Histórico

Lo que les falta es clase

Son unos malandros de barrio bajo. La vulgaridad y la fanfarronería es su estandarte. Cabello es el jefe de la fracción, pero el vocero es el diputado carroña, un llanero de origen humilde del cual valdría la pena averiguar de dónde sacó los reales para vivir en una casa en La Lagunita, una urbanización no precisamente de tierrúos, en donde ha residido otro revolucionario cabal, el defensor Tarek William Saab. ?Ser rico es malo?, decía mi comandante. No lo digo yo. Este es un gobierno de malandros de barrio bajo, de resentidos sociales, no de reivindicadores sociales. Fue verdaderamente repugnante ver al diputado carroña pavonearse el día de la instalación de la nueva Asamblea Nacional, mirando para congraciarse a Cilia y a Diosdado, por la fanfarronada de haber pedido la palabra prometiendo que iba a proponer sus candidatos para la mesa directiva y/o los secretarios del cuerpo legislativo y después no lo hizo, sino que se puso a hablar una serie de pistoladas. ?Me la comí?, decía con la sonrisa con la que miraba a su alrededor, violando el reglamento de debates y sobre todo, la dignidad institucional del Parlamento. Este es un régimen de malandros y mal hablados, que empezaron vulgarizando al país desde la propia Presidencia de la República, como cuando Chávez dijo que la victoria de la oposición era una plasta, queriendo minimizar su derrota en el referéndum que propuso para imponer una reforma de la Constitución; o como cuando para dar el mejor ejemplo de respeto a la condición humana de la mujer venezolana, anunció por televisión a quien era su esposa en el momento que lo esperara, que ya él iba a darle lo suyo. Chávez degradó la presidencia y sus acólitos se encargaron de degradar la Asamblea Nacional. Así que no es de extrañar que el diputado carroña llame cabrón al nuevo presidente del Poder Legislativo. Son unos palurdos y acomplejados que expresan su degradación no solo de palabras. Sus obras en favor de la clase trabajadora y de los más pobres están a la vista. No hay nada para nadie sino para ellos. No se consigue nada. No hay comida, no hay medicinas, y si las hubiera, no hay real para comprarlas. Odian supuestamente a la burguesía, pero les encanta lucir carteras, vestidos, relojes, zapatos, corbatas y trajes de los más costosos, de miles de dólares por prenda; les encanta vivir en casas de rico, viajar en carros de rico, en aviones de rico y comer, beber y festejar como ricos, a pesar de que ?ser rico es malo,? como dijo mi comandante. ¿Por qué es que no aceptan que perdieron las elecciones parlamentarias? Porque no son demócratas. ¿Por qué no aceptan el diálogo y la concordia? Porque no creen en eso. El otro no es visto como adversario, como un conciudadano, sino como enemigo. La política para ellos no es el arte de la negociación, sino de la imposición. Razonan como quien se abroga la representación de la clase proletaria que quiere acabar con la representación de la burguesía. La burguesía y sus representantes deben ser derrotados; acabar con el otro polo de la contradicción burguesía-proletariado del sistema capitalista, para que el proletariado y sus representantes, con pleno sentido colectivista, abran el camino hacia una sociedad sin clases, la sociedad comunista; sociedad en la cual ya no creen ni los chinos ni los vietnamitas, los comunistas serios de este planeta, y los cubanos cometieron la blasfemia de entenderse con el imperialismo. Estos tipos no son ni comunitarios ni comunistas. Hasta eso les queda grande. Esa es la fachada detrás de la cual quieren esconder sus incapacidades, o, más bien, su inmensa capacidad para taparear lo intapareable. Esas son fantasías en las cuales estoy seguro un tecnócrata camisa parda como Diosdado no cree, así se ponga la camisa roja. Lo que importa es rescatar al ?pollo? que la DEA intentó apresar en Aruba, quien se salvó amparado en un pasaporte diplomático. Los gringos como que se prepararon mejor la segunda vez, porque esa clase de pasaporte no les funcionó a los sobrinos de la primera comandante, acusados de traficar cocaína en un tribunal de Nueva York. Los escándalos de corrupción del régimen chavista no son por millones de bolívares o de dólares, o por haber enviado una plata de la partida secreta para reforzar la guardia presidencial de la señora Chamorro en Nicaragua, por lo cual fue destituido y después preso Carlos Andrés Pérez; por ayudar a una demócrata, pues. Los escándalos de corrupción por los cuales se acusa e investiga al régimen chavista en el exterior son de miles de millones de dólares, miles de millones que en inglés los cuentan por billones. Si no, váyanse para Andorra. La decisión de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, al desconocer la elección de los diputados de oposición del estado Amazonas, e incluso declarar nulas las actuaciones de la Asamblea Nacional si no acata su decisión de echar para atrás su juramentación, es el pataleo de un régimen al que parece que hay que arrebatarle el poder más pronto de lo que propuso Henry Ramos Allup, cuando dijo que una prioridad de la nueva Asamblea Nacional es la Ley de Amnistía y la otra crear las condiciones para que en seis meses, este régimen se termine, constitucional, pacífica, democrática y electoralmente. Eso está muy bien, así como lo está también la preparación de las leyes económicas que ayuden al país a salir de la crisis. Pero los abogados y dirigentes democráticos opositores van a tener que apurarse en preparar una ley derogatoria o modificatoria de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, porque con la Corte del PSUV no se va a ninguna parte. Con esa Corte, prevalecerá el conflicto hasta que haya un estallido político social del cual no se avizoran salidas claras de beneficio para el país. Aun sin los diputados de Amazonas, la oposición tiene una mayoría que le permite cambiar esa ley y poner al alto tribunal a funcionar como verdadero garante del Estado de Derecho y de la justicia. Va a haber que apurarse y madrugar eficaz e inteligentemente al chavismo. En Venezuela no hay ninguna lucha de clases. Quienes dirigen el régimen que todavía gobierna a Venezuela carecen de ella. Ese es el problema: no tienen clase, sino para cuidar sus prebendas. Parecen no querer a su país. Eso como que no tiene ni pies ni cabeza.