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Poemas de Miyó Vestrini

Nadie parece estar ya tristeNadie parece estar ya triste.El rumor lento y grave del agua,trata de abrirse pasoy llegar hasta aquí.Impunemente,        se enumeran bienes y quejas y languideces.Algo habrá de ocurrir        si persiste este canto asonantado. Cuando levanto la cabeza de madrugadaCuando levanto la cabeza         de madrugadaes un corazón palpable         estruendoso               asfixianteocupando él solo toda la habitación,trepando hacia la ventana          como para escapar y cambiar de sitio,instalándose en el jardín del vecino Rumor de largas horas                        cortadas a golpescuando creo en la resurrección de los muertosen los verdugos desahuciadosen hilos, papeles y latas,en niños que juegan sin gritosen zuecos de madera que suenan y suenanen las malas imágenes como para irse a otro sitioen una flaca espantando ratasen los tulipanes que nunca terminan de florecer. Te oigo debajo de mí           respiras y sueñasy regresa el corazón palpabledecidido a latir                      latir                            latiry matar. Muy poco y muy gris el tiempo que te quedaSoy frágilpara los amados. Algún asesino más poderosomás fuerteme interceptó cuando cruzabael callejón de los cuchillos                          y me atajó. Silencio mujerdijode nada valdrá tu quejaen este momentoni en los otros. Muy pocoy muy grisel tiempo que te quedaen esta madrugada de perros realengosy borrachos asustados. Déjame un instantedije,medir la luz que todos los díasme recibe y me abandona. Déjame llorar un rato a solas.Pero solo había frío             en el callejón de los cuchillos.