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El cuerpo vivo de “Estado de sitio”

Años antes de ser editada como libro, la obra poética de Rubén Osorio Canales ya había sido adaptada al teatro. Ofrecemos aquí las palabras de Federico Pacanins, director de la versión llevada a las tablas, sobre el poemario ahora publicado, presentado el pasado 1° de julio de 2017 en la Librería El Buscón

Estado de sitio

Rubén Osorio Canales | fotograma

 Estado de sitio dirigido por Federico Pacanins

Buenas tardes, amigos presentes en la Librería El Buscón.

La proximidad con la poesía tiene variadas recompensas para el lector interesado. Quizás la más obvia esté en compartir claves de reconocimiento y revelación de existencia misma. La poesía parece hacernos vivir en el curioso lindero de un algo que se alude y un algo que se elude, al menos así nos atrevemos a parafrasear al maestro Julián Marías, quien mucho enseñó en materia de apreciación cultural.

Aludir y eludir, decir y callar acaso para que el lector concluya, conozca o reconozca, participe o deseche. Allí la quintaesencia del lector advertido del poema que calibra lo dicho, la palabra misma, e intima o no con ello. Y si se puede, hasta hace otro tanto con el poeta.

Lujo de vida, pues, hacer nuestro el decir de otro y, además, poder intimar con quien comparte con nosotros lo que ha escrito. Digamos Rubén Osorio Canales, caballero de palabra y honra, atento amigo presto a compartir ideas, buenos momentos y amistad agraciada con su trato de “hermano” –su sustantivo favorito–, nos dio activa participación en uno de los hechos poéticos fundamentales –quizás el más importante– de su dilatada carrera como poeta: este Estado de sitio, hoy con nosotros, mediante la muy cuidada edición de Durban Segnini Gallery, pero ya con una suerte de prólogo existencial que vale la pena recordar.

Hace cosa de unos cuatro años el poeta compartió con nosotros el texto, en la búsqueda de un necesario aliento editorial. El aliento se hizo presente pero faltó el músculo financiero, sin embargo algo interesante ocurrió. El poemario resonó aquí y allá con una vena dramática que ni el mismo Rubén sospechaba. Con esa resonancia acudimos a los jóvenes estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Monteávila, a ofrecerlo como portador de sus inquietudes en plena búsqueda de un texto teatral con profunda sensibilidad lírica y –¿por qué no?– política.

Los estudiantes leyeron y se entusiasmaron. Con el visto bueno del poeta, me permití seleccionar algunos poemas para ofrecerlos cual libreto dramático. Así los jóvenes ensayaron, y prestaron su inteligencia y destreza para dar piel escénica a Estado de sitio, con dos temporadas de funciones en los años 2014 y 2015, cuando tuve la oportunidad de dirigir a grupos que se emocionaban con el decir del poeta. La elocuencia y el fervor universitario transmitieron su emoción a las audiencias, que agradecidas llenaron salas en el Ateneo de Caracas y en el Centro Cultural B.O.D.

El hermano Rubén entonces estuvo presente, alentó y se dejó alentar con su texto dramatizado. “Al verlos a ustedes en escena”, escribió a los estudiantes, “me convencí una vez más de la necesidad de cantar y decir la poesía, de quitarle al texto poético esa suerte de sacralidad, ese ostracismo al que la condenan muchos de sus creadores (…). Ustedes me demostraron que la poesía tiene vida más allá de los libros y de la soledad del individuo. Que es un cuerpo vivo, absolutamente vivo, vibrante, lleno de una fuerza capaz de iluminar, oscurecer, entristecer o alegrar al prójimo”.

Cosa curiosa esta del poeta escribiendo sus impresiones a los jóvenes actores y, al hacerlo sin querer queriendo, pues da las claves más profundas de un particular Estado de sitio, portador de la gracia de habernos llevado, utilizando sus propias palabras, “al cuerpo poético vivo, absolutamente vivo, vibrante, lleno de una fuerza capaz de iluminar, oscurecer, entristecer o alegrar al prójimo”.

Salud, hermano Rubén. Salud y más vida editorial, y también escénica, a tu encomiable obra.