Opinión

Wuilly, el símbolo

Orlando Suárez

Uno más. Cuando el egoísmo, la codicia, la crueldad y la complicidad imperan frente a cualquier valor cívico conocido, es fácil comprender lo que ha sucedido con el joven violinista Wuilly Arteaga, quien logró notoriedad a finales de mayo de este año, después de que trascendiera internacionalmente la imagen de su llanto desconsolado cuando esbirros uniformados le destrozaron su instrumento.

Abundaron las muestras de solidaridad. Y tuvo la oportunidad de viajar a Estados Unidos, donde se reunió con algunos senadores, tuvo un encuentro con la prensa neoyorquina y fue atendido por el secretario general de la ONU, además de asistir a programas de televisión. El mensaje fue firme: solicitar solidaridad con Venezuela y negar la existencia de rencor. Ni una grosería ni un insulto ni una expresión peyorativa hacia sus agresores. Un verdadero uso de la palabra “paz”, totalmente ajeno al discurso panfletario que enmascara el conocido fraude absolutista.

De vuelta a la patria, Wuilly también regresó al asfalto. De nuevo, en compañía de su novia Hazel Pinto y de su violín. El 22 de julio, los represores avanzaron en sadismo: destruyeron el instrumento contra la humanidad del valenciano. Otra imagen viral: ojo izquierdo deformado por los hematomas y labio inflamado que ameritó varios puntos de sutura. Cinco días después, con las secuelas del salvajismo en su rostro, el chico reapareció en la calle. Su valentía resultó una cachetada demasiado fuerte para el régimen.

Fue detenido por esos seres incalificables, sin honor y sin divisa, que mientan “guardias nacionales”. Lo trasladaron al destacamento 433, lo mantuvieron incomunicado, negaron la visita de sus abogados y lo acusaron de “instigación pública y detención de objetos incendiarios”. Si no hubiera flagrancia en la secuencia violatoria de derechos humanos, habría que aplaudir la irónica creatividad de la “fiscal” encargada del caso. Eso sin mencionar lo aberrante que resulta acusar de “instigación pública” a alguien que se dedica a interpretar las notas del Himno Nacional y del “Alma llanera”.

A estas alturas, Wuilly permanece privado de libertad. Él es uno de los 676 presos políticos que hasta el viernes llevaba registrado el Foro Penal Venezolano. Pero se ha convertido en un símbolo de la lucha por el rescate de la democracia de una generación brillante que supera a los supuestos líderes en coherencia e integridad.