Opinión

Alcaldes al matadero

La constituyente que engendró la carta magna de lo que, a partir de la actuación teledirigida por el paracaidista que se lanzó al vacío del “por ahora” para aterrizar en el terreno seguro del “ahora es cuando”, comenzó a llamarse República Bolivariana de Venezuela, no pudo, contra los deseos de su inspirador, obviar que en el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez se había producido una auténtica revolución en la gerencia pública, cuando, siguiendo las recomendaciones de la Comisión para la Reforma del Estado, se votó por vez primera a gobernadores y alcaldes, sentando las bases de un proceso de descentralización democrática que a Chávez le supo a aceite de ricino.

Nunca pudo explicarse cómo le pasaron ese strike que casi lo poncha y dijo ¡bola, habrá que enmendar esta bicha! El lector ha de saber de memoria el cuento y por eso nos detenemos aquí, afirmando que la persecución de la que hoy son víctimas los alcaldes de la oposición estaba cantada desde que los cubanos le llenaron la cabeza de cucarachas al mesías de Sabaneta. Este se marchó sin que se materializaran sus delirios comunales, pero dejó pendiente el propósito de recentralizar la administración para tener total control sobre el país.

Y le tocó el turno al bateador designado que esperó a que se la pusieran de bombita para darle con fuerza a la pelota. Para ello ha contado con la obsecuente complicidad de los umpires, que cantan out donde hay un hit.

Y en un partido trancado, como el que se está jugando, las decisiones arbitrales pueden inclinar el fiel de la balanza hacia uno u otro equipo. El tribunal supremo de (in)justicia lo arrima al bando del Ejecutivo, rama del poder público que devino en plenipotenciario y pretende hacer subsidiarios suyo a los poderes estatal y municipal; a tal fin, inventó supraautoridades, empoderadas con real que, en calidad de adelantados y procónsules, colocó al frente de territorios donde el voto le adversó. Por eso, fementidos y venales jueces imponen descabelladas obligaciones a los burgomaestres que estos no tienen por qué cumplir. Y ahí está el detalle. O la zancadilla: ¡desacato!

Cada vez que los medios de comunicación informan sobre una decisión de esa ilícita corte cabellera, que transformó la Sala Constitucional en cadalso político para ejecutar con sentencias exprés a funcionarios electos mediante sufragio universal, aparece la palabra desacato, sinónimo de desobediencia.

Pero ¿cómo obedecer a quienes no tienen potestad para ordenar y, más aún, carecen de autoridad moral? Tal pregunta se la deben haber hecho los 16 alcaldes opositores que, según el Foro Penal Venezolano, “son objeto de procesos judiciales y anudamiento político”. La víctima más reciente de la cacería de brujas de este macartismo rojo es David Smolansky, alcalde de El Hatillo, con lo que la Gran Caracas ve privada de sus funciones a tres de sus corregidores.

Pero son 80 los nombres que figuran en la funesta lista del magistrado Juan José Mendoza Jover, 80 alcaldes que serán sacrificados en el matadero judicial con la venia y aplauso de Maduro y del poder prostituyente y comunal.