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Allison Janney: Fue difícil hallar humanidad en la madre de Tonya Harding

Es la encargada de interpretar a LaVona Golden en la película I, Tonya. Es la favorita para ganar el premio Oscar en la categoría de Mejor Actriz de Reparto. Es conocida por su trabajo en series de televisión como The West Wing, Mom y Masters of Sex

Allison Janney

En la línea de películas basadas en hechos reales que se han vuelto populares en los años recientes, I, Tonya reconstruye la desafortunada historia de la patinadora estadounidense Tonya Harding, cuya sobresaliente carrera se arruinó en 1994, cuando un amigo de su ex esposo lesionó a propósito a Nancy Kerrigan, su principal competidora.

El filme, dirigido por el australiano Craig Gillespie, aspira a ganar tres premios Oscar, dos por sus actuaciones y el otro a la Mejor E

dición. Con su papel de Tonya, la también australiana Margot Robbie consiguió su primera nominación al reconocimiento más importante de la industria.

Sin embargo, la atención se la robó Allison Janney, quien obtuvo el Globo de Oro por encarnar a LaVona Golden, la madre de Tonya, y es la favorita al Oscar como Mejor Actriz de Reparto.

Janney, de 58 años de edad y ganadora de seis premios Emmy, es conocida por su trabajo en series como The West WingMom y Masters of Sex, así como por películas recientes como Miss Peregrine’s Home for Peculiar ChildrenLa chica del tren y Juno.

—¿Qué tanto sabía de la historia de Tonya Harding y Nancy Kerrigan?

—Mucho. Antes de ser actriz, yo quería ser patinadora artística y olímpica, así que estaba involucrada con ese mundo. Cuando ocurrió el incidente, ya lo había abandonado, pero quedé cautivada por la historia y la seguí en la televisión. Ahí empezó la programación de 24 horas de noticias, así que todos consumimos esta historia 24 horas al día, los 7 días de la semana, sin cansarnos. La historia que nos contaban en ese entonces era básicamente que Tonya era culpable. Ella era la chica mala y Nancy Kerrigan era la princesa de hielo.

—Y se aceptó tal cual...

—Totalmente. Yo no tenía idea de la complejidad de su vida ni de lo que ocurría a su alrededor. Uno siente mucha más empatía hacia Tonya cuando ve esta película. Creo que nunca la exoneramos del todo. Definitivamente, ella fue cómplice de alguna manera, pero el público debe decidir hasta qué punto.

—Cuéntenos sobre la madre de Tonya Harding.

—Desafortunadamente, no la conocí. Steven Rogers (guionista y productor) no pudo encontrarla. Tonya no sabía dónde se encontraba, si estaba viva o muerta, y no le importaba –esto me dio mucha información sobre su relación y el trauma que persiste en ella–. De allí esta es la versión de Tonya y Jeff Gillooly (ex esposo de Harding) sobre LaVona. En lo único en que estaban de acuerdo era en cuán horrible fue, en su crueldad. También había grabaciones. Existe un documental de la serie 30 x 30 de ESPN sobre Tonya Harding, y otro que un universitario hizo sobre ella cuando tenía 15 años de edad, en el que entrevistó a LaVona. Ese fue un material fantástico para mí. Pensé que Steven había inventado esa idea de ella con un abrigo de piel y un pájaro en el hombro. Pero no, así se ve en la entrevista. Fue fascinante ver eso, escuchar cómo hablaba de Tonya. En lo que decía pude notar la ira y el resentimiento hacia la comunidad del patinaje artístico y hacia su hija, por no apreciar lo que ella le había dado. Así que esa fue una gran pieza del rompecabezas sobre cómo interpretarla.

—¿Le gustó actuar con el pájaro?

Sí (risas), aunque le tenía miedo. Los perros y los gatos pueden sentir si estás triste o enojado. Pero, ¿los pájaros? ¡No iba a permitir que ese pájaro me impidiera contar mi versión de la historia! Había tantas cosas en juego en esa escena. Solo tuvimos una tarde para filmarla. Yo sabía exactamente lo que iba a decir y cómo quería contar la historia de LaVona. Y el pájaro alimentó mucho a mi personaje, porque insistía mucho en asustarme. Me agitó de una manera que ayudó bastante al personaje.

—Al ver una película como esta, la pregunta ineludible es: ¿cuánto de lo que se ve es real? ¿Eso fue lo que pasó?

Según Tonya y Jeff, sí, su madre le arrojó un cuchillo, según Tonya. ¿Diría LaVona Harding que le lanzó un cuchillo? De ninguna manera. Otras personas, no solo Tonya, dijeron que vieron cuando golpeó a su hija con un cepillo para el pelo. Entonces, eso sucedió. Pero pienso que LaVona lo minimizaría. No creo que alguna vez admitiera que abusó de su hija. No pienso  que se viera a ella misma de esa manera. Mirando la historia Harding-Kerrigan muchos años más tarde, parece inconcebible que haya sucedido de verdad... A veces, la verdad es más extraña que la ficción. Creo que Margot Robbie creyó que todo era ficción cuando leyó por primera vez el guion. Ella no podía aceptar que algo así pudiese suceder. Y luego descubrió que realmente había ocurrido (risas)...

—¿Cómo fue trabajar al lado de ella?

Es extraordinaria. La encuentro increíblemente valiente y audaz, cualidades que admiro en las mujeres, especialmente en alguien tan joven (tiene 27 años de edad). Para ser una actriz australiana y luchar por este papel de una icónica figura deportiva estadounidense se necesitaban muchas agallas. Ella también trabajó muy duro. Quiero decir, entrenó durante cinco o seis meses para patinar. Lo que logró fue increíble.

—¿Cuál fue el mayor reto para usted?

En primer lugar, había una agenda desafiante para la gente de Mom y la de Six Degrees of Separation, la obra de Broadway que estaba ensayando. Fumar en cada escena fue un gran desafío. Pero lo más divertido fue encontrar humanidad en esta mujer y ponerse de su lado en la historia. La recompensa fue trabajar con Margot Robbie. También comenzar a laborar con mi amigo Steven Rogers, quien escribió este papel para mí, tenerlo en el set ejecutando líneas conmigo. Estoy orgullosa de él y emocionada con la atención que está recibiendo esta película.

—¿Qué opina de su nominación al Oscar?

—Me halaga. Estoy emocionada y cautelosamente optimista. Mentiría si dijera que no pensé en eso, soy una actriz.

—¿Cómo fue ver el filme por primera vez?

—Lo vi en el Festival de Toronto. Normalmente no veo mis películas. Muchos actores somos así, es incómodo. Pero esta cinta era diferente porque la mirada fue extrema, no me veía allí. Así que fue una experiencia más fácil para mí el verme a mí misma y, de hecho, me divertí viéndola por primera vez. Mejor aún, creo que la audiencia se divirtió mucho viéndola.