Opinión

El gran casino electoral

Los que esperaban que ocurriera lo contrario se quedaron con un palmo de narices: los gobernadores de Acción Democrática acudieron a la cita con la asamblea constituyente como era previsible. A pesar del coro que les exigía lo contrario, los nuevos mandatarios regionales decidieron que, como diría Rómulo Betancourt, nadie se suicida en primavera y menos si es un líder político, cuyo pragmatismo debe y es una característica consustancial con su oficio.

Desde que Ramos Allup, el ex presidente de la Asamblea Nacional que abrumadoramente eligió un camino distinto al del oficialismo, se atrevió a anunciar con suficiente anticipación que no le daba asco ir a unas elecciones regionales aun en las peores condiciones y con un Consejo Nacional Electoral carcomido por el servilismo y profunda sequía moral, el escenario no solo estaba servido sino que incluso el camino estaba asfaltado para conducir hacia lo que iba a ocurrir.

Y es que no es lo mismo un político (y un partido) que ha perdido unas elecciones a otro que ganó un pedazo de la torta y que no la va a dejar servida en la mesa para que la visiten las moscas. Nadie se plantea un objetivo tan importante como lo es una gobernación para luego de ganarla (o que le dejaron ganarla) tirarla por  la ventana. Tal desprendimiento no existe y si existiera nadie lo creería.

De manera que soñaron en vano quienes pensaron que, luego de abrir la puerta a las elecciones para que participara la oposición y  sabiendo que AD tenía grandes posibilidades de éxito en ciertas regiones, Maduro los dejaría pasar sin cobrarles la entrada. Ayer, pues, se estrenó oficialmente la función con el reconocimiento de la ANC y, desde luego, no será la única función. Vendrán otras cuyo guion se ha venido escribiendo a  lo largo de estos meses con dos finales distintos. 

En el caso de la otra parte de la oposición, que hoy se queja de tantas desgracias juntas y tan seguidas, tendrá que revisar con agudeza las alternativas que debe poner en práctica. Mucha imaginación, un poco menos de amateurismo y de intentos estériles, y una firmeza a toda prueba para definir una estrategia que, en algo, devuelva el ánimo en sus decaídas fuerzas partidistas.        

Los cuatro gobernadores opositores no tenían otra alternativa que seguir las directrices de su jefe mayor. Si se alzaban quedarían más solos que la una y si no se juramentaban, sus simpatizantes y votantes adecos sentirían que habían perdido su esfuerzo mayúsculo para llevar a alguien a la gobernación que luego los dejaba huérfanos. “Gobernadores electos de Acción Democrática se juramentaron y subordinaron”, señaló la constituyente en Twitter, junto con una foto en la que aparecen los mandatarios regionales frente a la presidente de esa instancia, Delcy Rodríguez.

De acuerdo con los despachos de las agencias internacionales de noticias, “los cuatro gobernadores pertenecen a Acción Democrática, liderado por el veterano parlamentario Henry Ramos Allup”. Fueron identificados como Antonio Barreto, del estado Anzoátegui; Alfredo Díaz, de Nueva Esparta; Ramón Guevara, de Mérida, y Laidy Gómez, de Táchira. ¿Queda alguna duda sobre quién fue el que barajó los naipes?