Opinión

¿Se vota o se bota?

Alfredo Cedeño

Los principales dogmas de la Iglesia Católica son 44. Yo, pese a mi catolicismo confeso, a pesar de los pesares, solo tengo uno: mi país. Los versos finales del poema “Adherido a ti Venezuela” de Antonio Arráiz son mi credo particular:

Aunque seas mala madre, / estaré adherido a ti, Venezuela, / adherido de amor; / y subirme sentiré, de ti, buena o mala, /tu vida propia, como savia.

Adoro hasta el llanto y la ternura y la euforia y la impotencia y el dolor a mi tierra. He tenido el privilegio de poder dedicar mi trabajo a conocer y dar a conocer lo que es ella y sus gentes. He gozado de mojarme en las nacientes del Orinoco y revolcarme en las aguas del Delta Amacuro, me embadurné de nieve en el pico Bolívar y de arena y nácar entre las ruinas de Cubagua, tirité de calor en las sabanas de Apure y me ahogué de frío en los páramos tachirenses. Y su gente, ¡mi gente!, mis amados paisanos, cuanto amor recibí de ellos. 

Por todo eso, ver ahora el estercolero en que me la han convertido me sume en una profunda tristeza que casi inmoviliza. Los demonios rojos han sido eficaces en su labor tetánica; poco a poco, pero con suma eficacia, han desmantelado el vasto tejido social de solidaridad y luchas que tanto nos caracterizaba. La perversión, heredada de los tiempos de una democracia defectuosa, ha permeado con ritmo vigoroso toda la estructura nacional. Unas fuerzas armadas inutilizadas por unos comandos rapaces que se han entregado con furor uterino a las mesnadas cubanas, mientras que los honestos son maltratados inclementemente por una dirigencia opositora celestina y una ciudadanía ignara.

Esa mencionada "dirigencia" ha sido pródiga en fabricar mesías de ineficiencia proverbial. Primero fue Arias Cárdenas, que, con voz de sacristán malamañoso y una gallina bajo el brazo, llenó de falsas ilusiones a medio país. Más tarde el turno fue para Ismael García, quien de ser el creador de la Lista Maisanta, ¡que no se olvide nunca su actuación nauseabunda!, pasó a ser una versión contemporánea de Negro Primero.  Los ejemplos sobran y lo que vino a poner la tapa al frasco es esa vergüenza hecha gente llamada Henri Falcón, que ahora cual flautista de Hamelín, ataviado con ropajes de arlequín marginal, convoca a celebrar el carnaval ideado a la medida del bigote bailarín.

¿Votar este domingo, o algún otro que cohoneste el desastre que vive nuestro país y botar otra oportunidad de ejercer un sufragio real? Y eso hay que preguntarlo hasta que entre en las cabezas huecas de quienes presumen de encabezar el rechazo que ha capitalizado la pandilla gobiernera. Mientras tanto y para que no quede duda repetimos a Arráiz: Quiero quedarme aquí, firme y siempre, / sin un paso adelante, sin un paso atrás. / He de amarte tan fuerte que no pueda ya más, / y el amor que tenga, Venezuela, me disuelva en ti.

                

© Alfredo Cedeño

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