Opinión

Cuando un general mata

Al margen de la celada urdida por el Ejecutivo con la complaciente alcahuetería de esas señoras que, una vez jubiladas del Poder Electoral, con la boloña acostumbrada al vasallo de fidelidad perruna, podrían hacer el papel de brujas en una provinciana representación de Macbeth, a fin de asegurarse el control de más de las tres cuartas partes de las gobernaciones con la intención manifiesta de presumir una legitimación de su parapeto prostituyente –legitimación que no ha encontrado eco en la comunidad internacional–, valdría la pena preguntarse cómo fue posible que, con los dados cargados y la cartas marcadas, algunos corifeos de la comparsa golpista de Chávez no pudieran ganar en el casino electoral.

Ya en un editorial anterior hicimos referencia a las razones de Maduro & Co. para prescindir de los servicios administrativos de Vielma Mora y Arias Cárdenas que, a modo de consolación, han sido premiados con la gerencia de todas las empresas de sus respectivos estados, privando a los recién electos gobernadores de competencias y recursos, a fin de que no interfieran en el plan continuista ideado por los cubanos para asegurar la reelección de Nicolás. ¿Y Mata Figueroa?

¿Qué pasó con este caballo viejo? Pues, que por andar de picaflor, cortejando a una jovencita con la que se casó, cuya celebración fue de órdago y, al cálculo de los chismosos habituales, costó una millonaria cifra, tan elevada que hizo avergonzar a los malversadores oficiales, que no solo le pusieron el ojo, sino que, al final, abortaron su reelección y traspasaron a Alfredito Díaz la gestión de Nueva Esparta, un estado cuyo mayor soporte económico, el puerto libre, no cuadra con la desastrosa política cambiaria del gobierno.

Bajo el mandato de Mata, la delincuencia insular creció exponencialmente. La vista del Tenorio de Juan Griego con bandas paramilitares y su contubernio con colectivos desaforados, convirtió a Margarita en tierra de nadie, y lo que antes eran concurridas arterias comerciales, ahora son calles fantasmas donde las escasas tiendas, que cobraban un ojo de la cara por mercancía caduca adquirida a buhoneros panameños, cambiaron de ramo para dedicarse al más lucrativo rubro alimenticio, un cambalache que los maldicientes aludidos  sostienen ha sido posible por el padrinazgo del procónsul saliente a las sociedades de mercaderes presuntamente árabes y militares con licencia para especular.

Mata nada hizo para aliviar las carencias acuíferas y energéticas de Coche, Margarita y Cubagua. No interpuso sus buenos oficios para que Hidrocaribe y Corpoelec regularizaran el suministro de agua y el flujo eléctrico. Eso sí, de punta en rojo ataviado, paseaba cual gavilán pollero a la pollita que le quitaba el sueño y le impedía dedicarse a los asuntos públicos.

Por eso, en los contadísimos locales que logran convocar tertulianos a pesar de la inseguridad, se le tiene por el peor mandatario que recuerden los neoespartanos, peor incluso que el psiquiatra Alexis Navarro y la glamorosa Irene juntos. Los pares bolivaristas del derrotado juangrieguense que se repartieron el país quizá le disputen el cetro de la incompetencia. Pero hasta en eso el general mata.