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Seis poemas de Cristina Gutiérrez Leal

Nacida en Coro, Venezuela, en 1988. Reside actualmente en Río de Janeiro, Brasil. Aquí, cinco poemas de “Estatua de sal”, su primer libro aún inédito, ganador de la XX Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre 2015; acompañados de “Sé del mar reventando contra un muro”, poema ganador del II Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2017

Cristina Gutiérrez Leal

 Cristina Gutiérrez Leal

Algo fuerte

Alguna vez el lunar entre las líneas de mis manos le reveló a una joven que “algo fuerte” había en mi pasado. No supo distinguir si fue tragedia o mediocre felicidad de infancia. Su oficio de bruja no fue suficiente para evaluar el deslave. Cuando dijo “algo fuerte en tu pasado” lo habrá dicho por inercia encantadora que atina en cualquier tristeza. Hoy veo mi lunar, las líneas de mis manos, y sé que no hubo grito roto en la mitad, jamás hubo demasiado desespero, demasiada indignación como para evacuar la podredumbre en una guerra a muerte. Hoy sé que no tengo “algo fuerte” entre las líneas de mis manos. Lo tengo en el vientre, en la nuca, en la jeta.

**

II

Mi madre no supo

el desarraigo que había en los cuadernos de la escuela.

Nunca pudo discernir

la (j)aula

de la cueva

             no advirtió

la puerta de escape

el vuelo

las huidas

los (a)dioses.

**

V

Nosotros, los torpes

miramos siempre de frente

pero las trampas vienen en los pies.

Somos expertos en caer

pero no en hacernos los ciegos.

Es tiempo de saber que cada mirada de soslayo fue ya sufrida.

Y cuando en esta casa pregunten por ustedes

             ustedes, los que se entrenan con el látigo

             se guardará silencio.

“La venganza es mía”, dice el señor.

**

Estatua de sal

Llevo los ojos en la espalda,

dándole la cara al asco.

¿Cómo, señor?

¿Cómo no mirar hacia atrás?

**

XXVI

Me han prohibido acercarme a ese árbol.

Presiento sus trampas.

Y es que ese árbol parece mirarme como por última vez.

Temo, lo admito.

Podría correr y destemplar algunos ruidos

                                                     (huir temblando sobre el suelo)

Yo que puedo moverme

                                                                 (y halarme los cabellos)

que al parecer no tengo ramas.

Me han prohibido comer de su fruto.

Y yo no tengo tentación del fruto.

Pero ese árbol sabe que puede enterrarme con él y convertir mis piernas en raíces.

He de confesar que nunca entendí el cuento del fruto prohibido

siempre pensé que era Adán o Eva quienes estaban prohibidos.

Nunca el fruto

quizás el árbol.

*****

Sé del mar reventando contra un muro

cómo me asusta cuando levanta demasiado su oleaje

cuando enfría sus aguas y es imposible.

Sé de gente buena acodada en puentes

contemplo sus miradas cristalinas y la mía se envidria

me siguen enfermando mis ojos litorales

                                                       mis costas.

He visto desde un balcón

un río que divide tres países

abrí ya muchas veces mi puerta para saludar desconocidos

ya estiré una nueva lengua

ya me senté lo más al norte posible

ya estuve en la última calle de un país

ya fui todo lo insular que pude

ya he puesto toda mi fe en un viaje

ya he querido volver y abrazar

corro tras un nuevo paisaje que se alborote en mis ojos

vivo huyendo de este lugar que soy

pero el desarraigo no me cura

no me cura.

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Los cinco primeros textos pertenecen a:

Estatua de sal

poemario ganador de la XX Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre

2015

inédito

*

“Sé del mar reventando contra un muro”:

poema ganador del II Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas

2017

inédito