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70 años de Letras, habla Mario Morenza

La Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela celebra siete décadas de su fundación. Este especial reúne una serie de entrevistas a los profesores que han sido formados en sus salones y continúan con ese proceso de enseñanza

Mario Morenza

Cortesía

 Mario Morenza suele colaborar con las publicaciones del Instituto de Investigaciones literarias. Su última colaboración fue Prueba de sonido. El discurso social de las narrativas musicales, un libro que recoge vínculos entre la literatura y la música

Mario Morenza se define como “Obrero de la Literatura, vallecochero y ucevista”. Ejerce la docencia en el Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela y en la Escuela de Letras. En 2008 publicó La senda de los diálogos perdidos y Pasillos de mi memoria ajena. Sus relatos obtuvieron los siguientes reconocimientos: en 2008 su cuento “Vitrum” es seleccionado para integrar la Antología de la Novísima Narrativa Joven Hispanoamericana. En 2010 y 2011 es finalista del concurso de cuentos convocado por la Policlínica Metropolitana con “Paula Torres Miranda” y “El ciudadano del Valley Car”, respectivamente. Su relato “La verdad de las gacelas” alcanzaría una mención en el VIII Concurso Nacional de Cuentos Sacven 2011 y con las “Tribulaciones de un sensor antiplagios” ganó el concurso de cuentos de El Nacional en su edición número 71°.

Sus cuentos pueden encontrarse en antologías como Tatuajes de ciudad (2007), Quince que cuentan (2008), Escritores seriales (Mexico, 2009), Zgodbe iz Venezuele (Historias de Venezuela, Eslovenia, 2009), Mínima expresión: una muestra de la minificción venezolana (2009), El libro voyeur (España, 2010), Joven Narrativa Venezolana III (2011), VIII Concurso Nacional de Cuentos Sacven 2011 (2012), De qué va el cuento (2013) y Cuentos El Nacional. Aniversario 73 (2016)

― ¿La Escuela como una novela de formación?

O de deformación… Todo puede pasar en esas transformaciones de la novela de formación en tiempo real. Mi carrera transcurrió tanto en los salones como en el pasillo, en las bibliotecas como en los chinos. La Estrella de China y el Ling-Nam —hoy cerrado por razones que ya se deben imaginar— se disputaban la sede de nuestras tertulias postclases. Hasta una canción me inventé y llegué a cantar a coro con mis amigos de El Apéndice de Pablo (Miguel Hidalgo Prince, Hensli Rahn, Ana Lucía De Bastos, José Daniel Cuevas, Dayana Fraile, Yoel Villa, Alexis Pablo): «Cuando salgo del pasillo, pasillo / Me voy, me voy, pa’ los chinos / Me sentaré en la barra contigo / beberé beberé mucho vino / y pediremos wantón…). Asimismo, uno podía quedarse hasta las 10:00 de la noche en Tierra de Nadie, hablando de literatura y cine, o ir a bares que podíamos darnos el lujo de visitar en aquella época. Si se hacía muy tarde, un taxista y amigo, ya bastante mayor, llamado Virgilio —¡vaya nombre!—, nos buscaba y llevaba a casa, sea como fuera, transitaba la noche desde Altamira, hasta Petare, luego El Llanito, luego Coche, luego el Centro, luego Las Acacias… El Valle. Y nos cobraba como 20 bs por toda esa circunvalación. Ahora, en esta década, la cosa ha cambiado. Antes, incluso, salíamos a las 9:45 de la noche y, de allí, si era martes o jueves, días de presentaciones de libros, nos íbamos para Macondo o El Buscón en Paseo de Las Mercedes a beber vino, y hasta comprábamos el libro que se estuviera bautizando. En la actualidad es denominador común en la universidad y en el país que cuando ya dan las 7:00 de la noche sueñas con un escuadrón antisecuestro que te escolte hasta el Metro

