Opinión

Vergüenza

Quién iba a pensar que un hombre como Zapatero le demostraría al país la ineficacia del Parlamento venezolano. Con respeto a los diputados que están en el exilio, a los que han encarcelado por decir las cosas como son y a los que en verdad le echan pichón y enfrentan día a día a la tiranía de Nicolás Maduro, hoy lo que vemos en la Asamblea Nacional es una cuerda de vagabundos cómplices del naufragio de la nación.

Este último año las noticias que ha protagonizado este cuerpo legislativo han sido para avergonzar a quienes les dimos un voto de confianza en el año 2015, y no quiero llamar cobardes a quienes han recibido golpes, amenazas y torturas, pero las cosas hay que decirlas y pareciera que el miedo y la vagancia  tomaron las curules de la Asamblea. Más allá de lo que han hecho estos últimos años con el poder que les otorgó el pueblo venezolano (casi nada), pareciera que los diputados no están de acuerdo con lo que ellos hacen, o mejor dicho, no creen en las leyes que ellos mismos han decretado.

¿Cuántas veces se decretó desde el hemiciclo la separación de Nicolás Maduro del poder? ¿Por qué no hubo quórum al momento de designar nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral? O les hago una mejor pregunta: ¿cómo es posible que Zapatero ya tenga su propia fracción que hace y deshace dentro del Capitolio?

Los diputados que son pertenencia de Zapatero dicen que los venezolanos deben defender y ocupar todos los cargos de elección popular, cosa que ni ellos hacen, puesto que en los momentos más importantes de las últimas plenarias, los mismos incumplen. Estos estólidos no se declaran miembros del partido del régimen, porque de ese lado no recibirían los mismos bonos que reciben cada vez que sabotean las sesiones de la Asamblea con sus inasistencias.

Es una vergüenza que un régimen tan vulnerable como el actual haya hecho cenizas la mayoría calificada que tuvo en algún momento la fracción “opositora” dentro del hemiciclo; desde un principio se hicieron mal las cosas al desincorporar a los diputados del estado Amazonas, demostrando que los vulnerables éramos nosotros, cuando teníamos todas las facultades para lograr reivindicar la democracia del país. Doblar para no partirse”  salió muy caro, tanto que el engaño hacia el pueblo que creyó indiscutiblemente que en seis meses la tiranía saldría, generó un descontento que trajo aún más vulnerabilidad e inestabilidad dentro de la misma oposición.

Hoy, a pesar de que el país vive en la miseria, la ciudadanía no reacciona porque teme a que los mismos sinvergüenzas que han negociado una y otra vez con nuestras necesidades, saquen provecho y se sigan enriqueciendo cuando dialogan, mientras los bolsillos del pueblo cada vez están más vacíos.

Como venezolano hubiera preferido mil veces una horrible verdad, que una mentira adornada con más mentiras. ¿Por qué no salió un valiente y dijo lo que pasaba? ¿Costaba mucho decir que entre los diputados opositores habían quienes negociaban con los tiranos? Dejaron que las mentiras salieran solas a la luz pública y todos salieron afectados. Lastimosamente hoy el pueblo de a pie, el que está desinformado por la censura que existe y cree lo que el cerco comunicacional impuesto por la cúpula de Nicolás dice, desconoce totalmente lo que está sucediendo y para ellos el organismo que ahora tiene las facultades autoritarias del país es la asamblea constituyente cubana. Incluso escuché a muchos decir: “Esta batalla la ganó Maduro”.

No debemos lamentar los errores que cometieron ciertos seudolíderes, debemos superarlos y confrontarlos, demostrando que somos mejores, pero sí debemos hablar con la verdad. Si queremos un país distinto es hora de dejar de engañar a quien en verdad tiene el poder: la ciudadanía.

Es necesaria la unión de la verdadera oposición para la reivindicación de la lucha por la democracia. El presidente Piñera en conversaciones con Andrés Oppenheimer lo dijo: “Los países del Grupo de Lima en general no reconocemos la legitimidad de la última elección presidencial, porque no fue una elección limpia, abierta, democrática... Por lo tanto, no vamos a reconocer a Maduro como presidente de Venezuela, pero ayudaría mucho si la oposición democrática venezolana se uniera más y tuvieran una posición más fuerte y más clara”.

A los “opositores” corruptos, negociadores y dialogantes hay que dejarlos que se hundan en el barco de la tiranía junto a su jefe Zapatero. Seguirán saliendo verdades a la luz pública, cada una será más desmotivante que la otra, pero solo los valientes afrontan y continúan con la cara en alto.

Venezuela merece cada segundo de nuestras vidas.

@FreiderGandica