Opinión

La neurosis de El Aissami

Una de las características más curiosas de los jóvenes adoradores de Nicolás Maduro (hablamos en serio) es que tienden a justificar cualquier bandidaje cometido por el actual jefe de Miraflores haciendo borrón y cuenta nueva, como si no hubiese existido Hugo Chávez y su grupo de amigotes, que también se las traían a la hora de saquear los depósitos particulares de alimentos sin otra excusa que la de siempre: “El pueblo tiene hambre”.

Tampoco se acuerdan cuando mandaron a matar gente con francotiradores desde Puente Llaguno, donde se apostaron desde temprano con una sola misión: no dejar que la manifestación pacífica llegara a Miraflores a presentar sus quejas.

Hoy Maduro recurre a su muñeco de ventrílocuo para insistir en regar la misma mentira de siempre, una que ya había empleado el capitán Cabello cuando embestía contra el gobernador Capriles que le había propinado una vergonzosa derrota en la lucha por la Gobernación de Miranda. Lo cierto es que pasan los días y no hay manera de que estos líderes del PSUV se comporten como hombres serios y no como muchachitos llorones a los cuales el general Juan Vicente Gómez ya le hubiera dado sus buenas nalgadas.

Para muestra vale un botón y lo dicho por Tareck el Aissami por la cadena oficialista de televisión es para coger palco. Sin taparse el rostro como hacía en Mérida afirmó, según la agencia Efe, “que las manifestaciones opositoras y los saqueos que se han registrado en el país los últimos días son parte de un plan para generar neurosis colectiva, mientras la gente está disfrutando del asueto de Semana Santa”.

Bueno ¿qué se puede esperar de este joven? Hace dos o tres días atrás, dicen y así apareció en ciertas redes sociales, que el capitán Cabello usaba (entre comillas) la palabra fusilar a los bandidos que saquean y queman oficinas oficiales y abastos y panaderías. Desde luego, no nos consta que haya dicho semejante barbaridad; pero como el vicepresidente habla de “neurosis colectiva”, pues a lo mejor es verdad que todos nos estamos volviendo locos.

Lo cierto es que el novato vicepresidente Tareck debe ser más cuidadoso con sus palabras porque las que más suenan y están siendo investigadas son las relacionadas con los asesinatos de jóvenes airados que han salido a protestar, un derecho que está en nuestra Constitución, es decir, lo que queda de ella luego de que Maduro la patea como Maradona en sus buenos tiempos; cuando la Sala Guillotina Constitucional barre el piso con ella; cuando una extranjera del CNE, la señora Oblitas, se da el lujo de interpretarla a su antojo sin que nadie le reclame su falta de respeto por un país que siempre ha querido a los extranjeros. 

Resultaría interesante que el jeque retroceda la película y recuerde cuando Chávez ordenó asaltar a Miraflores para matar a un presidente de la República, para asesinar a su esposa y sus hijas en la residencia presidencial La Casona, el 4 de febrero de 1992. Allí murieron, allí fueron asesinados “Gerson Gregorio Castañeda, 26 años, agente de la Disip; Edicto Rafael Cermeño, agente de la Disip; Jesús Rafael Oramas, 30 años, agente de la Disip; Jesús Aponte Reina, 21 años, agente de la Policía Municipal de Sucre”.