Aquí cabe cualquier respuesta. Y creo que se me hace imposible responderla, porque cada estudiante, cada persona, llega a Letras o a cualquier carrera por intereses únicos. Un proyecto de vida, inquietudes artísticas, ama leer desde niño, o desde hace poco, descubrió la literatura; o ya tiene una carrera, ya hizo su vida y quiere estudiar ahora lo que siempre quiso estudiar ya que sus padres, abogados todos, no lo permitieron; son muchas las variantes, tal vez por accidente: una tarde, de pronto, se vio rodeado de libros infantiles en una tienda o biblioteca, o aquella profesora de séptimo les leyó un cuento de Cortázar y cambió todo. Expectativas, de cualquier tipo, desde las más románticas, en las que quizá calificaría yo, que me veo desde el tiempo y desde lejos o quién sabe si lo sigo siendo; hasta las más estratégicas, como entrar en Letras para luego cambiarte a otra carrera con más rédito comercial. Primero, desde luego, busca un título universitario que avale sus conocimientos en un determinado campo laboral.

La literatura, un arte, el arte del buen decir, de las bellas letras, de la palabra, del lenguaje; por fortuna, se ha convertido en materia para estudio, comprensión y análisis. A través de nuestra literatura podemos ser capaces de comprender lo que somos como país, pues la literatura, como lo afirma Warren y Wellek en Teoría literaria, es el alma de una nación,  es su sentir y su sentido.

En mi caso, y solo puedo hablar por mí, llegué a la Escuela de Letras porque quería escribir. Quería contar historias. Quería contar historias porque mi ídolo de la adolescencia era Otrova Gomas (Jaime Ballestas) y quería hacer lo que él hace.

Volviendo a la pregunta, sin embargo, muchos años después, me di cuenta que es una carrera, una carrera profesional, con un, si lo vemos de algún modo, amplio campo de trabajo, hoy castigado por la situación actual. «Mi búsqueda» por encontrar esas herramientas me llevó a otras cosas geniales: los amigos, los amores, el conocimiento de nuevos autores que se sumaron a Otrova Gomas y Aquiles Nazoa. Y mucho tiempo después, incluso, cuando ya había obtenido mi licenciatura, sentí que debía seguir. Que debía continuar. Una mañana Álvaro Mata me escribió que Erika Roosen y él habían estado cuadrando para inscribirse en la maestría de Literatura Venezolana. Justamente sentía ese vacío. Había leído a autores actuales, como la obra narrativa de Óscar Marcano, Federico Vegas o Keila Vall de la Ville, entre tantos otros, pero ciertamente necesitaba conocer sobre esa tradición. ¿Quiénes vinieron antes de…? Esa tradición que uno nota que se transpira en una obra de Ricardo Piglia por ejemplo. ¿Quiénes estaban antes de Marcano o Vegas? ¿De Juan Carlos Méndez Guédez o José Luis Palacios?

Entender la literatura de mi país para conectarme a ese árbol genealógico de lo que ha sido nuestra literatura, más que una «palabra escrita». Además, también, y ahora cito al dúo dinámico Warren y Wellek, descubrí que «[l]a crítica literaria y la historia literaria intentan, una y otra vez, caracterizar la individualidad de una obra, de un autor, de una época o de una literatura nacional, pero esta caracterización solo puede lograrse en términos universales, sobre la base de una teoría literaria. La teoría literaria, un órgano metodológico, es la gran necesidad de la investigación literaria en nuestros días». Lógicamente, la teoría y la crítica se convirtieron en otra herramienta para construir mis relatos, además que en la maestría, en las clases de Ángel Gustavo Infante, Carlos Sandoval, María Eugenia Martínez, María del Rosario Jiménez y Rebeca Pineda Burgos analizamos la obra de José Balza, Ednodio Quintero, Guillermo Sucre o Nelson Himiob, y hasta una tesis he hecho sobre uno de mis autores favoritos, y no solo de la narrativa venezolana: Miguel Gomes. Y así vamos. Una cosa nos lleva a la otra.

― ¿Quiénes fueron los profesores que tuvieron más impacto en su paso por la carrera?

Sin duda alguna, Alejandro Oliveros. Con él cursé alrededor de ocho clases. Literatura Inglesa, lo que ofertara sobre William Shakespeare; el inolvidable curso sobre la poesía de Petrarca, aquellos comentarios, aquella forma de dar clases. Un genio del performance y, de paso, aprendías literatura y a leer como nunca antes lo has hecho en la vida. Es que era lo más parecido a un stand up comedy. Ya ha pasado un tiempo de esas clases y nada se ha olvidado (profe, si lee esto, puede estar seguro que así lo ha sido).

