Histórico

Poemas de Andrés Barba

RoboNos estuvo observando días enteros.Sabía cuántos éramos, cuándo salíamos, cuántotardábamos en volver.Una casa de siete es un panalde pautas previsibles.Nuestra mirada en algún punto pasó sobre la suyacomo cruza la mirada de un hombrela de un animal.Esperó el momentoy abrió nuestra puerta sin romperla.Estaba entornada al llegar.Caminaste por el pasillo a grito de                                                     Quién anda ahíla mano acariciando la pared,la tensión de tu miedo en la espalda,y al llegar al dormitorio el paisaje revuelto,los cajones sacados,los estuches rotos.Quedaba aún en el oxígeno del cuartoLa acelerada respiración del intruso,el aire que había removidosu presencia humana,su lengua áspera, sus pupilas.También el sonidopersistía como la vibración insensiblede un ángel familiar.Te diste media vuelta y me dijiste:No se te ocurra tocar nada.Eso fue lo que vino a mi memoriael día que encontraron el tumor. Un amigo ciego te toca el rostroHay un breve instante de silencioluegoextiende la mano,toca la silla que está frente a él,se inclina.Ofreces la caraSin cerrar los ojos.Las manos trepan por los brazos, recorren los hombros.Lo primero que sientes: el olor a trementina,la sequedad de la piel, la dulzurano acompañaal grosor de esos dedos,algo flota a un milímetrode ti, un halouna saciedad de la materia.Te toca los labios, la nariz, los párpados,las cejas.Y ahí en la sombra, en la fisura estelarde su cerebroalgo le hace sonreír al ciego,pero no sabes qué es. CarcajadasLo organizaste todo en un hotelde vuelta o de camino a otro lugar.El salón parecía una boda de pueblo.Sobre el plato estabanlas bolsas del cotillón:los hombres gorrito dorado y bigote de Groucho,las mujeres perlas de pega, brillantina y peluca.Bajo una luz blanca que sólo favorecía al marisco,deshicimos nuestras bolsas bromeando.El nervio sonaba entre las mesas.Comimos nuestras gambascon la inquietud de clase mediaque quiere escapar antes que nadiedel barco medio hundido.Ahí empezaron los matasuegras.Tú sonreías. Hicimosel payaso para ti, una necesidad infantil.En el primer minuto del año 2009 ya estabas riendo a carcajadas.La fuerza irrumpió en tu cerebroy lo abrió de un golpe.Más viejo y más antiguo que la misma risate pusiste en pie y nos miraste a todoscomo el primer hombre que rió:la mirada vuelta hacia el sololvidado del mundo o contra el mundo.Nunca habías reído así, nunca volviste a reír así.