Entretenimiento

“Michael Jackson se mostraba como un Jesús rodeado de niños”

Dan Reed, director del polémico documental Leaving Neverland que da cuenta de los abusos sexuales del Rey del pop, comenta las repercusiones de este filme y lo que ha supuesto para su carrera

Michael Jackson

Jackson y Wade Robson en la época en la que el pequeño formó parte de su séquito en giras

Por EL TIEMPO | GDA | COLOMBIA

La avalancha de reacciones frente al documental Leaving Neverland, que pone en la picota pública al Rey del pop, Michael Jackson, sigue creciendo.

La historia a partir de los testimonios de Wade Robson y James Safechuck, quienes revelaron haber sido víctimas de abuso sexual a manos de Jackson cuando eran unos niños, ha alimentado un contraste de emociones que van desde la defensa ciega del artista hasta el rechazo brutal a su legado.

Tanto unos como otros han trazado una línea contundente acerca del mensaje de Leaving Neverland (Dejando Neverland) que, de lejos, será uno de los documentales del año, precisamente al conseguir un impacto consistente y continuo en un formato largo de dos episodios, de dos horas de duración cada uno que transmitió HBI y que está disponible en la plataforma web HBO Go.

Unos han lanzado a la hoguera los discos de Jackson; la radio en Australia quitó sus canciones de su parrilla de programación, y hasta la serie Los Simpson hizo lo mismo con un capítulo en el que aparecía el artífice de éxitos como “Beat It”, “Bad” o “Thriller”.

Dan Reed, realizador británico de 54 años de edad y que ha desarrollado una carrera como documentalista con The Valley, Terror in Mumbai y The Paedophile Hunter, pone en perspectiva los alcances de la discusión acerca del abuso sexual en Leaving Neverland, sumados a esa fe ciega con la que la sociedad rinde tributo a los famosos y las estrellas del espectáculo.

De Leaving Neverland dice el director Dan Reed: "Es un oscuro cuento de hadas en el que adviertes acerca de los peligros de la devoción a ciegas"

-Es intenso el contraste que ofrece el documental sobre la estrella y el ser humano lleno de matices negativos

-Leaving Neverland es como una lección, un oscuro cuento de hadas en el que adviertes acerca de los peligros de la devoción a ciegas y la falta de crítica hacia alguien que se mostraba como un Jesús rodeado de niños. Mucha gente se deja llevar por esa narrativa y por el hecho de que Michael Jackson fue un ídolo que no tuvo niñez y trató de redimir esa carencia al estar rodeado de niños –pero además que pasa tiempo con ellos en la cama–. Lo que parece absurdo, aparentemente, es que haya cientos de miles de personas que creen eso, pero también hay otros miles que creen que la Tierra es plana, que hay vida extraterrestre o en teorías de conspiración para dominar el mundo.

-¿Cuál es el verdadero enfoque del documental?

-Realmente, esta no es una película acerca de Michael Jackson; el objetivo no era atacarlo, sino contar la historia de dos familias que tratan de lidiar y aprender a vivir con los terribles secretos que guardaron sus hijos. Pienso que si quitaras el nombre de Michael Jackson, el mensaje igual funcionaría (...). Lo que Jackson nos da es una increíble oportunidad de que la gente ponga atención y sepa un poco más acerca del abuso sexual infantil y, de nuevo, idolatrar a los famosos porque siguen siendo humanos.

-Muchos critican que Robson y Safechuck tardaron en contar su experiencia. ¿Cómo se ganó su confianza para que hablaran?

-He estado haciendo este tipo de documentales en los cuales hay un viaje muy íntimo a situaciones extremas, así que ahora el espectador se encuentra con los protagonistas que van contando eventos muy traumáticos, y como testigo de eso, el público termina envuelto en hechos que cambian sus vidas. Así es la manera como me gusta contar este tipo de historias, y en la que he funcionado siempre.

-¿Y, específicamente, con Leaving Neverland?

-­­Con Wade y Robson mantuve la dinámica de entrevistarlos durante mucho tiempo, pero, hablando de confianza, todo parte del hecho de que soy muy honesto y claro en la manera como presento los testimonios de las personas, tratando de que sea fidedigno. Eso hace que la gente que aparece frente a las cámaras se relaje.

-Este trabajo tiene dos partes: una, acerca del encuentro y abuso de Jackson, y otra, enfocada en las consecuencias y la nueva vida de las presuntas víctimas.

-La segunda parte fue la más difícil y en la que el verdadero sentido de este documental se cristaliza. En contraste con la primera, la imagen de Jackson es más distante, casi ni se lo menciona.

-Ahí entra lo que usted denomina el retrato familiar...

-Sí. El documental se convierte en lo que realmente es: el retrato de unas familias devastadas por revelaciones en las que Jackson no era el amigo confiable ni el gran benefactor, sino un hombre terrible que les causó una tremenda maldición. Infortunadamente, muchas de las personas que ven la primera parte no van a la dos. Eso es triste, porque mucha gente se queda con esa impresión colosal acerca de si Michael Jackson fue un abusador de niños o no. En realidad, la segunda parte me enorgullece más.

-¿Cómo fue el proceso de investigación y por qué no habló con la familia de Jackson? 

-Comenzamos tomando un atajo: investigamos todo lo relacionado con los alegatos de Wade Robson y James Safechuck. Hablamos con investigadores y agentes; revisamos las denuncias de abuso sexual de Jackson entre 1993 y 2003. Fueron miles de páginas de información y testimonios de gente que trabajó con Jackson, que había hablado con la Policía y los medios de comunicación, y con todo eso, no descubrimos algo que nos hiciera dudar de Wade y Safechuck. No quisimos enfocarnos en el chofer, la cocinera o el ama de llaves, que sí habían hablado con la prensa, buscábamos concretar algo nuevo y extraordinario con Wade y James, ya que se trataba de las primeras víctimas en salir, contar su historia y cuyo testimonio está grabado. Bueno, frente a la familia de Michael Jackson, en realidad no teníamos ninguna acusación contra ellos. Además, cuando Jackson estaba abusando de James, por ejemplo, no había nadie más en el cuarto, nadie de la familia estaba presente. Los Jackson no tienen un conocimiento directo del delito del que estamos debatiendo aquí. Tener un testimonio de ellos en el documental –acerca de que era un buen tipo y nunca les hizo nada a los niños–, periodísticamente hablando, no tiene un valor muy grande.

-Sigue en contacto con Robson y Safechuck, ¿cómo han asimilado la reacción de la gente?

-Sigo en contacto con ellos. Quiero decir que, a pesar de que los fanáticos de Jackson expresaron reacciones muy negativas al principio, también hemos recibido mensajes de apoyo. Sobre todo en redes sociales y artículos de prensa. Realmente, Wade y James experimentaron un suceso que les cambió radicalmente la vida, pero siento que ellos pasaron de ser solo odiados o criticados a convertirse en personas que han recibido apoyo y comprensión.

-¿Hay un antes y un después de Leaving Neverland en su carrera?

-En la era de la información rápida y sin contexto, no tienes tanto impacto como el que puede causar una historia larga, detallada y desprovista de sensacionalismo, que toma tres o cuatro horas para ser contada. Eso fue una revelación para mí. Y, desde el punto de vista social, esta es la primera vez que la gente ha sido confrontada con la realidad del abuso infantil.