 Hace poco, el profe dio la lección inaugural en el postgrado de Humanidades y Educación, sin duda la mejor lección inaugural a la que he asistido. Se tituló «Shakespeare y la importancia del estudio de los clásicos». Fue como un homenaje a la nostalgia, un concierto de una leyenda, y allí estaba, tan elocuente y certero como siempre; por otra parte, y no menos inspiradoras, fueron las clases con María Fernanda Palacios, inolvidable el curso Introducción a la Simbología en el que estudiamos la obra cinematográfica de Andrei Tarkovsky. Yo quedé abismado con las películas de Tarkovsky y me dediqué a no ver otra cosa que no fueran sus películas como por dos años. Me sabía parlamentos enteros. En más de una ocasión parodié esta escena en el salón de dirección de Letras:

https://www.youtube.com/watch?v=dNiVFCWMrqI

(claro, antes de que llegara la profe)

O, guao, aquella clase de Poesía y Poetas, en el cual descubrimos —o al menos yo descubrí— que Federico García Lorca también escribía teatro entre muchas cosas más y que fue asesinado por las bestias franquistas. Cabe acotar que en ese curso fue el primer 20 que saqué con la profesora Palacios, para aquel entonces fue un hito, porque nadie, hasta el quinto semestre de los de mi generación lo había logrado.

Otro curso que me marcó, en este caso como contador de historias, fue sin duda el Taller de Narrativa dictado por Luis Felipe Castillo en el tercer semestre. Fue la época del paro y el curso se extendió, por lo que nos dio chance de leer a más autores mientras todo el futuro del país y la universidad de aclaraba. Al semestre siguiente ofertó: Literatura Española Contemporánea: en la que estudiamos novelas de Javier Marías, Enrique Vila-Matas y Antonio Muñoz Molina, ¡y leíamos por primera vez a autores vivos! ¡Autores vivos! Igualmente, no puedo dejar de mencionar al profe Vicente Lecuna que, con su estilo dinámico y juvenil, nos mostró una manera distinta de enseñar Teoría Literaria y aún hoy te deja algo nuevo con apenas cinco minutos de conversa. Es que está muy actualizado. Cuando lo veo siempre le digo: «Profe Vicente, una teoría nueva ahí». Y él me responde: «Cuéntame un chisme». Durante esos cinco minutos yo lo pongo al tanto de la farándula literaria venezolana y él sobre la postverdad, el posthumanismo o Marshall McLuhan. Te resume doscientos libros en un par de frases. Ellos formaron parte primordial de mis años de formación.

Seguidamente, luego de licenciarme, sentí que había un vacío en mis estudios literarios, eso ya lo asomé líneas atrás: la Literatura Venezolana. Algo imperdonable. Era como estar sin cédula de identidad. Un día, por cosas del destino, reflexionaba sobre estos vacíos y allí fue cuando recibí aquel mensaje de Álvaro Mata invitándome a inscribirme en la Maestría de Literatura Venezolana que ofertaba el Instituto de Investigaciones Literarias. Allí también se inscribirían grandes amigos míos, además de Álvaro: Julieta Cordero, Erika Roosen, Annabel Petit. Profes, y poco después compañeros de trabajo y lucha, como Ángel Gustavo Infante, Carlos Sandoval, María Eugenia Martínez, María del Rosario, Rebeca Pineda Burgos, Mayra Salazar, Ana García Julio, Yafi Nose, Maritza Pimentel y Antonietta Alario, formaron y forman parte de mis estudios sistemáticos de la literatura venezolana y universal, día a día, minuto a minuto, y de tarde en tarde, cuando se puede, se celebra la vida.

Por cierto, hacia septiembre empezamos a trabajar de forma ardua en el montaje de la exposición Los fundadores, un homenaje a los setenta años de la Facultad de Humanidades y Educación. La inauguramos el 2 de diciembre y a petición del público estuvo hasta comienzos de enero en los espacios del hall de la Biblioteca Central.

Y, caramba, y no solo en la UCV uno consigue maestros. Jaime Ballestas actualmente es mi amigo, un maestro, y en cierto modo también es parte de mi formación como narrador, como han sido vecinos de Coche, como El Oso, Luis Alberto Pérez. No solo los maestros se encuentran en el pasillo de Letras. De ellos hablaré en otra entrevista porque son muchos, jeje.

