Opinión

La viveza

Alfredo Cedeño

Hace 25 siglos en Grecia un señor llamado Platón habló de la pleonexía como una enfermedad que terminaba por ir contra la propia sociedad; con el tiempo dicha palabra se ha equiparado con codicia y avaricia. Hay quienes afirman que el término resume el apetito insaciable que algunos desarrollan por la posesión de bienes materiales; se le vincula a la vanidad, el egoísmo, el narcisismo, y por ende lleva a pensar, a quien la padece y ejerce, que tiene el derecho de acapararlo todo puesto que lo merece. Por ello el pensador griego la consideraba una patología.

Algunos opinan que ello no solo es aplicable a los individuos, sino que es igualmente válido para algunos países que gustan de presumir de su poder adquisitivo y hacen del mismo ostentación manifiesta. Las lecturas que se le pueden dar a su significado son variadas, para Carlos Calvo Aguilar es el apetito insaciable de cosas de carácter material; una cáustica en extremo fue la que hizo el pensador mexicano Carlos Llano Cifuentes, quien aseguraba: “Hay una gran diferencia entre la pleonexía de hace 2.500 años y la padecida actualmente. Para Platón era una enfermedad; para nosotros es signo de éxito”.

Un grupo de científicos sociales criollos han emparentado con dicho concepto nuestra bendita “viveza”. Ella se ha manifestado, y sigue haciéndolo con proverbial vitalidad, de una y mil formas; ha sido alabada de manera permanente y transversal en todos nuestros estratos sociales. Es alabado el empresario que no paga sus impuestos debidamente, o paga a sus trabajadores salarios por debajo de lo que podría pagar, o se roba la idea de un hombre talentoso y lo patenta para incrementar aún más su fortuna. Se celebra al trabajador que sustrae parte del inventario de su lugar de trabajo para luego venderlo o canjearlo en su barrio. El bodeguero que amaña la balanza para sisar algunos gramos a sus clientes es tolerado porque todos en la comunidad hacen lo mismo en situaciones similares.

Esa viveza venezolana fue la que evolucionó hasta llegar a nuestro chavismo-madurismo-mudismo. Ante nuestro desolado escenario recuerdo que alrededor de veinte siglos más tarde que el bachiller Platón, en Inglaterra, sir Francis Bacon, comenzando el siglo XVII, con angustiante anticipación también alertó en vano, al menos para nuestra Venezuela: “No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente”. ¿Acabaremos algún día con nuestro culto pleonéxico a los atajos?

© Alfredo Cedeño

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