Opinión

¿Mafiosos o presidentes?

Decíamos ayer que el Foro de Sao Paulo había sido la incubadora de todos estos grandes manejos políticos encaminados a crear una gran entente en América Latina no sólo izquierdosa, sino profundamente autoritaria, militarista y corrupta.

En paralelo a las acciones políticas internacionales y a la conformación de frentes internos para conducir las luchas de los estamentos más pobres, se llevaba a cabo un intenso reacomodo de los vínculos con determinados grupos de la burguesía que buscaban crecer a expensas del desplazamiento de los tradicionales sectores de la industria y la agroindustria.

Para ello era necesario una estrecha vinculación política que rompiera con los esos lazos y permitiera negocios rápidos que nacieran de las conversaciones entre los presidentes y sus círculos de allegados que, lógicamente, se encargaran de obviar los trámites, las licitaciones, las licencias de importación, agilizar los créditos y, por supuesto, agregar algún extra para “fortalecer” el partido. Suena simple, demasiado quizás, pero por ello mismo funcionó.

Con los gobiernos jugando de su lado, los empresarios como Odebrecht contaban con ventajas para derrotar a sus competidores. Paralelamente, estos últimos eran inspeccionados, multados, clausuradas sus fábricas, obligados a bajar sus precios a la vez que les negaban las divisas para importar las materias primas. De esa manera se le abrían las puertas a las importaciones concertadas entre los gobiernos. Así comenzaron a florecer los dólares “especiales” para los amigos, la nueva forma de hacer dinero a través de una camarilla política de izquierda

Pero estas actuaciones gansteriles eran una minucia. Chávez, Lula, el tuerto Kichner, Correa y el resabiado Evo, querían el lomito de las obras públicas, esos inmensos proyectos que se lanzaban a todo dar por cadena de televisión y que jamás llegaban a su destino final: trenes y metros por doquier, gigantescos puentes, satélites, refinerías, oleoductos y gasoductos, y hasta un puerto con zona franca como regalos de cumpleaños para Fidel Castro en la zona de Mariel, en Cuba. 

 Esta novedosa forma del Foro de Sao Paulo para acelerar la acumulación de capital no tiene parangón en América Latina. En ningún momento aquello parecía un delito sino más bien proyectos de desarrollo apuntalados generosamente por grupos constructores e inversionistas que querían colaborar con los países amigos del Foro. Pero por debajo de la mesa corrían los ríos de dineros de las comisiones en dólares que iban a engrosar las cuentas de los padres fundadores del socialismo del siglo XXI.

Esta semana el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que Odebrecht “pagó 788 millones de dólares en sobornos en 12 países de Latinoamérica y África, incluido Brasil”, según las agencias noticiosas. Agregan los despachos de prensa que los sobornos de Odebrecht estaban relacionados “con 100 proyectos en 12 países, incluidos Angola, Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú y Venezuela”.

Además de los grandes jefes Lula y Dilma, Néstor Kichner y Cretina, el inmortal y Evo, aparecen dos golpistas del 4 de febrero: uno que tomó el canal 8 y otro que es animador de un programa en ese mismo canal.