― ¿Qué pasa dentro de un salón de la Escuela de Letras?

Uno aprende con lo que te emociona. Y si esto no te emociona, pues no aprendes. Pero como todo es relativo, todo depende de cómo veamos la carrera, con cuál finalidad. Letras, estudiar Letras, debe ser tan riguroso como estudiar Química o Psicología. Desde el punto de vista académico abordamos el texto literario desde un punto de vista científico. No todo es puro tripeo. ¡Claro!, generalmente eso que elegimos como materia de estudio es porque de alguna manera antes nos ha atrapado.

 A la hora de concebir una clase o escribir una ponencia, el enfoque es distinto, no sería lo mismo hablar de lo tanto que gozamos leyendo El caso de la araña de cinco patas que hacer un trabajo crítico sobre la novela de Otrova Gomas. Aquí dejo el enlace de un texto crítico que escribí sobre ese artefacto de estudio (uy, ya hablo como la gente de la USB). Lo editamos en nuestra revista, Investigaciones Literarias del Instituto:

http://190.169.94.12/ojs/index.php/rev_il/article/view/3150

(una publicidad nunca está de más)

―Un episodio que siempre recuerda de sus años como profesor o como estudiante.

Guao. Son tantos. Hasta un libro que publiqué en 2007 me inspiró este pasillo, se titula, de hecho, Pasillos de mi memoria ajena, aún se consiguen ejemplares por ahí. Se trata de una suerte de parodia a las memorias, una mezcla de géneros en los que hay un largo capítulo, o apartado, dedicado al pasillo de Letras. Lo primero que se me ocurre, el primer pensamiento que me llega como un fogonazo, son mis amigos de El Apéndice de Pablo. Nosotros organizamos varios fotorecitales. Recuerdo uno en el que proyectamos estos videos que se encuentran alojados en YouTube.

He aquí algunos de aquellos videos, en su momento se proyectaron como los anunciantes ficticios del fotorecital que hicimos en el auditorio de la Facultad. Hoy se me antojan como un portal a la nostalgia, esa nostalgia de hace diez años en un país que tanto ha cambiado, de una universidad que tanto ha cambiado.

Preparadores Escuela de Letras UCV:

https://www.youtube.com/watch?v=i4ViuD2Rr3I

Spot Lecturas de Miguel Hidalgo Prince y Mario Morenza

https://www.youtube.com/watch?v=CTEgHN4VGio

Fotocopiadores de El Pasillo de Letras:

https://www.youtube.com/watch?v=cjkCo8L1wA4

Clases UCV Letras José Miguel Vivas

https://www.youtube.com/watch?v=xrp158fRXL4

Rodrigo, el profesor amigo, Escuela de Letras UCV

https://www.youtube.com/watch?v=0FVr62fzg1Y

Le cafe du couloir

https://www.youtube.com/watch?v=chIFaQgnyA

Hubo alguno que soñé hacer pero que por falta de presupuesto era algo complicado. En la dirección de Letras, si han entrado allí, seguro les llamará la atención el Guernica que está justo encima de la biblioteca. Un día que había llegado con antelación a la clase me pregunté qué hacía ese pequeño Guernica allí. Qué ocultaba. Qué misterio atesoraba. Como estaba de moda la película Being John Malcovich se me ocurrió hacer algo acerca de toda esa inquietud que me causa. Y entonces fue que conecté la película con el Guernica de la Biblioteca de la dirección de Letras. ¡El Guernica ocultaba un pasadizo secreto a la mente de Rafael Castillo Zapata! La idea solo llegó a comentario. Tal vez algún día se haga ese corto jeje  ¿Quién sabe?

También, por aquella época, un día en la que había una fatigosa cola en la avenida Río de Janeiro, yo iba en camionetica del trabajo a la universidad, se me ocurrió, de un tirón, lo que llamaría junto con El Apéndice de Pablo, el himno del Letras. De vez en cuando lo cantamos por ahí, en algún cumple, cuando viene al país alguno de nuestros integrantes. Es muy cursi, pero hermoso, sí, lo cantamos y se nos pone la carne de gallina. Casi que te sientes como en una escena de La La Land. Para la próxima deberíamos hacer el video, capaz y se vuelve viral en la red.

