Histórico

Lo esencial y lo superfluo

Al contrario de lo que cree hacer el gobierno, las acciones que este despliega, en su casi totalidad, tienen muy poco que ver con las necesidades básicas de los ciudadanos y por ende no son actos esenciales para la estabilidad, tranquilidad, seguridad, salud, correcta alimentación y adecuada instrucción de los venezolanos.Las carencias a las que nos ha obligado este gobierno mal administrador, peor planificador y pésimo gestor son de tal calibre que han convertido la sensibilidad social y política de nuestro pueblo en una continua irritación, fuente de agresiones, envidias y maltratos a unos y otros, de forma indiscriminada, con la sola finalidad de conseguir productos y servicios básicos y esenciales que han sido confiscados del uso corriente del ciudadano de a pie, que no de los enchufados y favorecidos por nexos de amiguismos o familiaridad. Siguen siendo legión los protegidos por el nepotismo y la complicidad en la corrupción. Siguen habiendo muchos miles de millones de dólares en cuentas personales de dudoso origen financiero y sospechoso origen criminal o al menos delincuencial, por decir lo menos. Continuamos viviendo bajo la inicua presión de la arbitrariedad oficial y de la ejercida por algunos entes militares o policiales en nombre de una justicia impulsiva que pretende ser equitativa exprimiendo y confiscando del comerciante, legal y socialmente constituido, sus mercancías, que luego revenden o reparten, con beneficios inconfesables, a quienes siguen estando necesitados por las carencias generadas por ellos mismos. Círculo vicioso de malignidad social y enriquecimiento ilícito.Así estamos, entre lo básico y lo innecesario, comiendo mal, con problemas para mantener nuestra salud y nuestra paz, y pendientes de una fecha en el calendario que exigirá de todos, uno y otro bando, el acto voluntario importantísimo de ir a votar. Nunca antes una votación electoral tuvo la importancia de medir verdaderamente cuánto ha calado en el ánimo del ciudadano las presiones, el miedo y la incapacidad para gobernar y echar para adelante al país más prometedor del nuevo mundo.El continuo amedrentamiento a la población y a sus líderes de oposición cobrará, en algún momento, su efecto y la sanidad mental y la resistencia de algunos se quebrantará. Nada extraño entre los seres humanos que seguimos siendo frágiles, sensibles y compasivos. Eso puede suceder y tendremos sufrimiento que llevará a la indecisión y hasta la autoexclusión física, mental y sentimental, del proceso político. Pero, también veremos el fenómeno contrario y de la aparente pasividad, sumisión y discreción podría surgir una bestial defensa personal y grupal, que de forma incontrolada y expansiva marque con sufrimiento y mucho dolor la historia de un pueblo que aceptó, por la paz y la esperanza, las más duras e inmerecidas condiciones de subsistencia, convivencia y tolerancia social y políticas.Ese es el juego maligno en el que ha caído este país. Pero, lo esencial sigue siendo básico e imperativo: ir a votar el 6-D. alvarogrequena@gmail.com@a.requena