Histórico

Tres poemas de Tracy K. Smith

El alma La voz es clara. Pesa. Como piedrasAbandonadas en aguas tranquilas, ocaídasUna tras otra desde un muro bajo.Quiebra cuanto recuerda.No deja señales, pero las conserva.Y el silencio que la rodea es una puertaPerforada por la luz. Una prendaQue marca los senos, la intimidadEntre los muslos. El cuerpo es lo que nos empujaTensándose al avanzar, bailando al alejarse.Pero es la voz la que nos invade. InclusoSin decir nada. Incluso sin decir nadaUna y otra vez ausente de sí. Contrincante Se pone hecha un basilisco. CreoQue eso le gusta. Como un trapo escurrido, o un cableEnrollado a un mueble. Y la presión, la fuerza brutaQue se necesita para aguantar cosas así, para impedirQue se enderecen, depende de ella el Mantenerla. Ella es como una tetera a punto de estallar.Todo ese vapor deseando ascender y salir.Me cansé de verlo, los ojos Enrabietados contra lo propio,Las palabras hinchándose en el pecho, y despuésLa voz descontrolada contra cualquiera. Le gusta escucharlo, su garganta roncaDe disparates y con esa historia que tiene queRepetir una y otra vez, no importa. ¡Despegue!, le gusta pensar, aunqueLo que venga a la mente hasta ahoraSea terrenal. Un viento local. Fresco y suave. La buena vida Cuando algunas personas hablan de dineroLo hacen como si este fuese un misterioso amanteQue se marchó a comprar leche y nuncaRegresó, y eso me hace sentir nostálgicaDe los años que viví a pan y caféHambrienta todo el tiempo, yendo al trabajo en día de pagaComo una mujer que viaja en busca de aguaDesde un pueblo sin pozo, viviendo entoncesUna o dos noches como todos los demásA base de pollo asado y vino tinto.