He aquí los enlaces a los blogs que hicimos por aquellos tiempos:

                http://elapendicedepablo.blogspot.com/

                http://elapendicedepablo2.blogspot.com/

                http://elapendicedepablo3.blogspot.com/

                http://elapendicedepablo4.blogspot.com/

                http://elapendicedepablo5.blogspot.com/

                http://elapendicedepablo6.blogspot.com/

                http://elapendicedepablo7.blogspot.com/

―Si pudiera hacer algún cambio en la Escuela, teniendo en cuenta los tiempos actuales, ¿cuál sería?

— En a la Escuela de Letras como en el Instituto de Investigaciones Literarias, como en cualquier otra Facultad, escuela, oficina, instituto, de nuestras universidades, seguimos de pie, trabajando. Pensando el país y generando, que eso es para lo que estamos, investigación y conocimiento. Desde luego, estas investigaciones y conocimientos han sido atacados, castigados, fustigados de diversas formas desde el poder. No recursos, no seguridad en el campus (robos a granel), una situación convulsa que hiere la concentración.

Debemos hacer mil cosas para sobrevivir, redondearnos el sueldo, buscar alternativas en la calle, fuera de la universidad, para poder seguir manteniéndonos aquí. Cuando comencé a trabajar en el Instituto, lo que devengaba de alguna manera financiaba mi trabajo como contador de historias. Ahora debo salir a buscar tigres para financiar mi resistencia en la UCV. Pero no es cosa rara, leemos novelas como La carretera de Nelson Himiob o Fiebre de Miguel Otero Silva y nos damos cuenta que a eso siempre han jugado las tiranías,  o como quiera que se llame esta forma sádica de poder: al desgaste, a nuestro desgaste. Y no culpo a todos aquellos que ya no han aguantado más y han renunciado, con toda la razón. Se han ido, de la universidad, del país. No son menos fuertes ni más débiles que nadie. En 2016, no fueron pocos los talleristas que se me acercaron para decirme que durante agosto consiguieron un buen trabajo de ocho horas que no le permitiría llegar a las 4:00 a clases.

Por supuesto, después de decir todo esto, me gustaría una posición más frontal y constante hacia ese poder que nos aplasta. Constante y novedosa en cuanto a variantes de protestas se refiere. Un buen amigo me comentaba en estos días que la oposición a veces actúa por compulsión. Protestamos y todo se queda allí, en una fecha, en una mañana y no hay una secuencia. «Nadie sabe qué puede pasar» es un lema que define este año. Pero cómo le pides a la gente que se invente una forma novedosa de protesta cuando la prioridad es comer.

―La Escuela de hoy y la Escuela de ayer, ¿cuál es la diferencia entre su generación y la actual?

Esta generación es diferente, la de mis profes lo fue también. La mía lo ha sido. Cada quien escribió y escribe su novela particular, sus épicas, que serán contadas después, en entrevistas como esta o en nuestros libros de memorias, jajajaja, quién sabe

―Según su criterio, ¿cuáles son los libros que debe leer alguien que ha pasado por la Escuela de Letras?

Ciertamente hay libros por los que uno tiene que pasar, como alcabalas. En el negocio de la literatura son ineludibles. Atesoro los Diarios de Kafka que me obsequió la profe Palacios, hacia el final de un seminario de Simbología al que asistí como oyente. Los tengo en mi biblioteca, como si se trataran de dos bloques de memoria de aquellos años. De vez en cuando vuelvo a ellos, y vuelvo a la dedicatoria. Esta es una pregunta que promueve las listas, esas que tienen ese aire de antojo, listas en las que seguramente dejaré por fuera a tantos autores y que, te apuesto, muchos de los que nombraré, ni aparecen en el folleto de Letras. Pero son novelistas, narradores, cuentistas, a los que los autores canónicos del folleto me llevaron. He aquí mi Dream Team de autores imprescindibles para graduarte en Letras-UCV, listas de cinco en cinco, como si se tratasen de equipos de baloncesto. ¿Vale? Si no los leen, mejor regrésense por la rampa, jajaja.

