Entretenimiento

Siempre entregar. Homenaje a María Fernanda Ferro

Palabras de Luigi Sciamanna, autor de “La novia del Gigante”, pieza clave en que este dirigiera el trabajo de Ferro; reconocida también por “Hamlet”, “La Señorita Julia”, “Vírgenes negras”, “El rey se muere”, “El sueño de la razón produce monstruos” (basada en “El proceso” de Kafka), “El jardín de los cerezos” de Chéjov y “Demonios” de Dostoievski

La novia del Gigante

Luigi Sciamanna | Blog de Adán Zárate

 María Fernanda Ferro Marotta en “La novia del Gigante” (2012)

La novia del Gigante

Luigi Sciamanna | Blog de Adán Zárate

 María Fernanda Ferro Marotta en “La novia del Gigante” (2012)

La novia del Gigante

Luigi Sciamanna | Blog de Adán Zárate

 María Fernanda Ferro Marotta en “La novia del Gigante” (2012) 

La novia del Gigante

Luigi Sciamanna | Blog de Adán Zárate

 María Fernanda Ferro Marotta en “La novia del Gigante” (2012) 

Hamlet

William Shakespeare

 “Hamlet” (1990-1991) dirigido por Guillermo Díaz Yuma. Premio Marco Antonio Ettedgui 1991 Mejor Actriz: María Fernanda Ferro

La noche de Molly Bloom

José Sanchis Sinisterra

 María Fernanda Ferro Marotta en “La noche de Molly Bloom” (2004), adaptación del monólogo final del “Ulises” de James Joyce

Ferro. No me alcanza para ti una fotografía en la portada. No puedo decir que soy el que más te conoció, pero cuando estuvimos cerca, qué cerca estuvimos. Cuánto nos dimos. Cuánto soñamos. Cuánto sufrimos. Cuánto anhelamos. Cuánto gozamos. En la ventana de la cocina hay una planta. La planta de Lidia Montalcini. Esa planta se marchitó hace una semana y la podé. Ayer domingo comenzaron a brotar, de sus flacas ramas, pequeñísimas hojas bebé que serán adultas más adelante. Dios, cuántas locuras inventamos en El proceso y justo ayer le di un apretón de manos a Franz y hoy esto... Mi jorobadita ya no está. Y tres días de teléfono por Franz y Albert. Era más lo que nos dábamos fuera de escena que en ella. Era más lo que jugábamos entre cajas que frente a la audiencia. Quién podría imaginar todo lo que intercambiábamos para apenas encontrarnos un segundo en la burocrática Praga imaginada por Elizabeth Albahaca. Pero era nuestro segundo. Y volvimos a las locuras de la mano de Marc Caellas en 25 años menos un día. Y Carlos Caridad Montero nos hizo pasar una noche juntos a punta de improvisaciones. Las mías siempre al borde del juego. Las tuyas siempre al borde del abismo. Y lo que nos pasó en aquel ensayo y que no puedo contar aquí... Pero Chéjov nos estaba esperando y bajo el jardín preñado de cerezas por fin nos dimos lo que tanto tiempo estuvimos esperando para podernos entregar y nadie podía entrar allí, en nuestro cuadrado, aquel estrecho espacio en el que Eduardo Gil nos dejó sueltos y en el que te dije un día al oído: desmáyate y lo hiciste y noche a noche entonces te desmayabas y yo te alzaba en mis brazos como si yo fuese de ferro y tu una sciamannata. Y los ensayos juntos. Y las angustias juntos. Y el desespero. Y los desayunos embarcados. Y los encuentros dramáticos bajo la lluvia. Y los rescates. Caramba, y tus susurros en La Señorita Julia que ponían a la audiencia en vilo. Y mi carrera desenfrenada hacia el TET porque te tenía que ver en la Molly y supliqué para que me dejaran verte aunque fuese desde la cabina de luces y alguien se apiadó de mí y me dejaron pasar y desde allí pude fisgonearte como nadie y sin embargo no puedo decir que te vi, porque el teatro es así: algo ves desde entre cajas y algo desde la silla del espectador. Pero también fue mucho lo que nos reímos. El país. También está el país. Cuánto nos ha dolido y desesperado. E Italia. Porque también está Italia. Tú del sur y yo del centro. Tus ojos negros. Tus cabellos negros. Tu voz ronca. Al borde del cigarrillo el alcohol y Venus. Y las tempestades en el Espacio Plural y yo aferrado al timón sorteando tu maremoto porque sabíamos que la peor de tus noches era mejor que la más grande de muchas. Y la noche en que Antonio, tú y yo, nos fuimos los tres a ensayar a la calle para sentir el ritmo que la conversación puede tener en la noche y en la vía pública. Y tu generosidad para hablar de otros y a la vez el espíritu crítico e indomable que los dos compartimos. No ceder. No ceder. Y entregar. Siempre entregar. Qué curioso, que a pesar de todo siempre te vi como una novia. Una novia trágica, pero novia es novia, ¿verdad? Podría escribir quién sabe cuántas palabras más... El año pasado, ordenando y ordenando espacios para que la casa no se me convierta en depósito, encontré los zapatos de la novia florentina. Y los vi con tanto amor. Sonreí y me dije: mira, aquí están los zapatos de María Fernanda. Y los lustré y los dejé impecables. Los zapatos de mi trágica Cenicienta florentina. Y los guardé. Y allí están. Y a diferencia del cuento. No habrá pie que los calce. Ni ratón ni calabaza. Ni hada madrina... porque como me dijo Armando Cabrera esta mañana: en Florencia hay un Gigante que se quedó sin su novia... 

Caracas, lunes 10 de abril 2017

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María Fernanda Ferro y Luigi Sciamanna en el cortometraje Nocturno de Carlos Caridad Montero:

http://carlanga.net/nocturno.html

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María Fernanda Ferro en La Señorita Julia: