Histórico

Episodio 1: La guerra de los retratos

Hace algunos días en un país lejano, muy lejano... La Oposición ha ganado la mayoría en el Senado. Su nuevo presidente, el legendario Ra-Mos Allup, Maestro Jedi de la Antigua República, ha ordenado expulsar a la lejana estrella de Sabbaneta todas las imágenes del extinto Comandante Intergaláctico que adornaban los jardines y salones de la sede del Poder Legislativo, amenazando seriamente la permanencia de su memoria en las mentes del pueblo y, con ello, el poder simbólico del Lado Rojo de la Fuerza. Las acciones de Ra-Mos Allup han causado un gran revuelo y consternación en la Galaxia. Algunos planetas, supuestamente afectos a la República, se han manifestado con mensajes ambiguos de complacencia hacia El Imperio. Mientras tanto los Sithputados, aliados con facciones hiperpolitizadas del Gran Ejército Imperial, planean tomar por fuerza el Senado de la Galaxia y preparan la Sala Constitucional de la Muerte para su golpe de Estado final. * Ocho apuntes de guerra, antes de escribir la película: Los símbolos también establecen relaciones de intoxicación. Un cambio de orden obliga a extirpar rastros, anclajes y representaciones de todo aquello que se pretende dejar atrás. Lo mismo que un fracaso amoroso, un trabajo mal avenido o una anécdota de duelo: hay que eliminarlo por un mandato de salud interior. Lo ocurrido en los jardines de la Asamblea no es irrespeto ni venganza ni agresión: es simple lógica de limpieza propagandística. El Imperio poschavista sometió a la Galaxia a un saqueo semántico. La destrucción-deconstrucción-deformación de los símbolos logró, a la par de una sutil desmemoria histórica, una eficaz dominación emocional. El retrato reconstruido de Bolívar, la recreación orwelliana de la mirada de Chávez, el progresivo renombramiento institucional, entre otras bicocas que se mueven entre la Constitución y el esténcil, cumplen esa función casi poética de refundar un nuevo ?Estado de afectividad? en sus receptores. Por eso, y al no tratarse de una dominación material, sino sentimental, es exponencialmente más arrecha. La pérdida del Senado ha sido el golpe político más grande que ha recibido el Lado Rojo de la Fuerza en sus últimos años. Fue electoral, legítimo, constitucional y no violento. El aluvión de pezuñas y desechos cósmicos es predecible: cualquier cosa que hagan de aquí adelante vendrá condicionada por la herida que los convoca. Y eso es un peligro. El Imperio poschavista, fiel a su probada maestría mediática, apuntará como siempre a la distracción. Esta guerra que ahora se inventa (y que probablemente ya fue cambiada por otra al publicarse estos apuntes), inserta en la opinión pública ese tomaydame estelar que tanto nos divierte, mientras los poderosos hacen sus maromas en el amplio entramado institucional que aún les pertenece. El poschavismo sabe moverse muy bien en su planeta: un Estado monstruoso, pesado, a la vez que laxo, maleable y complaciente. Eso les da la aparente ventaja de poder negar su propia creación, de poder anular su propio parto. El conflicto de los tres diputados que el TSJ pretende lanzar al vacío no debería amenazar la hermosa asimetría de la nueva Asamblea Nacional. Mucho menos su legitimidad ni su inmenso espíritu de representación popular. Y si así lo hiciere, que Dios y el fantasma del fujimorazo se lo demanden. No olvidar que la Fuerza nos trajo aquí. La Fuerza es mayoría. A los ciudadanos comunes, a los que pusimos el entusiasmo y el voto, nos toca el difícil ejercicio de la confianza. Confianza en los que elegimos para representarnos, confianza en los que irán todos los martes y jueves a sesionar con un sable de luz en la boca. May the force be with you y con nosotros. Amén. @zakariaszafra