Histórico

Cuatro poemas de Miguel Casado

IEn cualquier momento vamosa quedarnos sin luz, entraráel agua por la ventana. Así se ha idomoviendo lo negro hacia lo más negropor el espesor del cielo. No vuelanlos vencejos. No sé si los ruidosde la ciudad se han vuelto meteorosy explotan en el aire,en algún lugar de los montes.Con uniforme azulbarre una mujer las acerasdel jardín, prepara el polvopara el sorbo de lluviaque aún no cae. IIEspero que la semana empiecemirando las paredes de ladrilloy el movimiento de los paraguas, las gotasque golpean con fuerza sobre las mesasapiladas en el exterior, dos niñoscruzan en patinete, vanasí al colegio con mochilas rojas.Lo que llena la viday es con ella nada, año, lo quees todo, intensa ruina, juegode sombra. El camarero colocalas tartas del día, y yo me adaptoa mi papel: escribo en la mesade madera, mirando la lluvia,de buena mañana. Como si un poetaeuropeo pudiera ser intemporal. IIIVengo de un país que tienesu corazón en ruinas, anotomentalmente las casas hundidas,las placas que conmemoranlo que no hay. No vuela la avutarda,y alguien ordeno cubrircon una capa de hormigón el pequeñocementerio en un lado del claustro,sus losas silenciosas. Caso de higiene, dijo,y era el hilo de la vida y la muerte,solo el verde intenso del campoatravesó los siglos. Tampoco los nombresse recuerdan de quienes decidíanlos derribos. Una tradiciónen ruinas, a cencerros tapados,anoto los que no fueron dóciles. IVTraigo a la mesa el zumode naranja en los vasoslevemente azulado. De su propiaenergía parecen que manaran burbujas,con lentitud se saborean, las fibrasblandas de pulpa, la acidezestimulante. Levantamosel paréntesis del vaso, recuerdode la tarde de primavera, el limpioperfil de los cipreses, que estáahí mismo, donde no estamos.Como si la llamáramos a nosotros,le dijéramos que nos espere.