Histórico

La Barbie meca?nica: los juguetes y el sexismo

Hace algu?n tiempo exploto? una pole?mica por un nuevo juguete de la compan?i?a espan?ola Berjuan. El objeto en cuestio?n es un bebe? de pla?stico llamado Bebe? Gloto?n, que llora cuando tiene hambre y su duen?a debe amamantarlo. Dado que el producto va dirigido a nin?as pequen?as, no se trata realmente de amamantar. El Bebe? Gloto?n viene con un peto que posee dos flores de tela bordadas en el lugar al cual corresponden los pezones. Cuando el bebe? llora, la nin?a, con el peto puesto, debe acercar su boquilla a una de las flores y, luego de sonidos de succio?n emitidos por el juguete, dejara de llorar. La indignacio?n del pu?blico no se hizo esperar y ahora el u?ltimo invento de Berjuan ha ocasionado pole?mica en el mundo entero. Algunos se muestran preocupados con respecto a la idea de que este producto podri?a promover el embarazo adolescente y crear traumas de maternidad prematura.El realismo en un bebe? de juguete con el que jugaran las nin?as es, sin duda, un tema delicado. Sin embargo, existe un problema mayor que se viene dando desde hace de?cadas de la mano del boom publicitario en los an?os sesenta. Todo comercial de la industria de los juguetes toma una premisa separadora: hay juguetes para nin?as y hay juguetes para nin?os. Los productos de entretenimiento infantil se dividen en el sexo de su pu?blico. Pero au?n ma?s preocupante es lo que se decidio? otorgarle a cada uno. A los nin?os se les venden carros, aviones, espadas, figuras de accio?n de todo tipo, mascotas meca?nicas, instrumentos de construccio?n, implementos deportivos, etc. A las nin?as se les vende, en su gran mayori?a, mun?ecas y bebés para que cuiden.Males como el racismo y el sexismo pertenecen al conjunto de enfermedades sociales que se vei?an con mayor fuerza an?os atra?s. Pero ni el racismo ni el sexismo han sido completamente eliminados. Capaz lo que haya disminuido sea su violencia y la cobertura media?tica suele crear la mentira de que ni siquiera existen. A la menor muestra de ellos, la indignacio?n no se hace esperar. Lo u?nico seguro es que existen y au?n son fuertes en la sociedad actual.La mun?eca Barbie, lanzada en 1959 por Mattel, Inc., soli?a ser un ejemplo del machismo arcaico. Se le vendi?a a las nin?as de la e?poca una mun?eca con distintos atuendos que aparentemente su u?nico trabajo era lucir espectacular, segu?n el esta?ndar de belleza pop americano. Rubia, sonriente y de proporciones increi?bles, la Barbie solo cambiaba su vestimenta. Ya sea en traje de ban?o o distintos atuendos a la moda, la mun?eca pareci?a no hacer ma?s nada que vivir una vida de goce. Esto fue notado y criticado hasta que vino una reforma en la creacio?n ma?s exitosa de Mattel. Surgio? la Barbie doctora, la ejecutiva y la exploradora, entre otras.Ma?s alla? de los cambios en el mismo concepto de la mun?eca y el bebe? artificial, no cambia el hecho de que a las mujeres se les ha limitado el campo de entretenimiento en su infancia con lo u?nico que se cree adecuado para ellas. La publicidad no imagina una nin?a que sienta intere?s por un juego de construccio?n o un carro a control remoto. Incluso los kits de deporte cuentan con comerciales donde solo aparecen nin?os, como si la participacio?n de mujeres en campos deportivos fuese inexistente.La publicidad ha sido uno de los creadores de esta divisio?n sexista. Desde los an?os sesenta se ha venido llevando a cabo una cruzada por establecer que ciertos juguetes son para hombres y otros para mujeres. Un ejemplo sencillo y cotidiano sería cómo nunca se ve a una nin?a en los comerciales de carros a control remoto, a menos que este sea un automo?vil rosado, disen?ado pensando en el pu?blico femenino.Con la evolucio?n que se ha venido dando poco a poco con respecto a estos temas, aún parece ser que el reino de las mun?ecas y los bebe?s continuara?n con el monopolio de los juguetes infantiles para el ge?nero femenino. La variedad de recreacio?n le sigue perteneciendo a los varones y nuestra mente sigue siendo demasiado atrasada para ver la equivocacio?n en ello. Nos falta mucho por aprender.