Actualmente dicto un taller de escritura en la escuela: Mares de narrativa; y muchos de estos autores los recomiendo para las clases. Haré varias sub-listas, porque, bueno, mucha gente se mete en Letras porque quiere ser poeta, y otras tantas porque quieren ser narradores. Y otras tantas porque quieren ser ensayistas. Y otras tantas porque les gustó esto y quieren ser profes, investigadores o todas las anteriores. En este negocio, tenemos que ser toderos, como afirmaría Luis Barrera Linares en La negación del rostro.         

He aquí mis listas:

AUTORES INELUDIBLES, SÍ, PARA LICENCIARTE EN LETRAS

Homero

Kafka

Borges

Shakespeare

Cervantes

AUTORES INELUDIBLES PARA OLVIDAR CUALQUIER GUAYABO

Juan Rodolfo Wilcock

Juan José Arreola

Chuck Palahniuk

Tibor Fischer

Augusto Monterroso

AUTORES INELUDIBLES SI LO QUE TE GUSTA ES LA NARRATIVA

Roberto Bolaño

Rubem Fonseca

Jonathan Lethem

Bernardo Atxaga

Juan Villoro

AUTORES INELUDIBLES PARA HABLAR DE ELLOS EN PAJARITOS, LA SARDINA, LA GUACAMAYA, LAS TRES G…

Felisberto Hernández

Macedonio Fernández

Junot Díaz

Julio Ramón Ribeyro

Enrique Vila-Matas

AUTORES INELUDIBLES SI AMAS LOS GATOS

Chaparro Mediedo, por El opio de las nubes.

Juan Carlos Chirinos, por el relato «Leerse los gatos».

Renato Rodríguez, por El bonche.

Moacyr Sclair, por Max y los felinos.

Roberto Martínez Bachrich, por su cuento «Los gatos negros».

POETAS INELUDIBLES PARA RECITAR EN UN JAMMING

Juan Sánchez Peláez

Guillermo Sucre

Lucila Velázquez

Miguel James

Luis Enrique Belmonte

LIBROS INELUDIBLES PARA LEER EN UNA COLA/O METRO

Diario del Nautilus, de Antonio Muñoz Molina.

Segundo Libro de Crónicas, de Antonio Lobo Antunes.

Tardes felices y Ruedalibre, de Salvador Fleján.

Antología de la literatura norteamericana, de Neal Pollack.

¿Hay vida en la Tierra?, de Juan Villoro.

LIBROS INELUDIBLES SI AMAS EL ROCK

Arrecife, de Juan Villoro.

Alta fidelidad, de Nick Hornby.

Drop City, de T. C. Boyle.

Todavía no me quieres, de Jonathan Lethem.

¡Qué viva la música!, de Andrés Caicedo.

LIBROS INELUDIBLES SI AMAS BEBER

Las puertas del Edén, de Ethan Coen

Pulp, de Charles Bukoswski

Vidas escritas, de Javier Marías

Los inmortales, de Manuel Vilas

El gran sueño del paraíso, de Sam Shepard

― ¿Cuál es la función del letrado en la sociedad venezolana?

Una de los más grandes vacíos que tenemos los venezolanos es que no hemos sabido definir con certeza lo que somos. Ya he asomado algo en las primeras preguntas sobre la situación. La actividad que implica el estudio sistemático de la Literatura nos va a llevar a descubrir esa esencia de lo que somos. Por ejemplo, Alejandro Moreno Olmedo en un ensayo llamado «Suma del pensar» analiza la venezolanidad a través de una selección de textos de nuestra narrativa.

La narrativa del patio nos ofrece claves de lo que somos. Justamente hace días, conversaba por Skype con Jorge Carrasquel y me comentaba que, parafraseando a René Girard, los que mejor muerden la esencia de lo humano son los escritores, sobre todo aquellos que han hecho de su literatura una memoria reflexiva de su propia experiencia. A través de la palabra podemos ser capaces de vernos a nosotros mismos y de entendernos. De activar un diálogo con nuestro pasado. La verdad a través de la ficción. En la actualidad, no lo dudo, se están escribiendo muchos textos narrativos y de no ficción y de investigación, que retratan, sin tapujos, y sin líneas editoriales progobierneras (o pro régimen) lo que nos pasa por encima.

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