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¿Conoce usted a Nicolás Gómez Dávila?

Nicolás Gómez Dávila (Colombia, 1913-1994) es autor de una enorme obra aforística, reunida en “Escolios a un texto implícito” que, en 2009, Ediciones Atalanta publicó con prólogo del pensador Franco Volpi. Los que siguen han sido seleccionados entre miles y miles de ellos

Nicolás Gómez Dávila

Un texto breve no es un pronunciamiento presuntuoso, sino un gesto que se disipa apenas esbozado.

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Hay mil verdades, el error es uno.

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El que se alimenta solo de ideas generales desfallece.

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El mundo es sacramental o soso.

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En filosofía solo lo excesivo tiene importancia.

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Toda vida es una plaza sitiada.

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El alma se enriquece solo con las ideas que olvida.

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Si la circunspección crea pedantes, el entusiasmo crea imbéciles.

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La filosofía honesta no pretende explicar sino circunscribir el misterio.

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Hay hombres que visitan su inteligencia, y otros que en ella moran.

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El oyente atento es un futuro locutor que acecha a su víctima.

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Quien no duda no grita.

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Ninguna idea que necesite apoyo lo merece.

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Lo que no es complicado es falso.

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Solo sabemos resolver los problemas que no importan.

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Raro es el castigo que no coincide con el propósito de enmienda.

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Humano es el adjetivo que sirve para disculpar cualquier vileza.

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El místico es el único ambicioso serio.

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La violencia política deja menos cuerpos que almas podridas.

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La estética, como la historia, da verdades sin dar recetas.

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El imbécil es el que no percibe sino lo actual.

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Solo la sumisión a Dios no es vil.

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El prejuicio de no tener prejuicios es el más común de todos.

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El adolescente no perdona a los escritores que leyó su padre.

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Nada hay en el mundo que el entusiasmo del imbécil no logre degradar.

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La obra de arte no resuelve sino problemas artísticos.

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Civilización es lo que un milagro salva del celo de los gobernantes.

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Hay poemas que hay que acariciar largamente para que se entreguen.

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Toda verdad va de la carne a la carne.

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Toda revolución nos hace añorar la anterior.

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El progresista cree que todo se torna pronto obsoleto, salvo sus ideas.

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Triste como una biografía.

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La caridad del hombre moderno no está en amar al prójimo como a sí mismo, sino en amarse a sí mismo en el prójimo.

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La inteligencia solo se enriquece con lo que se prohíbe.

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El hombre es más capaz de actos heroicos que de gestos decentes.

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El filósofo incapaz de refutar resuelve asustar.

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El primer paso de la sabiduría está en admitir, con buen humor, que nuestras ideas no tienen por qué interesar a nadie.

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Respecto a mil problemas vulgares, lo inteligente no es tener opiniones inteligentes, sino no tener opiniones.

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A la humanidad no le importa lo que meramente la ensucia.

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La pasión igualitaria es una perversión del sentido crítico: atrofia de la facultad de distinguir.

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Mientras más libre se crea el hombre, más fácil es adoctrinarlo.

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Los intelectuales revolucionarios tienen la misión histórica de inventar el vocabulario y los temas de la próxima tiranía.

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El comunismo fue vocación, hoy es carrera.

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El marxista no cree posible condenar sin adulterar lo que condena.

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Lo vulgar no es lo que vulgo hace, sino lo que le place.

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Toda filosofía es de una insolencia admirable.

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La literatura perece cuando hay cien públicos especializados, en lugar de uno cultivado.

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La fe no confunde la incredulidad, sino la consume.

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Perdonemos a los hechos su mediocridad.

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La inteligencia no prevé, ni explica, sino lo mediocre. Lo excelso es siempre escándalo.

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La religión no explica nada, sino complica todo.

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Cada acto de resignación es una breve agonía.

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El mundo moderno no es una calamidad definitiva. Existen depósitos clandestinos de armas.

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El libro influyente sufre de su influencia.

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Solo la alusión evoca presencias concretas.

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Todo hecho es siempre menos interesante que su relato.

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Coherencia y evidencia se excluyen.

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Ningún problema auténtico tiene solución.

Esta es la definición de su autenticidad.