Opinión

¡Unidad a rajatablas!

Nelson Chitty La Roche

La opinión de

“Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho de decirlo”. Stephen G. Tallentyre (Evelyn Beatrice Hall).

¿Votamos o no votamos? Ciertamente no están dadas las mejores condiciones para concurrir a comicios, siendo que se mantiene para organizarlos un CNE parcializado y capaz de cualquier cosa, pero en diciembre del 2015 teníamos el mismo organismo y los mismos factores en juego y no obstante fuimos capaces de ganar y cuidar la victoria que nos proporcionó una AN que pudo cambiar el rumbo o así pareció.

Algunos han perdido la fe electoral y sin tener claro cuál podría ser la otra manera de sacudirnos el yugo chavista, se niegan a participar en elecciones hasta tanto se disponga de garantías suficientes de transparencia y de respeto a los resultados de la consulta.

En realidad sobran las razones para dudar y los que así se manifiestan lo hacen basados en un ejercicio racional serio, lo que no significa que pueden y deben llenar de denuestos y desprecios a los que piensan distinto, y tampoco significa que no haya margen para una justa polémica sobre el tema.

El asunto es demasiado importante para despacharlo con un análisis sesgado por emociones, aún legítimas, que nos colocan en un plano definitivamente antagónico. Seguimos siendo conciudadanos y compartimos, padecemos, este desastre hórrido con sus secuelas gravosas. Se trata de trazar una estrategia que nos permita, tarde o temprano me temo, romper el cepo que sobre nosotros colocó la alianza oclocrática, militarista y populista en estas dos décadas. Esa estrategia debe y, con disciplina espartana, contar con un elemento esencial y se denomina unidad.

Podemos perder elecciones, caer acribillados, ser privados de nuestras libertades y derechos fundamentales y aun así no estaríamos derrotados si mantenemos la línea unitaria de lucha, si fuera menester prolongada, contra estos truhanes y su gansterismo disfrazado de ideologismo redentor. A veces nos toca perder batallas y nos ocurre existencialmente, pero, como dice el refranero popular: “Si me caigo en lo seco, luego me levanto en lo mojado”. Sobran al respecto las experiencias que la historia aporta para confirmar nuestra afirmación.

Para eso, para mantener esa estrategia unitaria, sin la cual no creo posible nada positivo, es menester entender y practicar la tolerancia y la responsabilidad. Aceptar la disensión de un lado e igualmente importante será asumir las consecuencias de nuestros actos. No puede ser que la dirigencia conduzca una política y fracase repetidamente sin que sea reo de su propia conducta y de la evaluación de la susodicha. Los gansos y otras aves de gran tamaño enseñan que rotar el liderazgo manteniendo el plan de vuelo es promesa de eficiencia. Paciencia y solidaridad con la dirigencia que no significa que no se le sustituya eventualmente, para lo cual debe educarse al movimiento ciudadano desde la base misma de su constitución.

La democracia, nos enseña Burdeau, es más que un sistema político que sabemos constituye; es una forma de vida, una dinámica social que apunta a nuestra cotidianidad y no solamente tampoco, una entrevista periódica al cuerpo político para que la mayoría decida. Es mucho más que eso. Apunta a los términos de convivencia en un plano de igualdad y respeto, y especialmente en aquellas etapas del viaje existencial en que nos extraviamos como nación y esa es, sin dudas, nuestra actual condición.

Los venezolanos estamos perdidos en un desplazamiento inorgánico desde el punto de vista de nuestra soberanía, aviesos, mediocridades y envilecidos sus dirigentes formales, y contaminado el marco de nuestra ciudadanía por una mundología de simulaciones, amarguras, frustraciones y entropías. Los pueblos, y acudo al vocablo en su más común acepción política, derrochan su democracia hasta agotarla y luego se confunden al achacarle la falta de la disfunción, en lugar de revisar y eventualmente corregir las partes que comprometen al todo sistémico. No es cierto que los pueblos no se equivocan y menos aún es cierto que cada uno de nosotros no debe corregir nunca. Ya Rousseau nos advirtió que solamente habría perfección si se tratara de una sociedad de dioses.

¿Votar o no votar? Dilema complejo del cual no podemos ni debemos apartarnos para debatirlo y decidirlo por los medios que la racionalidad, en una dictadura, permite. Opinar y participar de esa deliberación es un deber y no hacerlo, como dirían los griegos de la antigüedad, sería una idiotez. Abstenernos de expresar un criterio en el espacio público en el que concurrimos para constituir el Estado civil es una manera de fallarle a la nación que, hoy más que nunca, nos requiere integrando una decisión en la que medie la inteligencia, el genio, la intuición del colectivo nacional.

Sea cualquiera la decisión debe ser secreción nacional unitaria y llevarla a cabo, concretarla, ejercitarla, debe ser la tarea de la dirigencia para empezar y de los venezolanos unidos detrás. Dios con nosotros.

nchittylaroche@hotmail.com