Opinión

Una Venezuela hambrienta

La gente hurga en los desperdicios para poder alimentarse. Son millones de personas que la única posibilidad que tienen de comer es buscar en la basura, estamos viviendo una verdadera peste que genera enormes dificultades. Los niños mueren por desnutrición, los hospitales están atestados de pacientes con patologías incrementadas o producto de la falta de alimentos, lo que constituye un crimen de lesa humanidad.

Aunado a ello tenemos la falta de medicinas, lo que contribuye a convertir todo el cuadro en una pandemia social que arrasa con todos, paradójicamente estamos hablando de una nación poderosa, que siempre contó con recursos increíbles que la hicieron como una república del primer mundo ¿Qué ocurrió? Simplemente que una administración basada en el totalitarismo acabó con todo el esplendor posible: haciéndonos rehenes de un populismo que aniquiló todo.

El hambre es la peor pandemia social que pueden sufrir los pobres. Su aparición en cualquier escenario de la vida es la derrota del sustento ante la ruindad. Cuando es la falta de políticas efectivas la que genera el problema, hablamos de un eslabón de la crisis que tiene disparadores telúricos en todas las direcciones. Sin alimentos suficientes y de calidad en la mesa de la familia venezolana, las dificultades abrirán una brecha asombrosa entre el sueño de la cúspide y la base ruinosa, que resiste una pesada carga que le endosaron los culpables de la ilusión. Su ideología primitiva fue capaz de mandar a los pobres al inframundo de las penurias.

El hambre es un multiplicador de todas las enfermedades; las que son crónicas reducen la condición de vida a la mínima expresión. Igualmente, contribuye decisivamente a la aparición temprana de otras. Con este parámetro diabólico crecen los problemas de rendimiento escolar y de ausentismo en la misma área educativa. El alumno no tiene los elementos nutricionales adecuados para rendir de manera óptima, se presentan fallas estructurales en el proceso cognoscitivo de quien carece de una nutrición de calidad.

El ausentismo escolar se exhibe como la última disciplina estelar del pensum de estudio. El educando abandona el barco donde estaban todos sus anhelos y la esperanza de mejorar sustancialmente. Aumentan la marginalidad y la delincuencia como un nuevo eslabón en la cadena de la propagación de la miseria. También el desempleo tiene su carga genética social arraigada en la falta de un salario acorde y en la huelga general de las ollas familiares de brazos caídos. Es realmente todo un cuadro amorfo que actúa en las formalidades propias de una crisis estructural de un modelo.

Existe hambre porque las políticas económicas del Gobierno han sido mal ejecutadas; nunca pusieron el énfasis en producir sino en destruir el aparato productivo hasta volverlo trizas. El fenómeno trae consigo las infernales colas, que son el producto monumental del fracaso de un modelo absolutamente irracional, que pensó que despedazando la inversión privada podría sacar alimentos de las empresas quebradas; un sibilino canto al desaguisado revolucionario que nos indujeron en la noche de las banderas rojas.

Con el hambre crecieron esos gigantescos bachacos que se erigen en la nueva era de los asaltantes, que terminan atracando al mismo pueblo necesitado. Ese germen nacido en las entrañas del régimen describe en pequeña escala el atraco que han sido sus impulsores desde las esferas del gobierno miraflorino. Que hayan dilapidado una incalculable fortuna para guardársela en sus cuentas significó una de nuestras vías a la catástrofe segura. El discurso del hambre no tiene el beneplácito de los grandes escenarios, sus palabras no contienen el perfume de la erudición que despierta halagos entre los presentes. Solo cuenta con los sonoros aplausos de los estómagos vacíos…