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70 años de Letras, habla Marco Rodríguez

La Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela celebra siete décadas de su fundación. Este especial reúne una serie de entrevistas a los profesores que han sido formados en sus salones y continúan con ese proceso de enseñanza 

Marco Rodríguez

Carlos J. González

Marco Rodríguez en el salón 206 de la Escuela de Letras

Por David Tortosa | @Davidt_152

Marco A. Rodríguez Del Camino (Asturias, 1941). Se licenció en Letras en la Universidad Central de Venezuela, en el año 1979. Realizó estudios de postgrado sobre la tradición clásica en el Siglo de Oro, en la Universidad de Córdoba, España, de 1979 a 1982. En 2006 y 2007 fue profesor invitado en esa misma universidad. Fue curador del Museo de Bellas Artes de Caracas por un largo periodo iniciado en 1988, y ha realizado numerosas publicaciones en catálogos y en revistas especializadas. En 1966 publicó “Veramérica”, un ensayo sobre las fuentes de la imaginación latinoamericana.


Es profesor asociado de la UCV, donde ingresó como docente en 1983, primero en la Escuela de Comunicación Social y desde 1986 en el Departamento de Literatura y Vida de la Escuela de Letras. 


― ¿La Escuela como una novela de formación?


― Desde lo más elemental, diría que desea obtener un título universitario en Humanidades, por inclinación propia e interés de trabajo. A partir de la experiencia en el Departamento de Literatura y Vida, añadiría que lo llama el estudio de la literatura por su capacidad de comprender y mostrar las emociones, el modo en que nos afecta el mundo.


― ¿Quiénes fueron los profesores que tuvieron más impacto en su paso por la carrera?


― Prácticamente yo estudié Letras encantado, casi sin darme cuenta. Pasé a ella desde Antropología (que en aquella época no existía como carrera, sino como una mención de Sociología), y la causa fue haber entrado de curioso en una clase de Rafael Cadenas; así caí en la Escuela. La zancadilla me la produjo el vicio de leer; y ese señor. Claro que después, ya dentro de ella, me hice con muchas de las cosas que tratamos en los Consejos de Departamento y de Escuela; y conservo el trato en vivo y la amistad con los compañeros y los alumnos.


― ¿Qué pasa dentro de un salón de la Escuela de Letras?


― De nuevo la innata y vital capacidad de recrearse con el presente que traen consigo las obras atendidas en esta área; me parece que su enseñanza tiene de singular (mucho de lo que distingue a las Humanidades en general) el esperar del alumno una disposición introspectiva o de relación más en vivo con el meollo de los temas, de la que suele exigirse en otros estudios.


―Un episodio que siempre recuerda de sus años como profesor o como estudiante. 


―Siempre, ninguno. Pero a menudo me vienen recuerdos llenos de simpatía; también intervenciones espontáneas en el aula; trabajos de Curso y de Grado asombrosos, o reuniones profesorales entrañables de verdad.


― ¿Qué diferencia la Escuela de Letras de la UCV de las demás escuelas de Letras?


― Si pensamos en el Departamento de Literatura y Vida veríamos un área singular, aunque es posible que la profesora María Fernanda Palacios no deseara incluir ese departamento solo para separarlo de otras Escuelas de Letras. Creo que la consistencia de esa singularidad es su apertura; la disposición a atender al continuo por primera vez de cada clase, autor o tema. Esto ocurre (o debería ocurrir) en todo el entorno de las artes, e implica que los estudios en esta área estén continuamente abiertos a distintas lecturas; a la vez que exigen del estudioso un sostén válido, claro y coherente de cada paso que da.


―Si pudiera hacer algún cambio en la Escuela, teniendo en cuenta los tiempos actuales, ¿cuál sería?


― Es una pregunta compleja que no cabe, o yo no sabría responder aquí; pero tal como venimos conversando, la Escuela siempre salió al quite cuando se sintió llamada, y la literatura y su asombrosa capacidad expresiva, aportan un respaldo consistente y muy válido cada vez que hace falta.


―La Escuela de hoy y la Escuela de ayer, ¿cuál es la diferencia entre su generación y la actual? 


― En sí misma, es muy similar. Lo más notable en cuanto a variación creo que radica en el entorno; esta Escuela es particularmente sensible a la atmósfera humana que la rodea y en algún grado, no cesa de entrar en danza con ella.


― Según su criterio, ¿cuáles son los libros que debe leer alguien que ha pasado por la Escuela de Letras?


―Uno se encuentra a veces en manos de un autor magistral como si de un baño regenerador se tratara, valga decir, y cree con razón, que sería imprescindible que los demás lo leyeran; es lógico. Y por indecible suerte, con tantos siglos de respaldo contamos con un número de autores formidable (imprescindibles todos: que hay que leer), así que hasta el enumerar solamente algunos nombres paraliza la mano. Adelantándome a esa parálisis, digo por ejemplo: Homero, Hesíodo, Eurípides, Sófocles, Ovidio, I. de Sevilla, Petrarca, P. Calderón, M. de Cervantes, Ch. Dickens, W. Shakespeare, W Goethe, Sta. Teresa, S. Juan de la C., Hölderlin, V. Hugo, L. Tolstoy, F. Dostoievsky, A. Chejov, Rimbaud, Rilke, T.SElliot, T. Mann, G. Meyrink, J. Conrad, J. Rulfo, A Reyes, JL Borges, … y claro que pueden cambiarse por otros, y de nacionalidades diferentes; y sintiéndose culpable siempre por tantos nombres claves que ni por asomo caben en un comentario así.


― ¿Cuál es la función del letrado en la sociedad venezolana?


― Mostrar vías directas de tratar con la realidad que nos afecta. ¿Cómo, de qué modo?: escribiendo, dando charlas, enseñando, aconsejando lecturas. Su experiencia lo respalda para animar los demás a atender sus propios estados de ánimo, para empezar. Enfrentar la depresión, la mera zozobra; o la desmesura; tantos obstáculos como ya nos traban desde adentro. Plantear temas que nos devuelvan a nuestros zapatos, nos hagan pensar mejor.