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Un dolor lumbar prolongado puede ser señal de espondiloartritis

El dolor crónico articular y la rigidez lumbar no deben considerarse simples achaques de la tercera edad. El reumatólogo Ricardo Riera aclaró que, contrario a lo que suele pensarse, las enfermedades inflamatorias autoinmunes, como la espondiloartritis, suelen comenzar a manifestarse durante la juventud, afectando la columna vertebral y articulaciones del hueso sacro. El galeno explicó que la espondiloartritis tiene su más alta incidencia en jóvenes en plena edad productiva, entre los 20 y 35 años, y es inusual durante la infancia o la adolescencia. El progreso de la enfermedad y la falta de tratamiento impactan la calidad de vida de la persona, debido al dolor crónico, fatiga y restricciones de movilidad por complicaciones extra articulares. El progreso de la enfermedad y la falta de tratamiento impactan la calidad de vida de la persona, debido al dolor crónico, fatiga y restricciones de movilidad por complicaciones extra articulares.Dolor continuoLas recomendaciones médicas hacen hincapié en que el paciente debe acudir al reumatólogo si hay inflamación articular o dolor lumbar inflamatorio que dure más de seis semanas. Por lo general, los síntomas se acentúan durante las horas de descanso, provocando interrupción del sueño y rigidez al despertar.Múltiples investigaciones han demostrado el efecto favorable del ejercicio físico, siendo los de bajo impacto los recomendados en fase activa de la enfermedad. La actividad ayuda a acondicionar los músculos, incrementar el flujo sanguíneo y la flexibilidad. También se recomienda el mantenimiento de la postura corporal correcta cuando se está acostado, sentado o de pie.DespistajeEn muchos casos la enfermedad se presenta con síntomas muy leves, lo que dificulta su diagnóstico. El doctor Riera indicó que cuando esto ocurre se buscan manifestaciones extra articulares, como: diarrea con moco y sangre, inflamaciones o ulceraciones en glande, ardor y secreción al orinar, psoriasis, uveitis o inflamación interna en el ojo e inflamación en la unión de los tendones a los huesos, particularmente del tendón de Aquiles. Estos pueden ser indicadores de una afección autoinmune.