otros profesores (los viejos, los jovencísimos y los que están en su momento más maduro, su 'edad de oro' (...) todos ellos, igual que yo, estudiaron aquí y se convirtieron en la generación de relevo)  porque sería muy bueno contar con ese mosaico seguramente muy diverso de recuerdos y de impresiones sobre experiencias comunes, sería una prueba de que la democracia sí puede ser una realidad entre nosotros, una democracia en la que no se escamotean las diferencias, pero se las respeta y se las necesita, para mantener una atmósfera vivible, que nos 'forma' sin uniformarnos”.

El especial

70 años son una de las razones para el trabajo de este especial. Entrevistar a los profesores de una escuela emblemática para la Universidad Central y la cultura venezolana es, más que una tarea, un homenaje al legado de todos los que han formado dentro de estos salones a las generaciones que hacen vida dentro y fuera de la academia. A pesar de los contratiempos –paros, presupuesto, inseguridad, condiciones de la infraestructura– todos los años hay nuevos ingresos y nuevos graduados; congresos, charlas, presentaciones; autores clásicos y otros más nuevos; letras que siguen en la lectura del país.

Estas preguntas no son sino una pretexto para cavar dentro de la memoria sensible y afectiva de cada uno de los protagonistas. En palabras de la profesora María Fernanda Palacios: “No se necesitan fechas ni excusas para celebrar a la Escuela”.

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