Opinión

El fin de la democracia

En reciente artículo publicado en el diario español El País, el escritor Javier Cercas llama la atención sobre el hecho de que no hay que esperar el fin de las democracias porque ya no existen en el mundo, o porque las pocas que subsisten corren grave peligro de extinción.

“El tema de nuestro tiempo” es el título de un artículo fundamental en el cual incluye a Venezuela entre las evidencias a través de las cuales se prueba cómo el respeto de la voluntad popular y el sostenimiento de la legalidad han dado paso a situaciones arbitrarias en extremo, cuyo objeto es la destrucción del sistema de libertades por el cual ha luchado la civilización occidental desde el siglo XVIII.

Escribe Cercas: “Ejemplos los tenemos a diario en Polonia, en Hungría, en Turquía –no digamos en Venezuela o Rusia– donde unos gobernantes que alardean de demócratas y se consideran la encarnación del pueblo persiguen a sus rivales políticos, ignoran a las minorías y controlan la justicia, los procesos electorales y los medios de comunicación”. Como se observa, coloca a nuestro país en la médula de las situaciones a través de cuya apreciación se anuncia la conclusión de una forma de gobierno que se ha considerado como esencial desde la antigüedad, la democracia, y ante cuya provocada ausencia no deben ahorrarse denuncias y clamores.

En el caso nuestro la situación se agrava por las carencias materiales que han acompañado el declive de la vida democrática. La persecución de los adversarios, la manipulación de las elecciones, la sujeción de los tribunales y el ataque de la prensa libre, referidos por el autor, han ocurrido en medio de una operación de empobrecimiento de la población, que agrega penalidades al cuadro ya pavoroso de sentir cómo se han perdido los logros de convivencia labrados a costa de grandes sacrificios a través de las generaciones.

Si, debido a las pérdidas en la parcela democrática, Venezuela entra con creces en el “cuadro de honor” ofrecido por Cercas, la dictadura se hace acreedora de mayores “reconocimientos” por las desdichas económicas y por los abismos de cohabitación que ha ocasionado, hasta el punto de inaugurar una época de carestías que solo se padecieron durante las guerras civiles del siglo XIX.

La desaparición de los bienes provenientes de la sociedad petrolera, la pérdida de los corolarios de la abundancia y de los recursos de la previsión, se unen a las falencias que provocaron la alarma del célebre escritor a quien leemos con asiduidad y a quien ahora acudimos porque se preocupa por nosotros.

Ahora veamos cómo termina Javier Cercas su artículo “El tema de nuestro tiempo”: “La pregunta es si los defensores de ese sistema político, que ha hecho más que cualquier otro por extender la paz, la libertad y la prosperidad en el mundo, estamos tan determinados a defenderlo de sus enemigos como lo estuvieron nuestros antepasados. Y aquí la respuesta no está clara”. ¿Tiene razón o exagera el escritor Javier Cercas? Quizá no vaya muy descaminado en nuestro trágico caso.