Opinión

El PSUV y su salto atrás

S in duda alguna la escasez de medicinas y, primordialmente, las que se usan para tratar las enfermedades mentales se ha hecho sentir incluso en Miraflores y sus alrededores. No otra cosa puede pensarse de la manera errática en que los altos mandos oficialistas están analizando el rumbo que ha tomado el gobierno de Maduro y que, en el corto plazo, solo puede conducir a Venezuela a una espantosa catástrofe política, económica y social. 

No otra cosa puede pensarse si se analizan dos actos cometidos ayer por Maduro y su camarilla que, para los observadores nacionales e internacionales, solo demuestran que el régimen quiere inmolarse junto con su proyecto en una espantosa hecatombe que acabará con lo poco que queda a salvo en Venezuela. 

El hecho de que se atrevan a lanzar la reelección del señor Maduro para que de esa manera este termine de consumar su proyecto de destrucción nacional carece de cualquier lógica. 

¿Acaso los resultados nefastos de su gobierno no están suficientemente a la vista? ¿Acaso es necesaria esa nueva ofensiva de sadismo contra los ciudadanos, en especial los más pobres y desventurados, los que mueren día tras día por falta de tratamiento médico, o los niños desnutridos a consecuencia de las nefastas políticas de atención a la infancia? Parece ser que satisfacer sus ambiciones de poder es la única preocupación que ocupa las mentes y las noches de los capitostes del oficialismo, que se muestran ante las masas populares con una sonrisa cínica más propia de los jefes del capitalismo salvaje que de los rollizos y sonrosados jefes de un falso socialismo que carece totalmente de sensibilidad por la miseria humana. 

Está claro que la revolución del socialismo del siglo XXI, criticada y abandonada hasta por sus propios y oportunistas fabricantes, ya no da más y se ahoga en su propio vómito. 

Ayer nos dio una señal inolvidable que permite calibrar el espantoso vacío ideológico y político que orienta sus pasos: mientras los niños fallecen o son condenados a deficiencias mentales que no podrán remontar en el futuro, que les impedirá estudiar y desarrollarse, que los anula para las grandes tareas de recuperar a Venezuela, la camarilla enquistada en el poder insiste en el energúmeno error de entregar el país a un señor que hartamente ha demostrado su incapacidad como gobernante. 

¿No le basta al PSUV con la cantidad de huérfanos que ha sembrado la violencia del hampa y de la policía y la Guardia Nacional en los barrios humildes, en los hogares hoy poblados por jóvenes viudas cuyo destino es tan incierto como el de sus hijos? No existe un solo sector de la sociedad donde no se detecte una herida social, donde la desesperanza no reine, donde no prive el desespero de marcharse hacia tierras más solidarias y tranquilas, en las cuales exista la levedad de un sueño y futuro cercano. 

Los historiadores y los estudiosos de nuestros padecimientos sociales deberían ya ocuparse de esta nueva perversión del siglo XXI, valga decir, el afán por la reelección de los verdugos. Y no ocurre solo en nuestro país sino en África, América Latina y, desde luego, la eternamente sufrida Rusia. 

Mala hora.