Opinión

Vinos, una nueva revolución roja

Desde hace ya varios años China lidera el crecimiento de la industria del vino en el mundo entero. La expansión del consumo en el Imperio del Medio, la que en los 5 últimos años ha superado un promedio de 100% interanual, es la responsable de que los ojos de los mercaderes del vino se hayan vuelto hacia Asia para planificar su estrategia de atención al mercado, tanto desde el punto de vista de cantidades como de calidades.

Es que mientras que un francés consume más de 48 litros de vinos al año,en la China de hoy aun no alcanzan a 1,5 litros por cabeza, pero la velocidad del crecimiento es tal que es mejor darse prisa a entender a cabalidad el mercado de consumidores de esta vastísima región del planeta, antes de que los competidores lo hagan.

De esta manera los cuatro grandes productores mundiales ubicados en Francia, Italia y España y Estados Unidos, se han puesto los guantes para captar una porción del promisor mercado asiático. La producción de estos cuatrosupera dos tercios de las botellas que ruedan por el mundo. Otros 70 países en el orbe, productores comerciales de vinos, tienen débiles posibilidades de atender eficientemente la monumental demanda de los chinos.  

De los 250 millones de hectolitros que se pusieron en el mercado en el año 2015, China recibió 18 millones y ya para el año pasado se ubicó como el primer consumidor mundial.

Pero si el mercado masivo es tentador por sus colosales cifras, la calidad, a partir de este momento debe ser seriamente atendida y muchos productores se interrogan si la masividad debe seguir siendo privilegiada por encima de la calidad, o ha llegado el momento de educar el paladar de tan vasto mercado.

La tarea no puede ser más compleja. El consumidor chino bebe vino desde épocas inmemoriales. Estamos hablando de 4600 años atrás.  Pero se trataba de vino de arroz. La moda del consumo del vino de uva proveniente de otros mercados, en cifras significativas,es cosa de apenas el siglo pasado y, desde el advenimiento de la modernidad occidentalizante, la tendencia comenzó a ser exponencial: se triplicó en la última década. Hoy cuenta por 155 millones de cajas importadas.

Pero este consumidor recién llegado está fuertemente influenciado por temas sobre los que hay poco control. El Vino tinto es mucho más requerido que el blanco. Mejor dicho, aun el vino blanco solo alcanza al gusto femenino. Los hombres ven en el color rojo varios elementos que lo transforman en el preferido. El rojo está vinculado a los colores nacionales, al poder y al lujo.Aun el vino se bebe en eventos y celebraciones especiales como aniversarios y matrimonios.  Pero dentro de la frugalidad que los caracteriza, es muy elevado el componente de ciudadanos que se enorgullecen de declarar que no consumen  ni una gota de alcohol: 4 de cada diez.

Así pues, entender el comportamiento social chino, sus variantes culturales, y temas tan pedestres como la estructura de los presupuestos familiares es vital para poderse insertar en este exigente mercado donde los productores locales ya están igualmente dando la batalla.   Hasta el diseño de las etiquetas de las botellas debe tener un componente asiático que no catalogue a su consumidor, como favorecedor de otras culturas.

Estamos, pues, hablando de un mercado regional que está demandando más de 500 millones de dólares solo a través de la bolsa de vinos de Hong Kong. Hay, en esa torta, espacio para mucha innovación, pero también es posible equivocarse frontalmente.