Histórico

Tres poemas de Rosalía de Castro

 XXVYa no mana la fuente, se agoto el manantial;ya el viajero allí nunca va su sed a apagar. Ya no brota la hierba, ni florece el narciso,ni en los aires esparsen sus fragancias los lirios. Solo el cauce arenoso de la seca corrientele recuerda al sedimiento el horror de la muerte. ¡Mas no importa! A lo lejos otro arroyo murmuradonde humildes violetas el espacio perfuman Y de un sauce el remaje, al mirarse en las ondas,tiende en torno del agua su fresquísima sombra. El sediento viajero que el camino atraviesahumedece los labios en la linfa serenadel arroyo que el árbol con sus ramas sombrea,Y dichose se olvida de la fuente ya seca. XLIIICuando en las nubes hay tormentasuele haberla también en su pecho;mas nunca hay calma en él, aun cuandola calma reine en tierra y cielo;porque es entonces cuando, torvoscual nunca, riñen sus pensamientos. XLVBusca y anhela el sosiego?,mas? ¿quién le sosegará?Con lo que sueña despierto,dormido vuelve a soñar:Que hoy como ayer, y mañanacual hoy, en su eterno afánde hallar el bien que ambiciona?cuando solo encuentra el mal?siempre a soñar condenado,nunca puede sosegar.