Opinión

Una lucha ejemplar

Adolfo Taylhardat hijo

A lo largo de los años esta columna ha cumplido su misión de contribuir a pensar y soñar que hay un país mejor y un futuro de progreso y desarrollo. Sus escritos han sido una invitación a luchar en contra de una corriente de oscurantismo ideológico, de mediocridad intelectual y de aislamiento internacional. Denunciar la incompetencia gubernamental, levantar alertas contra la ignorancia de quienes nos pretenden dirigir y defender los ideales, principios y visión propios de un país de progreso fueron las grandes líneas directrices de los numerosos artículos publicados en este espacio.

Esta serie de artículos nace de una misión de vida por edificar de forma proactiva, comprometida y profesional las bases, las instituciones y los conocimientos necesarios para ese país que todos queremos. Los fieles lectores de las letras aquí publicadas son testigos de una dedicación y constancia en el uso de la inteligencia, los principios y conocimientos para marcar posiciones y no dejar pasar bajo cuerda las políticas de un gobierno ilegítimo y tenebroso y las acciones y decisiones de unos dirigentes irrespetuosos e inescrupulosos. Como muchos saben, estos artículos semanales se sustentan en una larga experiencia profesional dedicada a trabajar por Venezuela, representar al país en foros internacionales y en apoyar la profesionalización de las instituciones.

Lo que no muchos saben es que esta actividad como columnista se convirtió en el principal vehículo de lucha política a partir del momento en que las crecientes manifestaciones de una dura enfermedad disminuían las capacidades físicas y limitaban la participación activa en iniciativas y acciones de políticas públicas. Durante estos últimos nueve años la lucha contra el cáncer y sus efectos perniciosos no mermaron la voluntad y compromiso por aportar opinión y seguir contribuyendo con una salida para el país. El artículo “¿Dónde están?”, que cuestiona la integridad y motivación de nuestras fuerzas armadas, fue escrito a pesar de los malestares propios al debilitamiento causado por la enfermedad y sus efectos secundarios. Las fuerzas de seguir adelante y aportar al proceso de cambio eran más fuertes que las limitaciones físicas.

Ese artículo del 21 de junio fue el último que escribió mi papá. Lamento que él no haya podido ser testigo del cambio por el cual tanto luchó. El sábado 8 de julio, en sus últimos momentos de lucidez, mostró su amor al país cuando se alegró mucho con la noticia de la salida de la cárcel de Leopoldo.

Me he tomado la libertad de usurpar este espacio para compartir una faceta que marcó su vida porque esta columna era su calle y sus lectores su círculo de acción. Esta voz se apagó, pero sé que su presencia nos seguirá acompañando como ejemplo de dedicación, compromiso y principios. Un verdadero patriota. Siempre estarás en nuestro corazón.