Histórico

Cuatro poemas de Joan Margarit

Lejos Un perro abandonado va por la carretera, busca la esclavitud en el peligro. Cuando anochece, Jadeante, le quedan aún fuerzas para ladrar a los primeros faros, que lo deslumbran. La carretera pasa junto al mar en una costa abrupta. El mundo puede ser bellísimo, pero tiene que incluir la humillación. Soñar tan sólo es buscar un amo.   Defensa propia Muy pocos libros me deslumbran, y queda poca música que pueda consolarme. Son las ratas del tiempo. Nada dejan. Me esfuerzo para mantener el brillo del oro humilde que conservo aún. Por esto hablo con los que no están, lo hago sonriendo y no voy nunca a ese lugar de la muerte lo es de oficio y las flores son más feas. En saber estar triste hay energía. La última en perderse. Más allá quedan pocos libros, poca música capaces de aguantar un entusiasmo que es el del animal y la pobreza.   Como un Rambrandt De un lado están los campos, Las tinieblas que cruzan el jabalí y el zorro. Del otro, el enlosado del patio al que barniza el haz de luz dorada que sale del portal. Es como una expulsión que a la vez tiene la fuerza de acoger. Nuestra última puerta. Recupero el viejo impulso, el rayo luminoso en esta oscuridad en la que amar es dónde.   Niebla Nunca algo tan humilde me ha acompañado tanto, convirtiendo en refugio mis mañanas de invierno. Ni con tanta paciencia nadie estuvo mirándome desde ventana alguna. Como si alguien cuidara de mí tras los cristales. No salir más. ¿Adónde?