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“El arte no puede ser un activador político sino un catalizador social”

Fue reconocido por los críticos como el artista nacional con mayor exposición en el mundo. Conocedor de las dinámicas internacionales, el creador ahonda en el ámbito de la gestión cultural venezolana

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A pesar de ser el artista venezolano con mayor exposición en el extranjero en la actualidad, Luis Millé se siente muy arraigado en su nación. El escultor y creador multidisciplinario acaba de abrir una extensión de su taller en las afueras de Londres; sin embargo, invita con cordialidad a pasar en cualquier momento por su centro de operaciones artísticas en los Altos Mirandinos, donde ha ideado piezas de gran formato que han sido expuestas en los salones y ferias de arte más importantes del mundo, en ciudades como Los Ángeles, Barcelona, París, Milán, Tokio y Budapest.

“Mi tiempo está compartido entre Europa, Estados Unidos y Venezuela”, dice el escultor de 50 años de edad, quien señala que el internacionalizarse no significa estar alejado del país. “Yo soy representante de todos los venezolanos. A mí nadie me nombró, pero se ha convertido en mi trabajo. Lamentable, o afortunadamente, la situación del país ha obligado a que muchos artistas tengan que voltear sus perspectivas a otras fronteras, y eso es bueno porque de ninguna crisis se sale débil. Uno trabaja para proyectar su obra y que se revalorice. Son aspiraciones válidas para cualquier artista, y eso no tiene que suponer un desarraigo; al contrario, me hace esperar más de mi país”, asegura Millé y agrega: “Me gustaría tener más y mejores espacios para exponer en Venezuela”.

—¿Cómo sería el espacio ideal para exponer en su país?

—Me gustaría que tuviese una museografía de avanzada, que permitiera desarrollar grandes trabajos dentro de las instituciones. Debería haber espacios que designen presupuestos dignos, pero eso requiere una mejor disposición hacia el trabajo de los artistas. Hacer una exposición no es solo tomar obras de colecciones y hacer muestras temáticas. Hay que hacer individuales, incluir nuevos artistas, estar al tanto de los movimientos a escala mundial y mantener material bibliográfico al día. Eso sería una verdadera gestión, al menos en artes plásticas.

—¿Hay alguna muestra de verdadera gestión artística?

—Hay experiencias fabulosas en la música, por ejemplo. ¿Quién desconoce la actividad del Sistema de Orquestas? Esa es la mejor demostración de que el arte es un agente de socialización. Personas con diferentes características conocen el mundo a través de la música, y ¿por qué no conocerlo a través de la pintura o la escultura? ¿Por qué en música hacemos eso y en plástica no? Yo, como artista que me estoy internacionalizando, no cuento con los recursos del Estado para proyectar el país, y son pocos los que lo logran. ¿Qué función cumplen las embajadas con sus agregados culturales? ¿Se puede realmente recurrir a ellos? Me gustaría que todas esas instituciones que reciben presupuestos anuales tuviesen gestiones más eficaces y se dedicaran a hacer el trabajo que tanta falta hace para catapultar el talento nacional.

—¿Qué habría que hacer desde el punto de vista institucional para mejorar en el ámbito artístico?

—Para empezar, habría que tomarse la gestión cultural más en serio. Habría que reforzar la presencia de curadores y museógrafos, actualizar las colecciones y brindar recursos económicos a las instituciones museísticas, porque son la mejor carta de presentación del talento de una nación. Lo ideal sería hacer como en muchas partes del mundo: fundaciones privadas ayudan a financiar las gestiones artísticas del Estado. Mucha de la gestión cultural que se mantiene en Venezuela en la actualidad ha logrado llegar a ferias en el exterior porque existen instituciones privadas que están trabajando con las uñas. Pero todo ese esfuerzo podría llegar a ser mucho más reconocido con una gestión estatal adecuada. Por último, los artistas tienen que estar pendientes de hacer su trabajo y los políticos, el suyo. El arte no puede ser un activador político, sino un catalizador social. Si el trabajo está atado a ideologías no hay libertad conceptual.

—¿Cómo se ve Venezuela desde el exterior?

—Totalmente desaparecida. Lo que me da más tristeza es que los venezolanos somos muy reconocidos afuera, sobre todo en París. Antes en Venezuela había instituciones artísticas de primera que lograban abrirse camino, pero ahora ese ámbito está muy deprimido. Donde tengo oportunidad de participar no me preguntan cosas interesantes de nuestra cultura, sino que me hablan de que tenemos graves problemas económicos y cosas por estilo. Ante eso respondo: Soy venezolano y el país está mal, pero aquí estamos haciendo lo que nos corresponde. Como dije antes, no es desarraigo, es sentir mucho más amor por el país.

Otro maestro

Su nombre legal es Luis Miguel Muñoz y se inició en el mundo de la plástica cursando Arte Puro en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas, en 1990. Aparte de su formación como artista, también estudió una licenciatura en Educación en la Universidad Metropolitana, en Caracas, y un posgrado en Gerencia Educativa en la UCV. Recientemente, fue reconocido como el artista venezolano con mayor exposición en el mundo por la Asociación Internacional de Críticos de Arte, y entró a formar parte de las filas de la galería Denise René de París, espacio que ha fungido como propulsor para el trabajo de maestros venezolanos como Carlos Cruz-Diez y Jesús Soto.

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