Opinión

¿Acuerdo electoral?

El oficialismo se ha apresurado a anunciarnos que se han modificado las condiciones para la elección presidencial, de acuerdo con las solicitudes de la oposición. La modificación, según señala el CNE, implica una ampliación del plazo para la campaña electoral y la aceptación de reclamos anteriores sobre la pulcritud del proceso que está a punto de empezar. Estamos ante un bulo de proporciones gigantescas, ante una nueva patraña que solo puede pescar incautos.

¿Se hizo el supuesto acuerdo con los dirigentes de la oposición? La MUD, como sabemos, a través de sus voceros más calificados y conocidos se ha negado a participar en un acto que considera ilegal y fraudulento precisamente porque no se han cumplido, ni remotamente, las exigencias que hicieron en las reuniones llevadas a cabo en República Dominicana para llegar a condiciones mínimas de equidad. En la medida en que no han manifestado cambios de opinión, sino que, por el contrario, se han afirmado en la decisión de alejarse de una competencia torcida, el anuncio del CNE carece de fundamento.

Ciertamente las señoras de la oficina electoral se reunieron con las organizaciones que aceptaron la convocatoria, pero es evidente que tales organizaciones no son representativas de las fuerzas que han destacado por su lucha frontal contra la dictadura, ni de una consistencia que les permita exhibirse como cuerpos establecidos y coherentes del espectro político.

Llevan el nombre de partidos porque así fueron bautizados en la fecha de su nacimiento, pero hoy son apenas un remedo de estructura, un simulacro de lo que tal vez fueran al principio de su recorrido. Una serie de tumbos infructuosos, entre ellos el de acompañar a la dictadura en muchas transacciones que han sido de público conocimiento, lo ha recudido a una expresión mínima del sentir de los venezolanos.

Que ahora se abroguen la representación de la sociedad opositora, y que así los presente la oficina electoral, nos demuestra de nuevo cómo se cocina el proceso en un horno digno de toda sospecha.

Tanto por el número de adherentes que tienen, un puñado que se cuenta con los dedos de las manos, como por su proximidad y su complacencia con los intereses del oficialismo, los tales partidos de la oposición quizá solo existan nominalmente y, sin duda, no han acompañado al pueblo en sus reclamos ante una situación provocada por la dictadura que se ha hecho cada vez más insoportable. No ha habido acuerdo, por consiguiente, sino trato entre compinches disfrazados de rivales.

Los aprietos del régimen ante la opinión pública, pero especialmente ante la comunidad internacional que contempla la evolución de una mascarada sin paliativos, han conducido a estas curiosas tratativas que pretenden tapar el sol con un dedo, a estas fórmulas cuya costura se advierte desde la lejanía.

Como se trata de unas simulaciones excesivamente burdas, tan abultadas que ni siquiera pueden escapar a la observación de los miopes, se pueden calcular los aprietos de un continuismo que no encuentra otro camino para llegar a la meta. Sobre la conducta de los acompañantes del continuismo, las troneras son de anteojito.