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Diálogo entre recuerdos. Homenaje a María Fernanda Ferro

El pasado 10 de abril falleció la actriz y directora venezolana, miembro del TET por 25 años, famosa en teatro por: “La noche de Molly Bloom”, “Ferdydurke” de Gombrowicz, “La cena” de Manfridi, “El amor de Fedra” de Sarah Kane; y en cine por: “A la media noche y media”, “Postales de Leningrado” y “El chico que miente” de Mariana Rondón y Marité Ugás

La noche de Molly Bloom

José Sanchis Sinisterra

 María Fernanda Ferro Marotta en “La noche de Molly Bloom” (2004), adaptación del monólogo final del “Ulises” de James Joyce

La noche de Molly Bloom

José Sanchis Sinisterra

 María Fernanda Ferro Marotta en “La noche de Molly Bloom” (2004), adaptación de José Sanchis Sinisterra del monólogo final del “Ulises” de James Joyce

Postales de Leningrado

Mariana Rondón

 María Fernanda Ferro Marotta en la película “Postales de Leningrado” (2007) 

Postales de Leningrado”

Mariana Rondón

 María Fernanda Ferro Marotta en la película “Postales de Leningrado” (2007)

El chico que miente

Marité Ugás

 María Fernanda Ferro Marotta en la película “El chico que miente” (2011)

Soja

Gabriel Lacruz

 María Fernanda Ferro Marotta en el cortometraje “Soja” (Mérida, 2011) 

Soja

Gabriel Lacruz

 María Fernanda Ferro Marotta en el cortometraje “Soja” (Mérida, 2011) 

Cuando recordamos a alguien, lo hacemos por partes: algún gesto de su rostro, una expresión utilizada frecuentemente como muletilla de sus gustos o disgustos, algún momento compartido. Y por partes vamos armando un rompecabezas memorioso del espejo que es cada ser humano. Así haremos con esta conversación para rememorar a María Fernanda Ferro, actriz de cine y teatro y profesora de actuación, que nos dejó el pasado mes de abril.

―¿No estuvimos aquí, antes?

―Y aunque no puede acordarse, no puede olvidar.

―Y ha estado tratando de alejarse de ese momento desde entonces (1).

*

―Eso es metáfora, no realidad.

―Es un símil.

―No es realidad.

―No es una metáfora, es un símil, pero, aunque lo fuera, el carácter que define a una metáfora es que es real (2).

*

(…) cuándo se ha visto a las mujeres rodando por ahí borrachas como ellos o jugándose hasta el último céntimo y perderlo en los caballos sí porque una mujer haga lo que haga sabe dónde pararse… (3).

AO: María Fernanda iba a ser mi profesora de actuación en la Escuela de Arte Dramático Juana Sujo en 2004, pero le salió la filmación de Postales de Leningrado (Mariana Rondón, 2007) y solo nos dio dos clases. Bastaron estas para darme cuenta de su expresividad tan sensual.

EE: La primera vez que conocí a María Fernanda fue en el taller para principiantes que ella dictaba en el TET, en julio de 2009. Ya AO me había hablado de ella para sugerirme que hiciera un taller actoral. Muchos de los que estaban ahí buscaban ahondar en su intuición creativa. Yo buscaba trabajar mi timidez. Ahí conseguí a una cómplice de mi inquietud. La cantidad de ejercicios ligados al yoga me permitió, más allá de la curiosidad, conocer a María Fernanda como una mujer franca.

Así soy. Existo en columpio. Nunca quieta, nunca una cosa o la otra, siempre moviéndome de un extremo al confín más remoto del otro (1).

AO: Meses después, ese mismo 2004, yo vería una función de La noche de Molly Bloom donde ella comparte escena con Ludwig Pineda, quien a su vez sería mi profesor de voz en la Juana Sujo. En la obra, comprobé lo que había visto en el par de clases con María Fernanda: su fiereza escénica abarcaba toda la Sala Luis Peraza.

EE: Dos años después, en 2011, la volvería a ver en El Buscón, muy risueña y yo alegre porque mi mente, al verla llegar, había maquinado que le dedicara la copia de Postales de Leningrado que tenía apartada Graciela, encargada de la librería. Y María Fernanda accedió. Tal vez le resultó familiar mi rostro. Tal vez no. Ni le pregunté sino que me dejé llevar por mi máscara del idiota fanatizado, del amante de las casualidades. Ella aceptó sin dificultad alguna, sin siquiera un gesto de fastidio.

No sabemos que hemos nacido (1).

AO: Tres años después vi Postales de Leningrado. Con un tono juguetón y sin acallar el conflicto armado que plantea la película, María Fernanda mostraba a una Marta decidida.

EE: Después en 2009, Graciela y yo vimos El chico que miente (Marité Ugás) donde María Fernanda es una figura omnipresente porque es a quien busca el niño (Iker Fernández) o, mejor dicho, es sobre quien pregunta entre mentiras. Con pocas escenas, quedé deseando ver más al personaje de María Fernanda.

Algunos llamarán a esto indulgencia

(tienen suerte de no conocer su veracidad)

Algunos conocerán el simple hecho del dolor (2).

Recordar, volver a lo que nos guarece en el alma: su mirada aguzando con atención, sus ojos como buscando un reto, su risotada un tanto nasal, su manera de pasarse los cabellos muy negros y profusos de un lado al otro. En fin, las cadencias instintivas de su cuerpo.

Queda, al final, la pregunta de adónde van estos recuerdos y este diálogo truncados de lecturas, visionados y gestos cuando alguien muere. Siempre, el gesto, esta imagen primigenia de cada uno de nosotros que el otro (sea alumno, espectador o lector, como en nuestro caso; pero también sea familiar, amigo, amante) recibe, la metáfora vital del día a día con la que actuamos entre nosotros. Al final, con la partida de María Fernanda Ferro nos hacemos conscientes de lo que se recibe y lo que se pierde con la muerte. Desde la pérdida más profunda adquirimos la conciencia de un aparente sentido de lo que ella nos brindó, incluso desde sus gestos cotidianos.

Buenos Aires, 28 de mayo de 2017

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Notas

(1) Estos textos pertenecen a Crave (Ansia), de Sarah Kane, dramaturga inglesa. La pieza fue trabajada con intenciones de ser montada, en el Taller de Actuación para Principiantes que dictaba Ferro en el TET en el año 2009. El montaje quedó sin culminarse porque María Fernanda iba a empezar la filmación de El chico que miente.

(2) Estos textos pertenecen a 4.48 Psychosis (4.48 Psicosis), última obra de Kane, dramaturga trabajada por Ferro.

(3) Este fragmento es del monólogo de Molly Bloom que transcurre en el último capítulo de Ulises de James Joyce. María Fernanda Ferro interpretó a Molly en 2004, en una versión dirigida por Elizabeth Albahaca y presentada en la Sala Luis Peraza.

*

María Fernanda Ferro en Postales de Leningrado:

María Fernanda Ferro y El chico que miente: